Cuando el sueño olímpico se convierte en una pesadilla: el pisotón que privará a Martínez de Albornoz de los Juegos de Invierno
Un percance con un rival francés anuló las opciones del donostiarra de estar en Milano-Cortina en el estreno del esquí de montaña en la cita olímpica, que se celebra del 6 al 22 de febrero
Nueve meses preparando una carrera de esquí de montaña de poco más de tres minutos de duración con una posible plaza olímpica a las puertas. Nueve meses de entrenamientos sin competición alguna entre abril y principios de diciembre, muchos de ellos sin nieve, montando en bici, en roller, corriendo y deslizando las tablas sobre el verde pasto del modesto Bianditz (Navarra). Nueve meses de preparación psicológica desbaratados finalmente por un pisotón. Un esquí varado en la nieve. La crueldad del deporte que no ha borrado la sonrisa y el optimismo de Iñigo Martínez de Albornoz, que no estará en el estreno de su deporte en unos Juegos de Invierno —del 6 al 22 de febrero—, pero que sueña con llegar a los que se celebren en 2030. Mientras tanto, se centra en 2026 y en la Copa del Mundo, que empieza en 12 días, tratando de no rememorar demasiado 2025.
La última prueba de la Copa del Mundo de esquí de montaña de 2025 se celebró el 12 de abril en Tromso, Noruega. Oriol Cardona y Ana Alonso se fueron de vacaciones con sus respectivas plazas olímpicas aseguradas en la modalidad de sprint y en la de relevos mixtos. Quedaban por decidir dos plazas más, una masculina y otra femenina, esta última alcanzada sin suspense por María Costa frente a Marta García.
La igualdad entre el catalán Ot Ferrer y el guipuzcoano Iñigo Martínez de Albornoz anticipaba un desenlace explosivo. Iñigo solo obtendría su plaza para los Juegos de Milano-Cortina si ganaba la final de la primera prueba de la Copa del Mundo en Estados Unidos y Ot no pasaba del cuarto puesto en la misma (o si lograba borrar la diferencia de puntos que los separaba). Ambos coincidieron en la segunda semifinal: “En la primera transición llegué junto a Ot, primeros, pero la lie porque se me resbaló un esquí de la mano al ir a colocarlo en la mochila y casi se me cayó. Después recuperé bien en el tramo a pie; me vi en la final. Estábamos para pasar Ot y yo, pero el francés Robin Galindo quiso adelantarme en un sitio sin hueco y me pisó los esquís. Tres metros más lejos se me salió un esquí. Yo sé que llevaba la puntera de la fijación bloqueada, pero al pisarme la desbloqueó y me vi sin esquí”.
En una carrera que se decide por detalles, cada segundo de pérdida es una bofetada de la que prácticamente nadie se recupera. “Después de eso era imposible remontar. Al ver que se me quedaba el esquí atrás no me engañé: en dos segundos pasé de verme en la final a verme fuera de todo, y fue una sensación rara. Me di cuenta de la situación, fue un golpe duro”, recuerda. En la final, Ot Ferrer tenía ya su plaza ganada. Afortunadamente, porque quedó último entre los seis participantes. El mismo Robin Galindo que arruinó las opciones de Iñigo zancadilleó también al catalán cruzando uno de sus bastones sobre las tablas de su rival; los jueces, sin embargo, no apreciaron infracción en ninguno de los dos casos.
