Compartir piso entre jóvenes y mayores: «Aquí no se viene a ocupar una habitación, se viene a convivir»
En España, donde cerca de un tercio de las personas mayores viven solas y los jóvenes afrontan un mercado de alquiler cada vez más inaccesible, la convivencia intergeneracional se ha convertido en una respuesta silenciosa pero profundamente transformadora. No es una solución masiva ni una tendencia ruidosa, pero en ciudades como Madrid y Barcelona su presencia se deja sentir en hogares donde dos generaciones que rara vez se cruzan han aprendido a compartir techo, tiempo y afecto . En un mundo cada vez más marcado por la desconexión social, las iniciativas como Vivir y Convivir y Convive , promovidos por la Fundación Roure y Solidarios para el Desarrollo, se han convertido en verdaderas redes de solidaridad, especialmente dirigidas a combatir la soledad no deseada en personas mayores. Convive nació en 1995 gracias a la colaboración entre la Universidad Complutense y Solidarios para el Desarrollo, mientras que Vivir y Convivir comenzó en 1996 como proyecto piloto en el barrio del Eixample de Barcelona.Ambos programas nacieron pensando en las personas mayores y, con el tiempo, han ido perfeccionando una metodología basada en entrevistas personales, selección cuidadosa, normas claras de convivencia y un seguimiento continuo por parte de trabajadores sociales . «Aquí no se viene a ocupar una habitación. Se viene a convivir», resume Alfonso Fajardo, director de Solidarios por el Desarrollo. Noticia Relacionada DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA SOLEDAD NO DESEADA estandar Si Luis (84 años): «Muchas veces me veo hablando solo frente al televisor» Carlota Fominaya Mañana se celebra el Día Internacional contra la Soledad No Deseada, un problema silencioso que afecta al 20% de la población española y no para de aumentarEste modelo de convivencia es el que, mucho tiempo después, encontró casi por casualidad Vivianne, profesora francesa jubilada que reside en el barrio madrileño de Moratalaz. Tras la muerte de su marido, el silencio empezó a hacerse más pesado en la casa donde había criado a su familia . No buscaba a nadie, pero su hija vio un reportaje sobre Convive en la televisión y pensó que podía encajar. «Le dije que podría ser interesante», explica. «Yo noto mucho el problema de la soledad. Pero gracias a esto me encuentro tranquila, vivo bien. He ganado mucha calidad de vida» Vivianne Propietaria en el programa ConviveSu primera experiencia llegó antes de la pandemia con una estudiante que vivió con ella casi tres años. Aquella convivencia le cambió la vida: «Yo noto mucho la soledad. Pero gracias a esta solución me encuentro tranquila, vivo bien. He ganado mucha calidad de vida ». La experiencia fue tan positiva que, cuando se quedó libre la habitación, volvió a abrir la puerta a otro compañero de piso. Hoy convive con Alonso, un estudiante mexicano que llegó a Madrid huyendo, en cierto modo, del estilo de vida de fiesta y desorden que suelen conllevar los pisos de estudiantes. «Yo venía más con la idea de conocer Madrid, pasear por sus calles, sus parques, en definitiva, disfrutar la ciudad». Tras entrevistarse con el trabajador social del programa, fue asignado a casa de Vivianne. «No estás alquilando una habitación; hay un proceso, una selección, un acompañamiento», cuenta. A cambio de tiempoLa convivencia no tardó en tomar forma: cenas compartidas, conversaciones sobre política, religión o historia, series nocturnas y partidas de cartas que se alargan. Y, sobre todo, música . Alonso toca la guitarra española y Vivianne tiene incluso una pieza favorita: «Por favor, toca 'La llorona'». Tanto el programa 'Convive' cómo 'Vivir y Convivir' establecen algunas normas, entre ellas, comprometerse a pasar cierta cantidad de tiempo diario (2 o 3 horas aproximadamente) y llegar antes de las 22.30 entre semana. Pero, como en toda convivencia real, las reglas acaban adaptándose a la vida. «No soy rígida. Si me avisa, puede llegar más tarde. La vida no es estricta », explica la profesora jubilada. Fajardo explica que no se trata de cumplir un contrato a rajatabla, ni de cumplir un tiempo cronometrado , sino que este «sea de calidad». Y en esa mezcla de estructura y flexibilidad, de rutina y conversación, Vivianne ha encontrado exactamente lo que buscaba sin saberlo: vida dentro de su casa. Una vida que incluso la acompañó durante los meses más duros del confinamiento, cuando otra estudiante lo pasó con ella: «Imagínate lo importante que fue. No podíamos ver a nuestras familias y estábamos juntas».Olga Ibáñez, psicóloga que dirige el programa Vivir y Convivir, considera que « a veces no hace falta ser una persona de 90 años para sentirse solo. « Por esta razón quieren llegar cada vez a un mayor rango de edad, ya que pueden disfrutar mucho más de la compañía, de poder salir con el estudiante, de hacer actividades conjuntas.