‘Collage’ venezolano
Cuando Maduro llegó al poder, la población era cuatro veces más rica que ahora. Una cuarta parte ha tenido que dejar el país, escribe Hausmann
Uno. “Si esto fuera una transición democrática, el poder se movería hacia afuera, hacia las instituciones, los partidos y los votantes”, escribe Pedro Garmendia en Caracas Chronicles. Pero los líderes no son dirigentes de la oposición, sino antiguos aliados de Maduro. Habríamos visto también, dice, la liberación de los presos políticos, entre los que hay una veintena de españoles.
Dos. Marisela Betancourt habla del régimen de Maduro: de la venta del fracaso económico como guerra antiimperialista, de la prohibición de 15 partidos, incluyendo al Partido Comunista de Venezuela, “sin que la izquierda extranjera se inmute” y del desmantelamiento del espacio cívico. Intenta “asimilar la magnitud de la tragedia nacional que nos arropa. A fin de cuentas, bajo autoritarismo u ocupación extranjera seguimos siendo sus dolientes las únicas víctimas”.
Tres. Trump habla como si Venezuela y sus recursos le pertenecieran. Los venezolanos serían receptores de “su benevolencia, no agentes de su destino”, escribe Ricardo Hausmann. Cuando Maduro llegó al poder, los venezolanos eran cuatro veces más ricos que ahora. Una cuarta parte de la población ha tenido que dejar el país. La catástrofe se produjo por incompetencia y rapacidad y su elemento central fue “un desmantelamiento sistemático de los derechos”. Para Hausmann, “la prosperidad no nace del petróleo ni de decretos. Nace de los derechos. Los derechos crean propiedad privada, seguridad, debate (...), permiten invertir, innovar y soñar”.
Cuatro. Michael Ignatieff escribe: “Nuestra vida privada depende de la frágil suposición de que quienes conviven con nosotros y hacen negocios con nosotros cumplirán su palabra, no nos traicionarán y nos dirán tanta verdad como la situación permita. Y, sin embargo, sabemos de sobra que vivimos en un mundo de mentirosos y traidores. Eso no disminuye el valor de la lealtad, la veracidad y la honestidad. La propia fragilidad de estos valores los vuelve más preciosos y nos hace defenderlos con más decisión cuando podemos. Lo mismo, espero, ocurre con la soberanía. Sí, ha sido la coartada de dictadores, de Sadam a Maduro. Sí, ha sido violada por los depredadores. Pero es la única norma que tenemos para protegernos de la depredación”.
Cinco. Víctor J. Vázquez apunta: “La reconfiguración imperial norteamericana no tendrá como eje, siquiera simulado, el ideal de un Leviatán democrático a nivel internacional, sino el puro interés económico geoestratégico de un líder con vocación autocrática, que sitúa las relaciones internacionales en la anomia absoluta que es propia del estado de naturaleza”.