Donatella Di Cesare, filósofa: “En Europa importa tu protección y los de fuera, que sucumban”
SOURCE:El Pais|BY:Íñigo Domínguez
La profesora y ensayista italiana alerta contra el totalitarismo. Señala que la libertad irresponsable es el núcleo de la nueva derecha
Donatella Di Cesare (Roma, 69 años) vive en Roma no lejos de su universidad, la Sapienza, donde es profesora de Filosofía Teorética, en un barrio crecido en torno a la que fue residencia de Mussolini, Villa Torlonia. También su luminosa casa está llena de libros sobre el fascismo. Es uno de los temas que más ha investigado, junto al Holocausto, el antisemitismo y en sus últimos libros, la democracia, como en Democracia y anarquía (Herder) y Tecnofascismo (sin publicar en español).
Formada en Italia y Alemania, los libros de Di Cesare son densos pero accesibles. Es una filósofa que sale en la tele, escribe en periódicos y se mete en líos con sus opiniones. A partir de 2015 estuvo tres años con escolta por amenazas de un grupo neonazi; en 2023, el ministro Francesco Lollobrigida, cuñado de Giorgia Meloni, la demandó por llamarle “neohitleriano” (el caso se archivó), y en los últimos años ha sido criticada por su postura pacifista en la guerra de Ucrania. Pero lo que más le preocupa ahora es la erosión de la democracia.
Pregunta. Cree que la democracia se está desgastando por dos tendencias: una tecnocrática y otra etnocrática.
Respuesta. Sí, hemos entrado en una nueva época, en una nueva forma política que nos cuesta analizar. Yo hablo de tecnofascismo porque en el debate sobre si tenemos fascismo o no creo que hay una continuidad con el de ayer. Identifico dos tendencias. Una, la tecnocrática, una suspensión técnica de la democracia. Italia, por ejemplo, con el Gobierno de Mario Draghi. Lo impresionante es que se ha realizado de manera ejemplar en EE UU, el trumpismo es esto, con los grandes empresarios de alta tecnología. Hay ya una tecnocracia global, pero no le basta el poder, necesita gestionar los pueblos con la etnocracia, la reducción del demos del pueblo al etnos, a los límites étnicos. Es la tendencia que triunfa en Italia, Alemania, Hungría. Se gestiona la falta de democracia con la promesa de una protección: tú pierdes derechos, pero yo te prometo protección contra todos los riesgos de ahí fuera, con una frontera étnica.
P. Usted ve un riesgo en esta confianza total en los expertos, como si no hubiera problemas políticos, solo técnicos. Aparentemente, no hay ideología. Pero los políticos necesitan expertos ante temas complejos.
R. Sin duda, no quiero que se me malinterprete, lo que subrayo es que el experto gestiona los medios, pero carece de visión de los fines. Y necesitamos una política que tenga eso.
P. Ahora se usan viejos elementos del fascismo, la sangre y el suelo, pero no se dice claramente.
R. Sí, hay un racismo enmascarado. Un lema de Meloni, por ejemplo, era la “sustitución étnica”, pero ya lo evita. Sin embargo, presenta Italia como una gran familia, una hiperfamilia, la democracia se restringe con el criterio de la sangre y de la pertenencia territorial. Esta es la piedra angular del fascismo y del nazismo. Aparentemente no hay ideología, pero sí la hay.
P. Ideología mezclada con miedo. Señala que hay una idea apocalíptica de que no hay futuro y el mundo se convierte en un sálvese quien pueda. Y ve como tema clave la responsabilidad. Trump, por ejemplo, es abiertamente irresponsable.
R. Sí, la libertad irresponsable es el núcleo de la nueva derecha. En un escenario apocalíptico donde se agitan mil miedos externos el ciudadano busca protección, inmunidad. Lo que les sucede a los demás no interesa. No hay una imaginación compartida del futuro. Solo existe la idea del propio éxito personal, compitiendo con otros. Un escenario preocupante.
