Achille Barosi, el adolescente italiano que regresó a Le Constellation para recoger el móvil y ya no salió
Volvió a entrar para coger el teléfono móvil y la chaqueta. Fue la última vez que alguien vio a Achille Osvaldo Giovanni Barosi , de 16 años, estudiante de un liceo milanés, en la madrugada del 1 de enero en Crans-Montana. Eran alrededor de la una y media cuando, según el relato de sus amigos, regresó unos segundos al interior del bar Le Constellation. Dentro ya había humo y fuego. Fuera, nadie podía imaginar que aquel gesto mínimo -recuperar el móvil- iba a convertirse en el símbolo de una tragedia que hoy mantiene a Italia entera conteniendo el aliento.La desesperación se multiplica en cada familia. Mientras los padres de Achille esperan noticias, Carla Massiello, madre de otro de los desaparecidos, Giovanni Tamburi, repite una y otra vez la misma súplica: «Por favor, ayúdenme a encontrarlo». Su voz se quiebra al describir a su hijo: «Lleva una cadenita de oro al cuello con la imagen de la Virgen», explica la madre boloñesa, aferrándose a ese detalle como a un salvavidas. Estas son apenas dos de las seis historias que han helado el corazón del país. Seis jóvenes italianos -cinco chicos y una chica, todos menores de edad - permanecen desaparecidos mientras sus familias recorren hospitales suizos con la esperanza desgarrada de encontrar entre los heridos aún sin identificar, registrados como «pacientes desconocidos». Entre ellos está Chiara Costanzo, de 16 años , la única chica desaparecida y compañera de escuela de Achille. También faltan Riccardo Minghetti, de 16 años, amigo del grupo milanés, y Giuliano Biasini, del que ni siquiera se conocen con certeza la edad ni la ciudad de origen.Noticia Relacionada estandar No 'Flashover', el fenómeno que provocó la combustión inmediata del local Elena CalvoQuizás el caso más desconcertante es el de Emanuele Galeppini . Con solo 17 años y un talento innato para el golf, Emanuele es ya una promesa truncada del deporte italiano . La Federación Italiana de Golf, conmocionada, se adelantó a publicar una nota de condolencia hablando de él en pasado: «Emanuele, permanecerás siempre en nuestros corazones». Sin embargo, su familia se niega a conjugar el verbo morir. Su tío Sebastiano ha sido tajante: «Técnicamente sigue en la lista de desaparecidos, esperamos el resultado del ADN». El padre, Edoardo, lanzó un llamamiento en televisión: «No responde al teléfono. Ayúdennos a encontrar». En Rapallo (Génova), en el club donde entrenaba, nadie se atreve a hablar en pasado. «Mientras haya esperanza, hay oración», dice su director.«Son hijos nuestros»La conmoción ha trascendido el ámbito privado para tocar la fibra sensible de los italianos, provocando una identificación colectiva. El exdirector del 'Corriere della Sera', Ferruccio de Bortoli, ha puesto palabras a este sentimiento en un editorial que hoy se comparte mucho en las redes sociales: «Esos chicos son hijos también nuestros. Son hijos de todos». De Bortoli desmantela cualquier intento de frivolizar la tragedia por ocurrir en una estación de esquí exclusiva: «No son 'hijos de papá', como lamentablemente he oído decir. Nuestro Año Nuevo ha quedado marcado por este luto indescriptible».Las palabras del periodista resuenan porque tocan el terror de cualquier padre: el permiso dado a regañadientes, la noche de fiesta, la fatalidad. «Cuántas veces nos habrá pasado quedarnos en vilo por una noche en discoteca, por un permiso concedido de mala gana sabiendo que vivir es un verbo que no excluye el riesgo. Cuantas recomendaciones habrán recibido esos chicos antes de despedirse de parientes y amigos para pasar una noche especial, de diversión absoluta. Las recomendaciones nunca bastan, solo sirven para salvar (quizás) la conciencia de quien las pronuncia», sentencia De Bortoli.El abrazo del EstadoAnte tal magnitud de dolor, la respuesta institucional ha priorizado la humanidad sobre el protocolo. El presidente de la República, Sergio Mattarella , habló de una «tragedia que nos golpea a todos como comunidad», mientras que la primera ministra, Giorgia Meloni , aseguró que Italia está «junto a las familias en este momento de dolor insoportable». El ministro de Exteriores, Antonio Tajani , quien visitó el lugar del siniestro visiblemente emocionado, se aferra a un resquicio de esperanza: «Esperamos que entre los seis heridos aún no identificados en los hospitales haya algunos de nuestros compatriotas».Mientras tanto, Italia entera reza por un milagro que devuelva a estos seis adolescentes a los brazos de sus padres. Y en esa espera colectiva resuenan las palabras de De Bortoli, que muchos repiten en voz baja como un consuelo: esos chicos son hijos de todos.

