El buzo sevillano que trabaja en el rescate de la familia española: «Me encontré a una madre rota»
Nueve de la noche en Labuan Bajo, isla de Flores, Indonesia. A Santi Tinoco, sevillano de 35 años del barrio de Nervión, le espera esta entrevista cuando no le ha dado tiempo a sacarse el traje de buzo. En la frente todavía muestra una marca concisa de las gafas utilizadas a gran presión durante diez horas bajo el océano, que es el tiempo que cada día viene invirtiendo, desde el pasado 27 de diciembre, tratando de dar con el paradero de dos menores de edad y un padre –el exfutbolista y entrenador valenciano Fernando Martín– desaparecidos un día antes en el lamentable naufragio de la embarcación de recreo Patri Sakinah.En Labuan Bajo lleva algo más de tres años. Y regentando su negocio –por supuesto, una escuela de buceo–, ocho meses. Al mismo le puso el nombre de Mako a raíz del enamoramiento que sintió cuando descubrió, en alguna de sus numerosas inmersiones, a aquel tipo de tiburón. «Yo prácticamente dormía cuando en el grupo de WhatsApp de emergencias vi que un barco había sido engullido por el mar y que en él iban españoles. A las siete de la mañana ya estaba en el puerto tratando de ayudar a la madre y a su hija pequeña, las únicas supervivientes. Les compré ropa, comida, las llevé a un hotel y les presté el móvil de mi negocio, pero sobre todo, las acompañé y les di todo el cariño que pude. Estar con su hija me emocionó. Una vez la llevé a que le pintaran las uñas, tratando de distraerla, y allí pidió que le escribieran la palabra amor por lo mucho que sentía por sus hermanos desaparecidos».El buzo sevillano Santi Tinoco, el buzo español que participa en el rescate de la familia. Abajo, en la lancha tras la búsqueda del barco Mar Mas Oliva/ ABC«Me encontré a una madre completamente rota, desubicada . Pero la actitud de su hija menor me ha dejado atónito. Nos hemos bañado juntos en la piscina», comentó, añadiendo que la experiencia le ha hecho aprender. Y que no quiere que le consideren un héroe por mucho que no sólo la familia, sino la ciudad de Labuan Bajo y parte de España le atoren de mensajes de agradecimiento a través de su WhatsApp y redes sociales. Porque mientras usted, querido lector, pasaba la Nochevieja y quién sabe si la resaca, al menos por trasnochar, del Año Nuevo, Santi Tinoco imprimía toda la energía posible a través de su aletas tratando de buscar un milagro en forma de partes de una familia rota . Muy rota. Y todo esto rodeado de las especies más bellas del fondo marino, incongruencia de una vida tantas veces incomprensible. Noticia Relacionada estandar No Las familias de los españoles desaparecidos en Indonesia: «No volveremos a España sin los cuatro, todos juntos» Esther Blanco En un comunicado, confirman la muerte de uno de los menores. El cuerpo ha sido recuperado en el tercer día de búsqueda, tras ampliar el radio de la mismaCada mañana, Santi Tinoco ignora por completo su negocio para embarcarse en una nao que lo deposita en la zona donde podrían estar tanto el resto de la embarcación siniestrada como los aún tres desaparecidos. Y tras diez horas, sube de nuevo al barco, muy cansado, para regresar al puerto de Labuan Bajo, triste por no haber dado con ellos. «Hoy he compartido un plato conformado por arroz hervido y un huevo. Afortunadamente me ha tocado el huevo porque mi compañero es vegano». Alrededor de quince buzos, todos tan profesionales como solidarios, conforman diariamente el sueño de unas familias valencianas deseosas de poder, al menos, encontrar a los suyos. Este 31 de diciembre, Andrea Ortuño, la madre de la única persona encontrada, su hija mayor, tuvo que viajar hasta la isla vecina de Bali para incinerarla. Este jueves, mientras esta entrevista se producía, Andrea corrió hasta abrazar a Santi, su héroe, a sabiendas de que cada día, independientemente de festivos, ignora a su negocio tratando de encontrar al resto de la familia. Dignidad a raudales. Diez horas bajo el aguaCuando finalizaron las preguntas a Santi lo llamaron para preguntarle si este viernes se embarcará de nuevo para pasar diez horas bajo el agua. Su respuesta, aún sin haber cenado, es concisa: «Evidentemente. Llegaré antes de las siete». Porque su capacidad de buceo es inmensamente menor que la de responder ante una emergencia absolutamente.Álvaro Ortuño, hermano de Andrea, y que estos días ayuda a la familia a coordinar todo este desastre, aseguraba antes y después de la entrevista: «Jamás pude imaginar que iba a conocer a un tipo con el corazón de Santi. Sin él, estaríamos muchísimo peor». Cada día, independientemente de festivos, Santi ignora su negocio tratando de encontrar al resto de la familiaSanti Tinoco es un ejemplo. Alguien que perfora la normalidad del ser humano para arrasar desde la estratosfera de la dignidad. Un ángel, en estas Navidades que aún se celebran. Alguien en quien apostar. Un auténtico caballo ganador. Porque cuando la solidaridad ocupa tantas bocas de políticos y tertulias de bar, uno debería acercarse hasta el puerto de Labuan Bajo, a eso de las cinco y media la tarde, para corroborar cómo existe un ser en este planeta que lo deja todo para ayudar a una familia, que no es la suya, mientras se lamenta por no poder haber encontrado a los suyos.
