El futuro de los bioplásticos empieza a tomar consistencia industrial
Una nueva generación de materiales, con mucho menos impacto en el medio ambiente, viene pisando fuerte para sustituir a los plásticos convencionales derivados del petróleo, que tanto daño causan en los ecosistemas naturales. Son la familia de los bioplásticos. Y ya cuentan con una industria que los está llevando al mercado, desde el gran gigante químico BASF y otros como Eastman Chemical Company e incluso la multinacional energética Repsol. Hay empresas dedicadas específicamente a esta actividad como la estadounidense NatureWorks (respaldada por Cargill, el mayor grupo agrícola del mundo, y PTT Global Chemical, una gran petrolera tailandesa) y la italiana Novamont (bajo el control de la gran compañía energética Eni). En estas nuevas soluciones también se han implicado empresas españolas como Nurel Biopolymers (Grupo Samca) y Ercros e innovadoras startup como la catalana Benviro, la valenciana ADBioplastics y la sevillana Alperpack, junto a centros tecnológicos como Itene y Aimplas. También grandes marcas como Tetra Pak, Danone, Puma, Lego, Ikea, Heinz o Toyota han empezado a introducir bioplásticos en algunos de sus productos a gran escala en Europa.No hay duda de que los bioplásticos tienen un futuro por delante, porque la guerra al plástico de origen fósil no se detiene debido a su impacto medioambiental. Los plásticos han invadido los océanos: suponen el 85% de los residuos que llegan a los mares. Cada año se vierten unos 52 millones de toneladas de productos plásticos, según un estudio de 2024 publicado por la revista científica 'Nature'. Si se colocan en línea, darían la vuelta al mundo más de 1.500 veces, decía el prestigioso medio americano. Y realmente, según Naciones Unidas, solo se recicla un 9% de las más de 400 millones de toneladas de plástico que se producen cada año.Noticia Relacionada estandar Si Así son los sorprendentes envoltorios y envases de alimentos que también se comen María José Pérez-Barco Startups y centros tecnológicos exploran las posibilidades de los recubrimientos y recipientes comestibles como innovador aliado en la guerra contra el plásticoProducciónPara minimizar ese gran impacto, los bioplásticos se alzan como una alternativa más, junto a la reutilización y el reciclaje. Sobre todo para la industria del packaging, responsable del 40% de los residuos plásticos del planeta. Aunque todavía el nivel de producción de estos nuevos materiales es prácticamente anecdótico. Hoy apenas representan alrededor del 0,5% de los 431 millones de toneladas de plásticos que se producen anualmente en todo el mundo, según la European Bioplastic. Sin embargo, sus previsiones estiman que la capacidad mundial de producción se duplicará, pasando de 2,3 millones de toneladas en 2025 a aproximadamente 4,6 en 2030. Y según la consultora internacional Fortune Business Insights, el mercado global de bioplásticos pasará de los 7.490 millones de dólares en 2023 a 56.990 millones en 2032. Europa por ahora domina el mercado con una cuota del 48.6%.Las estimaciones de European Bioplastic apuntan que la producción se duplicará hasta 2030 «Se espera un crecimiento de la producción y uso de los bioplásticos porque cada vez abarcan más aplicaciones», afirma Rosa González, investigadora líder de Packaging de Aimplas (Instituto Tecnológico del Plástico). Industrias como el embalaje, textiles y fibras, bienes de consumo, electrónica, agricultura, automoción y muebles están recurriendo cada vez más a estos nuevos materiales. Además, los bioplásticos se ven también impulsados por un mayor número de consumidores que prefieren materiales con menor huella medioambiental y regulaciones que estimulan estas soluciones con mucho menos impacto en los ecosistemas, como la nueva Estrategia de Bioeconomía y la directiva 2019/904 también conocida como SUP, por sus siglas en inglés (Single-Use Plastic), traspuesta a nuestro ordenamiento en la Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados. Esta regulación trata de reducir el uso de ciertos plásticos que considera más dañinos con el medio ambiente y fomentar la economía circular. Por eso, ya han desaparecido del mercado europeo cubiertos (tenedores, cuchillos, cucharas..), platos, pajitas y bolsas de plástico de un solo uso (las que hay son biodegradables y/o compostables). ProhibicionesEn agosto de este mismo