Antonio 'El Bailarín': la entrevista maldita al genio maltratado
«Si la muerte te sorprendiera bailando, ¿al ritmo de qué te gustaría morir?». Antonio 'El Bailarín' era el invitado de esa semana de junio en 'La gente quiere saber' , el programa de TVE presentado por José María Íñigo en 1973. Durante una hora, veinte personas elegidas al azar entrevistaban a un personaje relevante de la cultura española. «Al ritmo del martinete», respondió con una sonrisa. Se refería al revolucionario baile creado veinte años antes con ese palo del flamenco reservado al cante. Ocurrió durante el rodaje de ' Duende y misterio del flamenco ' (1952). Según cuentan, su exhibición técnica dejó boquiabiertos a los operadores de cámara y al propio director, Edgar Neville.Aquella fue una de las pocas preguntas que le hicieron sobre su faceta artística a Antonio Ruiz Soler (Sevilla, 1921-Madrid, 1996) , como se llamaba en realidad. A los invitados, sin embargo, no parecía importarles que aquel fuera el mayor genio que ha dado la danza española en toda su historia, porque de danza no querían saber nada. En ese momento ya había comenzado a emerger su escandalosa vida social , la misma por la que acabaría siendo devorado por la prensa del corazón.Noticias relacionadas estandar No Sevilla acoge las últimas grabaciones del documental 'Antonio. Un bailarín español' ABC de Sevilla estandar No entrevista Antonio Ruz, coreógrafo y bailarín: «Si volvía a Córdoba era para hacerlo con algo sólido» Félix Ruiz Cardador Ante sus quiebros, una de los inquisidores le echó en cara que se escudara en su profesión siempre que le preguntaban por cuestiones de su vida privada. Más concretamente, sobre sus romances con mujeres y hombres , la comidilla del momento. Pero él contestó muy serio: «Lo único que le pertenece al público es mi profesión. Mi vida privada es para mí. Eso no significa que considere al público mi enemigo, pero creo que se me debe juzgar únicamente a través de mi arte». Aún así, no hubo manera. «Fue un personaje público muy libre , un genio al que le tocó vivir una época en la que era muy complicado declararse homosexual o bisexual, pero a la vez fue muy contradictorio. Por un lado, decía que solo quería hablar de su faceta profesional, pero por otro lado concedía muchas entrevistas en las que lo contaba todo y daba muchos titulares», asegura a ABC Paco Ortiz, director del documental 'Antonio, el bailarín de España' , donde ha recuperado su voz a través de las grabaciones de las entrevistas que el periodista Santy Arriazu le hizo para una conocida revista del corazón entre 1983 y 1984.La duquesa de AlbaCasi todas ellas tuvieron lugar en su casa de la Costa del Sol, bautizada precisamente como Martinete. En ellas, Antonio se sinceró más de lo habitual: « Solo amé y amaré a una persona, Cayetana [la duquesa de Alba] . Con ella he vivido uno de los más bonitos, largos, emocionantes y fructíferos idilios que una persona puede vivir». Esa declaración fue la mecha que encendió la polémica de la que se habló durante meses en todo el país, hasta el punto de que las grabaciones fueron secuestradas por un juez a raíz de la denuncia de la Casa de Alba. Una vez sorteados los obstáculos judiciales, las entrevistas se publicaron en un libro biográfico, 'Memorias de viva voz' (Ediciones B, 2006), que firmó el periodista. Sin embargo, la docena de cintas que resultaron de aquellos encuentros no se habían escuchado nunca. Ortiz, de hecho, las daba por perdidas. «Arriazu llevaba años alejado del foco mediático y me costó llegar a él. Conseguí su teléfono a través de una serie de periodistas del corazón y me enteré de que vivía en la playa de El Rompido, en Huelva, y me planté allí al día siguiente. En cuanto escuché las cintas, negocié el precio . No se me ocurrió mejor forma de hacer el documental que aportar su propia voz, que él fuera el narrador de su vida», cuenta el director, cuya película se estrena el jueves 22 y ha sido nominada a los premios Carmen del Cine Andaluz. El largometraje cuenta, además, con las declaraciones de antiguos colaboradores como el bailaor Antonio Canales y de estrellas internacionales de la danza como Nacho Duato , que vive hoy entre San Petersburgo y Madrid. En la ciudad rusa es director artístico del ballet del Teatro Mijáilovski, mientras que en la capital de España ha fundado su propia escuela y compañía, que ha ubicado en la antigua escuela de Antonio, situada en la calle de Coslada. Allí le veneran, transmiten su legado y hasta le han puesto un altar. La deuda« España está en deuda con él , pues encabeza la lista de los grandes bailaores o bailarines de este país. Es cierto que la danza se ha convertido en la hermana pobre de todas las artes en lo que respecta al reconocimiento popular y, de hecho, las pocas celebraciones que se hicieron en 2021 con motivo del centenario de su nacimiento no contaron con apoyo institucional. No entiendo que en los institutos se estudie a Velázquez y Picasso y no a Antonio», subraya el cineasta. Hablamos de la mayor leyenda de la danza , una estrella del cine y de los escenarios en todo el planeta. Con solo ocho años bailó en los Reales Alcázares de Sevilla delante del Rey Alfonso XIII y la Reina Victoria Eugenia . Con 16 hizo las Américas y después se convirtió en un faro para los grandes maestros de la URSS, que era la primera potencia del baile. Rudolf Nureyev y Mijail Barýshnikov le robaron movimientos. Triunfó en Hollywood y tuvo a Charles Chaplin, Ava Gardner y Maria Callas entre sus más fieles seguidores, hasta que regresó a España a impulsar y dirigir el primer Ballet Nacional. «Después de bailar en Barcelona en grandes teatros, nos cogió [formaba pareja artística con Florencia Pérez Padilla, 'Rosario'] el comienzo de la Guerra Civil en un cabaret de tercera», se escucha a Antonio sobre su salida hacia el exilio en 1936 . A continuación, añade con arrogancia: « Mi ilusión siempre fue vivir en España . Quería comprobar el éxito que podía tener en mi país y no ser uno más. Entonces me enteré de que Pilar López se había presentado allí con José Greco, pero yo sabía que era superior a ellos. Y pensé: 'Si esos señores han tenido tanto éxito, es que no hay bailarines importantes en España'». Pocos expertos dudan hoy de que Antonio fue a la danza lo que Picasso a la pintura y Lorca a la poesía . Lamentan, sin embargo, que haya llegado a nuestros días convertido en un triste espectro de lo que fue, ya que nadie ha sabido ponderar con justicia –en los 30 años que se cumplen de su muerte el 6 de febrero– su legado artístico, que sigue siendo revolucionario e inalcanzable para la mayoría de bailarines. «Nos sentíamos orgullosos porque ni Nureyev ni Baryshnikov tenían cojones de hacer lo que él hacía. ¡Para conseguirlo hay que tener mucha sangre española!», exclama Canales en el documental. «El legado que Antonio dejó para las generaciones posteriores nunca va a morir», apostilla Duato.

