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Carmen Vera, ambientóloga: “Las bandas florales pueden actuar como barreras frente a la erosión y la escorrentía, reduciendo la pérdida de suelo y nutrientes”
SOURCE:El Pais|BY:Eduardo Barba
La también empresaria comparte los beneficios de uno de los recursos indispensables de la agricultura del siglo XXI, pues ayuda a controlar plagas y enfermedades de los cultivos. Además, es posible crearlas también en pequeños jardines y terrazas
Rodeada de cientos de las begonias que cultiva, la ambientóloga Carmen Vera (Málaga, 30 años) desgrana su pasión por las plantas. Desde pequeña ya visitaba viveros con su familia, lo que le llevó a disfrutar de la botánica en todas las etapas de su vida, hasta el punto de fundar junto a su pareja la empresa Begonias y Más, dedicada a la comercialización de estas y otras fascinantes plantas. Gracias a su gran experiencia, ha colaborado con jardines botánicos para la conservación de especies del género Begonia.
Durante una conversación con este periódico, Vera comparte su conocimiento y buen hacer con las bandas florales, uno de los recursos indispensables de la agricultura del siglo XXI, con beneficios tangibles también en la jardinería.
Pregunta. ¿Cuál es el área en la que se especializa su estudio?
Respuesta. Además de la flora ornamental, que es el foco principal de una cooperativa que fundamos hace cinco años, he participado como personal investigador en proyectos de conservación de flora y entomofauna —insectos, arácnidos…— a través de los servicios ecosistémicos que nos ofrece la naturaleza en sus diferentes entornos.
P. ¿Qué es un servicio ecosistémico?
R. El resultado de uno o varios procesos naturales de los ecosistemas que contribuyen al bienestar ambiental y humano.
P. ¿Cómo aplica todo esto a su trabajo?
R. Mi trabajo se centra mayoritariamente en la conservación de la agrobiodiversidad, la creación de zonas verdes sostenibles en entornos urbanos y la conservación ex situ de especies singulares, en colaboración con jardines botánicos tanto nacionales como internacionales.
P. ¿Qué tipo de plantas son más interesantes para atraer la fauna que puede ayudarnos en un huerto o en un jardín?
R. Aquellas que reúnen estos factores: largo período de floración, alta producción de néctar y polen, no hospedadora de los virus presentes en las especies que queremos proteger y que presenten una morfología floral accesible para la mayoría de los depredadores y parasitoides. En este sentido, las apiáceas —plantas de la familia de la zanahoria, de bellas flores— y las asteráceas —todas las margaritas— son las familias botánicas más recomendables, puesto que combinan una morfología floral compuesta por corolas abiertas y nectarios expuestos, junto a una alta productividad de néctar y polen.
P. ¿Algunas especies concretas?
R. Algunas que destacan por su capacidad para atraer a los insectos beneficiosos —la fauna auxiliar— son las centaureas (Centaurea spp.), el diente de león (Taraxacum officinale), la lengua de buey (Anchusa azurea), el eneldo (Anethum graveolens) o la olivarda (Dittrichia viscosa).
P. ¿En qué consiste una banda floral?
R. Las bandas florales conforman una estrategia agroecológica que, junto a otras técnicas, pueden ayudar al control de plagas y enfermedades de los cultivos. Se definen como estructuras vegetales, generalmente lineales, compuestas por diferentes especies de plantas que presentan una floración abundante y prolongada en el tiempo.
P. ¿De qué están compuestas?
R. La composición de la banda floral depende del objetivo que se persiga con su implantación, aunque mayoritariamente se usa para atraer a polinizadores y a insectos depredadores y parasitoides de las plagas más comunes en cultivos. Su funcionalidad dependerá de factores como el manejo, las condiciones ambientales de las parcelas de cultivo y la heterogeneidad y complejidad del paisaje.
P. ¿Estas tienen cabida en un parque municipal, por ejemplo?
R. Sí, las bandas florales, junto con otras estructuras perennes como los setos, pueden aportar numerosos servicios ecosistémicos en los entornos urbanos, aunque el enfoque difiere del que se emplea en parcelas de cultivos hortícolas. Si seleccionamos especies autóctonas y perennes para su composición, por un lado, haremos una gestión de los recursos más eficiente, ya que se trata de plantas adaptadas a las condiciones ambientales locales y que requieren de un menor mantenimiento. Por otro lado, los polinizadores silvestres y otros insectos beneficiosos encontrarán refugio y alimento en estas estructuras, reforzando a su vez las interacciones ecológicas y la biodiversidad del conjunto de zonas verdes. Algunos ejemplos podrían ser la olivarda (Dittrichia viscosa), la manzanilla bastarda (Helichrysum stoechas), tomillos autóctonos como Thymbra capitata o especies del género Phlomis spp.