««La soledad cuando no la buscas es dura. Saber que ella vendrá y podremos charlar, es algo que me da paz a diario» Angels Propietaria en el programa Vivir y ConvivirEse es el caso de Angels, de 61 años, que convive con Damelia, estudiante de un doctorado de biomedicina, que conoció el programa de la Fundación Roure a los pocos días de su llegada a Barcelona. Para muchos estudiantes, como Damelia, el atractivo del programa no solo radica en la posibilidad de encontrar una habitación a un precio asequible, sino también en la búsqueda de un ambiente más tranquilo que les permita concentrarse en sus estudios. « Me interesó vivir solo con una persona «, explica Damelia, quien valoraba la idea de evitar la agitada convivencia en casas compartidas con varias personas. Además, la oportunidad de vivir con alguien mayor , con más experiencia, le ofreció una perspectiva más enriquecedora sobre la vida en Barcelona , mientras conocía la ciudad «de la mano de alguien que ha vivido aquí toda su vida».La convivencia ha tenido un impacto muy positivo en Angels. «Yo estaba un poco «deprimidilla» a ratos, la soledad cuando no la buscas es dura «, confiesa. Sin embargo, la llegada de Damelia ha supuesto un verdadero aliciente: «El hecho de saber que ella vendrá, que podremos charlar un rato, me da mucha paz». Incluso van de excursión juntas, como el domingo pasado o su compañera se une a su grupo de amigos y van juntas a ver una obra de teatro.Precios por debajo del mercadoSi 'Convive' representa el modelo social clásico, centrado en la solidaridad y la colaboración comunitaria, Kuvu encarna un enfoque más empresarial que aborda el mismo problema. Esta empresa opera desde Bilbao, y ha desarrollado convivencias en pisos de varias comunidades autónomas. Su director, Jon Ander, cuenta que todo empezó al observar que había personas mayores que vivían solas con habitaciones libres, y jóvenes que no podían acceder al alquiler convencional. «Metimos esos dos problemas en una batidora y así nació Kuvu», explica. La plataforma funciona como intermediaria profesional. Gestiona contratos, aplica filtros para seleccionar a los convivientes y establece precios por debajo del mercado para preservar la esencia del modelo. Su enfoque se diferencia en que no se limita al ámbito universitario : también acoge a trabajadores, a personas en transición vital o incluso a adultos que quedan fuera del mercado del alquiler por su edad. «Si cobras 500 euros por la habitación, no puedes exigir que también haya una convivencia. Si cobras un precio por debajo del valor de mercado, entonces sí puedes pedir que la persona esté por las noches o comparta cenas», resume Jon Ander. Fernando, un madrileño que buscaba un ingreso extra y compañía, descubrió Kuvu a través de un amigo y decidió intentarlo. Su primera convivencia no fue bien, sin embargo, la segunda donde conoció a Antonio, cambió por completo la experiencia. La relación entre ambos llegó a tal grado de confianza que Fernando podía irse de viaje con tranquilidad, dejando a Antonio solo en la casa. Cuando enfermó y tuvo que ser ingresado, Antonio decidió volver de sus vacaciones para acompañarlo. «Me siento muy agradecido» comenta.Hogares intergeneracionalesJone vive en Erandio, cerca de Bilbao, y convive con Iñigo, estudiante de Geología en la Universidad de Bilbao. Ella decidió unirse a Kuvu «porque la seguridad de que estará alguien conmigo por la noche , me da mucha tranquilidad, y para ayudar un poquito a la pensión». «Cada noche, antes de acostarse, Jone realiza un gesto que refleja la cercanía y el cuidado que siente por Íñigo: «Cuando me voy a la cama, paso por su habitación, abro la puerta para ver si está dormido», dice con ternura. «Alguna vez me lo he encontrado tan agotado que se queda dormido con el ordenador encima del pecho, entonces le bajo la tapa, y él sigue durmiendo».Jone, propietaria, acompañada de Iñigo, su joven inquilino ABCLas relaciones que se crean a partir de estas iniciativas permiten el cruce de dos generaciones , con las lecciones que esto conlleva: «Aprendes de la experiencia de los jóvenes. Cuando le pregunto alguna cosa saca el teléfono y en el momento que le voy a decir que deje ese trasto, ya me ha encontrado la respuesta».El reto: llegar a más mayoresLas plataformas que gestionan estas nuevas formas de convivencia buscan llegar cada vez a un mayor número de personas, porque la demanda entre los jóvenes es muy alta, pero no tanto la oferta por parte de los mayores. En palabras de Fajardo: «El programa funcionará en la medida en que haya personas mayores. Estudiantes siempre hemos tenido, ¿sabes?».La difusión entre la población mayor sigue siendo un desafío. «A las enfermeras del centro de salud les expliqué el programa y no lo conocían. Es desconocido total », lamenta Vivianne. Desde Solidarios reconocen que necesitan más apoyo institucional para ampliar la difusión.
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