El español que conquistó Groenlandia: «Lo de Trump da miedo»
Es José en Badajoz . Y Yusi en Groenlandia . Porque los inuit «no saben decir José». Con mucho desparpajo y con la sapiencia de quien acumula historias de verdadera película, este pacense, inspector de calidad en la base militar de Talavera la Real , al que un documental «que le gustó mucho» a su madre le cambió la vida, narra, normalizando lo que es realmente extraordinario, cómo es su día a día entre las fronteras del mayor deseo de Donald Trump , donde pasa cada verano desde hace quince años.Como cualquier historia con final feliz, la de José Trejo empieza, también, gracias al consejo y recomendación de una madre, la suya, que, tras ver un documental sobre Groenlandia, le anima a probar suerte. Lejos –muy lejos– de casa.En 2011, una empresa de viajes y expediciones afincada en territorio groenlandés, le contrata. Se encarga de coordinar la logística, gestionar la navegación, montar campamentos y organizar visitas a glaciares y fiordos. Lo normal. Comparte su trabajo militar en Extremadura con sus veranos en Groenlandia, donde pasa los días en una casa de madera, color verde, ubicada en una de las islas más pobladas del territorio, con 1.200 habitantes, en la que es uno más: «Son muchos años, todos nos conocemos».Un extremeño en Groenlandia Imágenes de José Trejo en Groenlandia IMÁGENES CEDIDASJosé cuenta que lo que es hoy tiene mucho que ver, precisamente, con lo que ha aprendido de los groenlandeses: «Aprendí a navegar con los cazadores inuit del sur de Groenlandia, he navegado más de 40.000 millas, he cruzado el Atlántico, tengo el título de capitán de yate...». Se ha rodeado todo este tiempo de «exploradores, aventureros o escaladores». Profesionales, todos, del mundo de la supervivencia, en el que él ha encajado a la perfección, como la pieza faltante de un puzle por terminar.Para él, Groenlandia estuvo de moda y actualidad mucho antes de Donald Trump y del enorme interés mediático con el que el territorio convive estos últimos meses. Cuenta que los inuit son gente tranquila y sencilla, pero, por encima de todo, resalta su carácter pacífico.Destaca, como anécdota, que en el diccionario del idioma local, que Trejo pronuncia a la perfección como 'kalaallisut', no aparece el término 'guerra': «Ellos nunca han tenido que luchar contra otras poblaciones. Son una civilización antigua, centrada en la supervivencia límite, en convivir con la naturaleza. No han tenido enfrente nunca a nadie que les quitase los recursos». Su naturaleza, cuenta, les hace ser, también, enormemente «pragmáticos»: «Suelen pensar que lo que tiene que suceder, sucederá».La amenaza de Trump: de la «broma» al miedoComo groenlandés de adopción , José no recibe de buen grado los comentarios de Trump, pero recuerda algo que es verdaderamente significativo. Dice mantener un periódico local, con fecha de 2019, donde ya se hablaba de los deseos de Trump y su intención de apropiarse del territorio: «Los groenlandeses, y prácticamente todo el mundo, lo tomaron a broma, lo entendieron como una gracia más de un señor excéntrico...», rememora.De hecho, en aquellas fechas, incluso el exembajador de los Estados Unidos en Dinamarca, Rufus Gifford , dijo haber «llorado de risa» tras haber leído la idea de Trump de comprar la isla . Sin embargo, esa broma se ha convertido en auténtica preocupación. Admite que, en la zona, se respira inquietud: «Hay miedo y, más que miedo, hay incertidumbre».La orografía y, sobre todo, la dispersión geográfica de la población inuit, explica José, serían poco menos que una alfombra roja para una hipotética invasión : «Son menos de 60.000 personas, no tienen ejército, están todos muy apartados entre sí, no hay carreteras. Una invasión sería facilísima». Por eso, precisamente, dice que los groenlandeses se sienten ciertamente «desprotegidos» ante lo que entienden como una amenaza norteamericana .De hecho, los deseos de Trump no han hecho más que ahondar en una relación entre Estados Unidos y Groenlandia que nunca ha sido del todo buena. O, al menos, eso es lo que le trasladan a José. En la Segunda Guerra Mundial , los norteamericanos instalaron cuatro bases militares en el territorio. Los daneses, con los que tampoco han tenido nunca una gran relación, «prohibieron a los estadounidenses que intercediesen en las tradiciones inuit», pero, aun así, dejaron una sombra «de alcoholismo y tabaquismo» en el territorio. En 1946, el presidente Truman envió a Dinamarca una oferta para comprar la isla por 100 millones de dólares en oro.Existe recelo hacia Estados Unidos entre la población inuit, que pacífica y ajena a las disputas del común de los mortales, entiende las declaraciones de Trump como «una falta de respeto» a su identidad como pueblo. Con cierta incredulidad y extrañeza, José vive los meses previos a su aventura particular que se repite verano tras verano. La de un extremeño, de Badajoz, que hizo del hielo su hogar y bandera.