año, se prohibirá el uso de envases de plástico monodosis en el canal Horeca para condimentos, salsas, leche y azúcar. Y en 2030, también se eliminarán otros formatos: los envases que se usan para frutas y verduras sin procesar, para alimentos y bebidas que se sirven y consumen en cafeterías y restaurantes, los envases en miniatura para productos de tocador y los envoltorios plásticos para maletas en los aeropuertos.Algunas soluciones tienen que mejorar propiedades y ser más competitivas en preciosA falta de todos esos envases de plástico, habrá que repensar otras formas y materiales en los que contener y proteger todos esos productos. Y aquí entran en juego los bioplásticos. «Cada vez hay más alternativas y la UE promueve encontrar diferentes fuentes para obtenerlos, de subproductos, de residuos de diferentes industrias... con el fin de contribuir a la economía circular. De hecho, la UE está financiando programas para el desarrollo de nuevos productos biobasados (de origen renovable) que reducen el impacto medioambiental y para optimizar su producción con el fin de que sean más asequibles económicamente», cuenta Rosa González.La tendencia refleja, por tanto, que cada vez es mayor la demanda de estos nuevos materiales y que se buscan bioplásticos cada vez más avanzados cuyas propiedades y prestaciones se asemejen a las de los plásticos derivados del petróleo. «Hay mucha investigación y mucho desarrollo, seguramente es el campo que más I+D+i abarca», afirma Ángela Osma, secretaria general de Asobiocom (Asociación Española de Plásticos Biodegradables Compostables).Los bioplásticos son materiales de muy diferente tipología. Pueden ser plásticos de origen fósil y biodegradables (que se descomponen por la acción de los microorganismos, incluso algunos son compost). O pueden ser biobasados, que provienen de recursos naturales como el almidón de maíz, de caña de azúcar, de aceites vegetales, de algas o incluso de bacterias, por ejemplo, pero no todos son biodegradables. O pueden ser bioplásticos que presenten ambas propiedades (biobasado y biodegradable), y por tanto serían los más respetuosos con el medio ambiente.El ácido poliláctico (PLA) es el bioplástico más común y con más uso extendido. Es un polímero derivado de recursos naturales como el maíz, la yuca y la caña de azúcar. «Lleva más de veinte años en el mercado, está muy evolucionado y es muy competitivo. Otros bioplásticos requieren una mayor optimización y hay que vencer barreras técnicas para su fabricación a gran escala, así como barreras económicas», opina la investigadora Rosa González. Por ejemplo, los polihidroxialcanoatos (PHA). Innovación españolaEn España innovadoras empresas y avanzados centros tecnológicos están desarrollando diferentes bioplásticos. «Pero falta coordinación y visión a largo plazo. Alemania y Francia tienen programas estatales que impulsan este tipo de materiales y facilitan la conexión entre industria, ciencia y mercado. Aquí, muchas veces, todo eso lo tenemos que empujar desde la iniciativa privada. Aun así, hay proyectos potentes y un ecosistema emergente que puede posicionarnos muy bien si se dan las condiciones adecuadas», considera Noelia Márquez, cofundadora y CEO de la startup biotecnológica Benviro.En nuestro país «hay investigación tanto en la parte del origen de estos materiales, mejorando los procesos de obtención, buscando nuevas especies vegetales para obtenerlos o a partir de residuos orgánicos de industrias alimentarias, o por fermentación bacteriana... Es un campo enorme y con grandes posibilidades», valora Ángela Osma. Como también se pone el foco en el fin de vida de estos materiales. «En el caso de los bioplásticos que no son biodegradables -continúa- se investiga la forma de descomposición a través de enzimas, o del reciclado químico», dice. Y en el caso de los bioplásticos biodegradables y compostables «la investigación en muchos casos es para mejorar y controlar las condiciones y el tiempo de duración, porque los materiales biodegradables están pensados para que se biodegraden, por lo tanto tienen una vida de uso corta. Por ejemplo, una bolsa de basura orgánica tiene que durar al menos año y medio o dos años, para asegurar la distribución, almacenamiento y el uso en los hogares. Esto es un reto», cuenta Ángela Osma.España cuenta con un ecosistema emergente que necesita programas estatales de impulsoY poco a poco los