Buenos y felices
Ser bueno es el nuevo punk, como escuché no hace demasiado. También lo es ser optimista.
Termina un año, otro más, y llega el momento de revisar lo vivido, de afrontar lo nuevo con, tal vez, algún propósito. No siempre, por supuesto. En muchos casos, con ir tirando es más que suficiente. Ir tirando en estas fiestas agridulces, en las que los hay que olvidan que hay niños y adultos que no se ilusionan con las luces y los regalos, que huyen de las cabalgatas y que solo desean una rutina apacible.
El cambio de año, una vez superadas las felices y retadoras fiestas navideñas, puede ser una buena excusa para repasar aquello que podemos mejorar, respecto a nosotros mismos, a nuestro cuidado, y al de aquellos que están a nuestro cargo. No hablo de ir al gimnasio o dejar de fumar. Hablo de formarse, de tomar las riendas de algún aspecto de la vida si es que en algo no complace; hablo de quererse, de aceptar mejor al otro y a uno mismo, de revisar estrategias vitales. Hablo de construir y transitar el camino de la bondad, que no es derrapar en ningún buenismo, sino un esfuerzo consciente por erradicar de uno mismo mezquindades y habitar más feliz tu propio pellejo. Se duerme y se vive mejor siendo bueno. Se es más sabio, más inteligente, siendo bueno. Ser bueno es el nuevo punk, como escuché no hace demasiado. También lo es ser optimista, teniendo en cuenta el paisaje en cuanto uno levanta la vista.
Persigamos la bondad, creamos en que todo irá mejor en 2026. Sin ingenuidad y con sano escepticismo. Con risas, amor y buenos paseos entre la hojarasca al sol del invierno. Seamos buenos y felices, o al menos intentémoslo. Feliz año nuevo.