Cuatro días de 'rave' en Albacete: entre el zumo de naranja recién exprimido y la raya de coca
«Ahora ya es cuestión de supervivencia». El testimonio de Jêrome describe gráficamente la épica aventura de varios miles de jóvenes europeos para disfrutar de la fiesta 'rave' junto al pantano del Cenajo , en Albacete. Aislados de la civilización, sin internet ni cobertura móvil , sin retretes ni otros medios básicos, sólo con música a muchos decibelios en varias pistas de baile y otros estímulos, claro.Casi en el mismo metro cuadrado, se puede sintetizar el amplio abanico de ingredientes de este tipo de encuentros: una joven exprime zumo de naranja a mano para vender mientras a su lado otra esnifa una raya de cocaína en un espejito de mano.manualUna de las pistas de baile ofrecía algunos juegos acrobáticos como diversión JUAN CARLOS SOLEREn el cuarto día, el tránsito de vuelta crece por el cansancio y las limitaciones. «No se puede pagar con tarjeta, solo con dinero , porque no hay datáfonos ni cobertura, la comida se acaba», relata Jêrome , de un grupo de media docena de entusiastas venidos desde Burdeos , a más de 1.000 kilómetros, que han encontrado vino tinto español para comparar con el que ha hecho famoso mundialmente a su tierra.Noticias relacionadas estandar No Otra rave para celebrar Año Nuevo: los Mossos controlan una fiesta ilegal en Tarragona que reúne a un millar de personas ABC estandar No Sucesos Bengalas y extintores contra una patrulla de la Guardia Civil en una carrera ilegal multitudinaria en Borox (Toledo) Fernando FrancoEsta fiesta 'Big Fucking Party' habla tanto francés como castellano, y algo menos italiano e inglés. «En Francia la Policía se ha puesto muy dura y no se pueden hacer», resume otro galo, Martín Serrano, de abuelo andaluz, que ofrece perspectiva de esta afición itinerante. «En la República Checa, estas fiestas ya son legales, pero en Italia ahora el Gobierno es mucho más represor; nacieron en el Reino Unido, pasaron a Francia y ahora ya se montan donde se puede », asegura.Aunque el estigma de las sustancias prohibidas y el alcohol como esencia de todo resulta inevitable, se aprecia una dualidad entre los excesos y la vida sana, un contraste inusual. «En todas las caravanas y los coches ves colgadas bolsas de basura, son más limpios que nosotros », comenta una vecina de Férez , el municipio más cercano , en la barra de uno de los bares. Ciertamente, para una concentración de más de 3.000 personas, no se ven desechos, aparte de algunas bolsas de plástico empujadas por el viento y los inevitables excrementos entre los pinos, fuera de las zonas de tránsito. «Aquí no verás suciedad como en los festivales de música. No es una fiesta y consumir droga. Hay también filosofía, ideología» Quique, valenciano«Aquí todo el mundo recoge lo suyo y no verás suciedad como en los festivales de música, no es una fiesta y consumir droga », sostiene Quique , un valenciano que ha montado su pequeño puesto con libros sobre las 'raves'. ¿Desmitificar este fenómeno, con una biblioteca sobre el tema? «Hay poca literatura sobre las 'rave', en inglés, y en castellano casi nada», explica, mientras apunta que «hay también filosofía , ideología», que las sitúa en el « anarquismo », aunque con la aclaración de que «la gente lo confunde con terrorismo» sin razón, cuando tiene que ver con ser « antisistema ».«Menos droga y más bajos»Entre los acampados, se pueden ver, efectivamente, algunas banderas, por ejemplo, de «antifascistas» italianos, o lemas junto a las torres de altavoces a modo de escenarios, en cerca de una decena de pistas de baile sin escenarios como tales: «less drug, more bass» (« menos droga y más bajos», de sonidos graves), o también «If I can't dance, it's not my revolution» («si no puedo bailar , no es mi revolución »).Más allá de fundamentos y de ponerse trascendentales, por encima de todo priman las ganas de pasarlo bien, sin preocupaciones y ajenos a cualquier estrés urbano. Del baile pasan a las mesas y silla de camping, junto a las caravanas (algunas venidas de los lejanos Países Bajos) y furgonetas, donde se ven con frecuencia porros y no faltan bebidas.Fieles también a ese gusto por lo natural, se podían encontrar « licores caseros » de elaboración propia («handmade», hecho a mano), entre los puestos de artesanía variada, bisutería , peculiares adornos y los clásicos de camisetas. Además de la cerveza y los cubatas a precios populares, entre cuatro y cinco euros. Para la comida, pasta y pizzas (incluso con horno in situ), hamburguesas y « crepas » (crêpes en Hispanoamérica).Llegar no es fácil. La Guardia Civil ha establecido controles para impedir el acceso al pantano de Cenajo«Organizar algo así no es fácil, porque si se ponen todos los equipos de sonido y altavoces juntos, el sonido se distorsiona , por eso lo han separado en diferentes escenarios », explica Jérôme, acerca de esta evolución de estas macrofiestas musicales, desde el punto de vista técnico. Esa separación tiene también la ventaja de que los dj's pueden pinchar distintos estilos de música, aunque predominan los ritmos 'dance' y techno, si bien este grupo de franceses aseguran que también hay espacio para el rap y el rock, de bandas como AC/DC.Alrededor de ese epicentro de la música y el baile, cientos de vehículos aparcados y un tráfico complicado, con algún peso pesado bloqueando el paso hundido en el barro y dificultades para remolcarlo. «Como llueva, no salen de ahí en una semana, porque la tierra resbala como el hielo», vaticina la regente de un bar del pueblo de Férez, que ha atendido a algunos de estos peregrinos venidos hasta de Ibiza buscando y preguntando por la 'rave'.«En una caravana atascada en la tierra han puesto una nota para pedir ayuda y decir que se iban a la fiesta, eso es lo primero», corrobora una clienta suya que se dio una vuelta para echar un vistazo.La 'Big Fucking party' Arriba, dos asistentes descansan en su camión, convertido en una casa ambulante. Abajo, el nuevo pueblo de caravanas que ha surgido en el pantano del Cenajo. A la derecha, un puesto de bebidas ambulante JUAN CARLOS SOLERDesde luego, la cosa allí no está para llamar a la grúa, incomunicados y con hasta tres o más controles de la Guardia Civil según el acceso por carretera elegido para alcanzar este paraje junto al barranco, precisamente para evitar que nadie pase, solo se permite ya la salida. «Estuvimos veinte horas bloqueados para llegar», rememora Martin, sobre su epopeya al volante para sumarse al festejo.Incluso muchos de los acampados y los que tienen sus vehículos estacionados en las inmediaciones, deben recorrer media hora a pie de camino para llegar al centro neurálgico de la diversión y los hay tan precavidos que se desplazan en pequeños ciclomotores desde su 'parcela' hasta la pista de baile. Hay tiempo hasta para perder al perro, como le ocurrió a un participante que mostraba una foto de su mascota a otros que paseaban su can, en busca de ayuda y dando por supuesto que se podía haber fijado en el animal extraviado, al acercarse al suyo.«¿Vas hacia Francia, no importa la fecha?», pregunta a todo aquel que se cruza uno que ya abandona, como otros muchos que hacen auto-stop en el interminable camino pedregoso y bacheado de acceso a estos descampados cercanos al embalse del Cenajo. «A mí que no busquen ahí, pero a los jóvenes todo esto les encanta», reflexiona otra lugareña, sobre la comidilla en el pueblo, esta semana.