R. El depredador generalista Orius spp. es un insecto antocórido muy conocido en el mundo del control biológico, porque depreda plagas comunes como los trips, los pulgones, y algunos huevos y larvas de determinados lepidópteros. Otros insectos beneficiosos serían las larvas de sírfidos, unos dípteros muy peculiares cuyo aspecto simula a una avispa u otros himenópteros, eficaces depredadoras de los pulgones, aunque la fase adulta se alimenta del polen y néctar de las flores, por lo que también se consideran insectos polinizadores. Los insectos parasitoides de mayor relevancia son principalmente himenópteros, pequeñas avispillas que contribuyen a regular las poblaciones de insectos fitófagos, como los pulgones, las cigarritas o las larvas de mariposas.
P. ¿Cómo intervienen las bandas florales en la mejora y la conservación del suelo de cultivo?
R. De manera general, pueden contribuir a mejorar la estructura del suelo gracias al desarrollo radicular de las distintas especies y al aporte de materia orgánica. Además, si incluimos leguminosas fijadoras de nitrógeno, como por ejemplo el género Ononis spp., la fertilidad del suelo mejora. Por otro lado, pueden actuar como barreras físicas frente a la erosión y la escorrentía, reduciendo de esta forma la pérdida de suelo y de nutrientes.
P. ¿Cómo se han de mantener a lo largo del año?
R. El mantenimiento y su manejo dependerá de los cultivos a los que se quiera favorecer o proteger, de su estacionalidad y de las posibilidades y necesidades de los agricultores. En cultivos hortícolas, las bandas florales suelen estar compuestas por especies herbáceas anuales, por lo que suele ser necesario sembrarlas cada año y plantarlas de dos a tres meses previos a la plantación o siembra del cultivo. Lo ideal es combinar especies anuales con especies perennes para que estas últimas sirvan de refugio y alimento a la entomofauna auxiliar durante los periodos de intercultivo. Además, es importante incluir especies que florezcan antes de los meses de producción del cultivo para asegurar que las poblaciones de insectos beneficiosos se encuentren establecidas en el momento en el que aparezcan las plagas. En cuanto al mantenimiento, se recomienda realizar uno o, como máximo, dos desbroces al año, y de forma escalonada, para evitar la eliminación de la entomofauna auxiliar y beneficiosa.
P. ¿Qué superficie deberían ocupar las bandas florales con respecto al jardín o al huerto?
R. En cultivos hortícolas es recomendable que su marco de plantación comprenda una anchura de uno a tres metros, y la longitud sea superior a los 20, siempre que las dimensiones de las parcelas de cultivo lo permitan. La distancia entre bandas florales no debe superar los 15-20 metros, ya que una distancia mayor podría disminuir su funcionalidad, al limitar el acceso de la entomofauna auxiliar a los recursos florales necesarios para su establecimiento y desarrollo.
P. ¿Han de tener alguna forma concreta?
R. Pueden disponerse en hileras intercaladas entre los cultivos y también de forma perimetral, combinadas con setos y arbustos. Al final, cada parcela de cultivo requiere de una estrategia propia y única, adaptada tanto a los objetivos y posibilidades de las personas involucradas en el manejo como a las condiciones ambientales propias de la zona de cultivo.
P. ¿Cómo se podrían trasladar estas bandas florales a una terraza o a un pequeño jardín?
R. En ambos casos, priorizaría especies perennes y autóctonas que presenten una floración atractiva y no requieran de un mantenimiento complejo. Un ejemplo de ello son las plantas aromáticas, como el tomillo, el romero o la lavanda, que además de aportar diferentes aromas y estímulos visuales contribuyen al mantenimiento, la reproducción y la supervivencia de numerosos polinizadores cada vez más amenazados. Existen muchas plantas autóctonas mediterráneas capaces de generar jardines únicos y atractivos que, a su vez, ayuden a la conservación de la biodiversidad. Con un buen asesoramiento botánico, que tenga en cuenta tanto las preferencias de la persona como las condiciones ambientales de partida, es posible diseñar un espacio verde funcional, sostenible y estético.