‘Cristianismo radical’: recetas para rescatar a Jesús de Nazaret
Sostiene Juan José Tamayo que si el cristianismo quiere volver a las raíces del fundador, debe recuperar su carácter liberador como movimiento antiimperial e igualitario de hombres y mujeres
De los teólogos de la liberación dijo el mítico Pedro Casaldáliga que son “soldados derrotados de un ejército invencible”. Juan José Tamayo (Amusco, Palencia, 1946), es uno de ellos y ofrece ahora su libro 90º, 60 en solitario y el resto como coordinador y autor principal. Se titula Cristianismo radical, publicado por Trotta, ya en su tercera edición. Las propuestas del autor son imponentes, ante un cristianismo, sobre todo el católico romano, zarandeado por escándalos de abusos y desprestigiado por el afán de bienes de sus jerarcas. Sostiene Tamayo que si esa religión quiere volver a las raíces del fundador, debe recuperar su carácter liberador como movimiento antiimperial e igualitario de hombres y mujeres; debe liberarse del secuestro al que está siendo sometida por la alianza entre la extrema derecha y los movimientos cristianos fundamentalistas; ha de recuperar la ética radical de Jesús de Nazaret, “secuestrada muy pronto por los funcionarios de Dios y los mercaderes del templo”, y debe optar por los colectivos empobrecidos.
Estamos, ciertamente, ante un libro radical. Conviene una precisión sobre esta palabra, tan desacreditada porque se la confunde con extremismo, fundamentalismo, fanatismo, incluso con violencia. En una sociedad pastueña, lo radical (ir a la raíz de las cosas) incomoda. Pues no. Tamayo insiste en que el cristianismo o es radical o no es cristianismo, y que quienes lo han salvado de sus numerosas crisis no han sido los papas, el Vaticano (conocido como la Santa Sede), o los reyes cristianos, sino la radicalidad de fieles como Francisco de Asís, Teresa de Ávila, Simone Weil, el obispo Romero y un larguísimo etcétera.
El pontificado romano quiso someter y silenciar a Tamayo pese a publicar en editoriales laicas y ser profesor emérito de una universidad pública. El empeño venía de lejos. Su primer libro, Por una Iglesia del pueblo, publicado en 1976, fue secuestrado por el siniestro Tribunal de Orden Público (TOP), activo pese a haber muerto ya el dictador Franco (pero no el nacionalcatolicismo, aún persistente). En 2003, fue la Congregación para la Doctrina de la Fe que pastoreaba Joseph Ratzinger, más tarde papa Benedicto XVI, quien sentenció que Tamayo quedaba apartado de la “comunión eclesial” (eufemismo de excomunión) por sus tesis sobre Jesús de Nazaret en el libro Dios y Jesús, sexto volumen de la serie Hacia la comunidad, también en Trotta. Su nuevo libro es un punto y seguido de todo aquello.