P. Usted dice que el totalitarismo no llega de golpe, es algo gradual. Contra eso apuesta por una democracia radical.
R. Hay quien cree necesario defender la democracia con procedimientos, instituciones, y quien, como yo, reivindica que necesita redescubrirse a sí misma, que es una forma abierta, hospitalaria, y que, si se cierra, se vuelve peligrosa. Nos lo enseñaron los grandes pensadores postotalitarios de los años sesenta, como Hannah Arendt: el totalitarismo es una patología de la democracia. Es la democracia que se cierra progresivamente, paso a paso. Ese es el peligro hoy.
P. Acusa a la política de abandonar su responsabilidad y ser pura administración.
R. Sí, la política administra al dictado de la economía. Hay dos parábolas de la política. Por un lado, el vínculo político entre los ciudadanos se debilita. Ya solo sentimos lo que los griegos llamaban el oikos: la casa, la esfera privada, el parentesco. Por otro lado, falta una visión política, un proyecto común. Estamos aislados, cada uno concentrado en su propia supervivencia.
P. ¿Cómo se explica esta evolución de la extrema derecha que ahora es la mejor amiga de Netanyahu?
R. El término etnocracia se utilizó por primera vez en 2018 en Israel, con una ley marcadamente étnica, en la que se dice que el etnos judío es el que tiene derechos. La derecha de Netanyahu ya no es una derecha cualquiera, se inspira en Mussolini. Es peligroso: conduce a la limpieza étnica. Lleva a pensar no solo en la supremacía del etnos, sino en que mi grupo étnico solo puede sobrevivir sin el otro. Y aquí están los presupuestos para la limpieza étnica. Y desafortunadamente es lo que hemos visto. Respondiendo a su pregunta, es evidente que Meloni, Orbán, Trump están alineados con ese lado, es lo que hacen en sus países. Meloni, por ejemplo, con sus medidas migratorias; Trump, con sus deportaciones.
P. Arendt hablaba de “los superfluos” de la Tierra. Hoy parece que son medio planeta.
R. Totalmente, es una profecía cumplida. Arendt vio que habría un mundo dividido entre quienes pueden disfrutar de protección y aquellos con quienes el mundo no sabe qué hacer, vidas que no importan. Es el núcleo de la cuestión. Si estás dentro de Europa te importa tu protección, y los que están fuera es mejor que sucumban. Dejarlos morir. Estamos anestesiados. Arendt tiene clara la idea del campo de concentración, habla de estas personas como “la espuma de la tierra”. Ella vio el inicio, nosotros ya lo vivimos como fenómeno de masas.
P. Estuvo tres años con escolta, ¿cómo lo recuerda?
R. Fue hace tiempo. Estos últimos años también han sido difíciles. He percibido la violencia varias veces al expresar mis ideas en público; creo que no soy la única en Italia. Ya no me siento libre de hablar como antes.
P. Uno de los temas con los que es más criticada es la guerra en Ucrania.
R. Sí, creo que hay una suspensión tecnobélica de la democracia. En Italia, la mayoría de la opinión pública no quiere una guerra, pero se siguen enviando armas. Toda Europa ha entrado en una zona gris. Mucha gente piensa que debería haber tenido un papel diplomático, y ahora vamos hacia la derrota. Quizás soy pesimista. Creo que Europa se ha perdido a sí misma con esto. Será difícil reconstruir el proyecto europeo.
P. La réplica suele ser que es imposible negociar con Putin.
P. La demonización de Putin es una excusa. Hubo falta de voluntad. La UE, Italia, tratan con dictadores y personas peores que Putin. Hay un doble rasero. Esta guerra no es un choque de civilizaciones, sino un encuentro de intereses. Entre cierta clase dirigente de la UE, industria militar y finanzas. En un proceso de desindustrialización como el que vive Alemania, la UE apunta al rearme como nueva industrialización. Está reconstruyendo su identidad política sobre la base de la guerra, y nació para garantizar la paz.