El empujón de la inserción laboral para personas vulnerables: “Es una gran puerta al mercado de trabajo”
La fundación Formació i Treball, que acompañó el año pasado a unas 1.600 personas en procesos laborales, es referente en regularización de migrantes
Un contrato de trabajo es, para la mayoría de gente, la llave maestra que puede abrir las puertas de una vida autónoma. Pero lograr un trabajo no es igual de fácil para todos. Bien lo sabe Beatriz Chirinos, de 45 años, que pese a tener experiencia como camarera, había encadenado empleos temporales y precarios y, con la llegada de la pandemia, se quedó sin trabajo. Se volvió a reenganchar al mercado laboral gracias a una entidad que acompaña en procesos de inserción a personas en situación de vulnerabilidad. Existen varias organizaciones y servicios municipales que hacen esta labor, pero la particularidad de la fundación privada Formació i Treball es que en sí misma es una empresa que trata de ser sostenible financieramente para cumplir con su objetivo último: dar trabajo a las personas que lo necesitan y prepararlas para el mercado laboral. Especializada en el reciclaje y la reutilización de ropa, en la restauración y caterings, y en otros servicios, la fundación atendió en 2024 a 3.678 personas, de las cuales más de 1.600 participaron en un proceso laboral: 782 fueron contratados ahí mismo en alguna de sus áreas de producción, y 871 accedieron al mercado laboral en empresas ordinarias gracias a su tarea de intermediación.
“Me hubiese costado mucho más encontrar un trabajo de no ser por su ayuda. Lo que te da sobre todo es autoestima, sentirte válido y fuerte para pedir las condiciones que mereces”, explica Beatriz, nacida en Honduras y con muchos años ya en Cataluña. Llegó a Formació i Treball derivada de Cáritas, y ahí estuvo contratada en un programa de inserción para trabajar de camarera. Durante el tiempo en que estuvo vinculada a la entidad, cursó estudios de hostelería, se sacó varios certificados y en paralelo se sacó un curso de atención sociosanitaria. Esto le permitió, una vez fuera del paraguas de la entidad, trabajar cuidando a personas mayores. “Pero la hostelería me encanta”, dice: desde febrero ha vuelto al sector y tiene buenas perspectivas.
En Cataluña el porcentaje de población que está en riesgo de pobreza o de exclusión social (la tasa Arope) es el 24%. Ya sea por falta de ingresos, por tener una discapacidad o por ser víctimas de violencia de género, estos colectivos son tan vulnerables que buscar y encontrar trabajo es un reto más complejo que para la mayoría. Cuando los servicios sociales certifican esta situación, se les puede derivar a un proceso en el que pueden optar a formación, orientación laboral o a un contrato de inserción social.
