Deseos ingenuos para el internet de 2026
Ojalá el odio, la desinformación y las malas prácticas pasen a un lado y vuelvan la conversación y el entretenimiento
Empezamos agenda, el 2025 es pasado. Ya sonaron las campanadas en la Puerta del Sol —con publicidad incluida— y ya hemos escuchado el concierto de Año Nuevo. De 2025 debemos recordar lo bueno, pero también tener un ojo en lo negativo. En el ámbito de las redes sociales, que es a lo que se debe este espacio, resulta imposible hacer un repaso completo a todo un año. Sin embargo, uno no se equivoca al decir que en las redes de 2025 ha habido mucho odio, desinformación y noticias falsas, creadas y difundidas con la intención de insultar a minorías. Y todo se ha multiplicado gracias a las granjas de bots, a las cuentas falsas que hacen que en plataformas como X sea imposible seguir una conversación ordenada, que provocan linchamientos y que algunos cierren sus perfiles.
Un caso reciente es el del escritor David Uclés, que decidió abandonar la red social de Elon Musk. Este martes publicó un mensaje en Instagram en el que compartía capturas de pantalla de amenazas de muerte y acusaciones de pederastia que ha recibido: “Nada de esto es justo; es, de hecho, muy desagradable. Y, francamente, no sé hasta qué punto merece nada la pena. Me acosan cada día corazones podridos y mentes enfermas. Y siento miedo. [...] Mi propósito para el nuevo año es evitar que estas calumnias me afecten y mantener los ojos abiertos. Tensión y alerta ante una sociedad que se pudre cada día. Una tristeza total”, escribió.
Siguiendo con el propósito de Uclés, estaría bien que no nos afecten los comentarios negativos de internet, pero sería mejor que no se produjeran, que desaparecieran las campañas de odio orquestadas, por ejemplo, a través de listas en X, como explicó Carmela Ríos en un hilo este año (“Si recibes insultos en X constantemente de perfiles distintos que no conoces, posiblemente es que estés incluido en listas de X, creadas específicamente para identificar, controlar y atacar perfiles como el tuyo”, advertía la periodista).
A veces, ese torrente surge por discusiones vacías de contenido. Ojalá en 2026 vuelva la conversación a las redes, ojalá la gente lea algo más que un tuit antes de lanzar una piedra para intentar noquear al contrario. Que cambie algo respecto a lo que hemos visto en con el caso de la escritora Analía Plaza y los boomers. También debería cesar el odio político gratuito, como el que ha sufrido Pilar Alegría estos días de Navidad cuando ha publicado fotos junto a su familia. “Miras los citados a esta publicación y te das cuenta de que estamos perdidos. Solo queda esperar que el 75% sean bots y no personales reales”, denunció un usuario.
La clase política también debería aplicarse. Ojalá disminuyan las barrabasadas que muchas veces se publican desde las cuentas oficiales de los partidos. Ojalá muchos políticos se piensen un poco publicaciones que, muchas veces, hacen más mal que bien a la credibilidad y al respeto; ojalá dediquen sus esfuerzos a comunicar su labor y las medidas que mejoran la vida de la gente. En definitiva, que sean conscientes de que son representantes de la ciudadanía.
Y quienes también deben ser conscientes de su influencia son aquellos que se dedican a eso: los influencers. Seguidos por miles o millones de personas, a veces dejan de lado el entretenimiento y empujan al consumo desmedido o a los trastornos alimenticios, difunden bulos, venden las bondades de no pagar impuestos o normalizan asociaciones de extrema derecha. “Os pido que penséis mucho en que sois importantes, en que tenéis una responsabilidad grande”, les dijo Nerea Pérez de las Heras durante una gala de premios organizada por la influencer Dulceida.
Quizá esto solo sea una lista de deseos ingenuos para el internet de 2026 y quizá quede en balde. Ojalá se cumpla alguno de ellos. Será un paso para tener una Red mejor o, al menos, donde prime lo positivo.