bioplásticos son cada vez más competitivos en precios, como asegura Noelia Márquez. «Hasta hace poco -afirma-, muchos bioplásticos tenían precios hasta cinco veces superiores a los plásticos convencionales, y eran muy complicados de transformar. Esto ha cambiado. Se pueden formular bioplásticos que no solo son estéticamente atractivos y seguros, sino que funcionan en maquinaria convencional, sin cambios en los moldes ni procesos y a precios totalmente viables».AplicacionesLas aplicaciones de los bioplásticos son cada vez más variadas, pero la investigadora González defiende que sobre todo su uso debe tener un sentido. ««Si un envase plástico al final de su vida va a generar un residuo que no es posible o no tiene sentido reciclar, es lógico utilizar un bioplástico compostable o biodegradable en suelo o en medio marino para reducir el impacto medioambiental», sugiere González.Por ejemplo, Ángela Osma propone emplear bioplásticos biodegradables y compostables para envases que «quedan sucios con restos de residuos orgánicos y para envases muy pequeños. Todo iría al contenedor orgánico. Esta fracción orgánica se puede compostar y crear un abono para mejorar los suelos».Dos años lleva ya la startup biotecnológica ADBioplastics realizando demostraciones 'in situ' y pruebas industriales por todo el mundo para dar a conocer las propiedades de su nuevo desarrollo. Esta empresa, nacida del centro tecnológico Itene, ha conseguido un bioplástico que denomina Pla-Premium. Se trata de un material compuesto de un aditivo, patentado por la startup, y ácido poliláctico (PLA), derivado de recursos naturales como maíz y caña de azúcar. «El PLA virgen tiene debilidades, no se puede utilizar para todos los usos y es necesario mejorar sus propiedades mecánicas (frente a la rotura, flexibilidad...), de barrera (frente al oxígeno, vapor de agua...) y en su aplicación en packaging. Y es un reto tecnológico. Con un nuevo aditivo, hemos conseguido un PLA Premium que puede ser empleado en más aplicaciones que el PLA virgen», cuenta Carmen Sánchez, directora técnica del centro tecnológico Itene y CEO de ADBioplastic. Es un material que se desintegra en tres meses y, entre sus ventajas, para usar este nuevo biopolímero no es necesario modificar las líneas industriales que actualmente transforman plásticos de origen fósil.Varios formatos del PLA-Premium desarrollado por ADBioplastics. Está compuesto de un aditivo que mejora las propiedades del ácido polilácticoNicho de mercadoDe momento este bioplástico se comercializa en pequeños nichos de mercado. Por ejemplo, para uso cosmético, «como bote de champú ecológico para bebés. Se puede presentar también en formato film, en tarros, en envases, o para la impresión en 3D... Tenemos incluso una especie de filamento que es un cierre para envases alimentarios y productos electrónicos. Al ser compostable (no tiene alma metálica) también puede actuar como tutor para guiar viñas y evitar la utilización de plásticos tradicionales que contaminan el suelo fértil al desprenderse», indica Carmen Sánchez.Ahora esta startup valenciana ha recibido una inversión de 3,4 millones de euros (de ellos 2,4 han sido concedidos por el CDTI -Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación- a través de una de las convocatorias de los Sellos de Excelencia y el resto han sido aportados por capital privado). Con ello financiará «el escalado de la tecnología para aumentar la producción del aditivo entre 6 y 8 veces», dice Sánchez.El bioplástico de la startup sevillana Alperpack aún no ha salido al mercado. Lo hará el próximo año cuando concluyan los trámites de diversas certificaciones. En esta ocasión se ha conseguido un bioplásticos del alperujo, un subproducto que se origina en las almazaras tras extraer el aceite de oliva de las aceitunas y que no puede llegar al entorno natural para evitar la contaminación de los suelos y el agua. Este bioplásticos se presenta en un film biodegradable que incluso se puede utilizar en envases para proteger frutas y verduras.Alarga la vida útil«El biopolímero del alperujo ya tratado lo combinamos con un polisacárido y plastificantes naturales. Esto nos permite crear un film, con las mismas propiedades mecánicas que el plástico de origen fósil. Lo hemos validado en laboratorio, la química funciona y tenemos muestras. Y gracias al componente antioxidante de la aceituna, es un bioplástico ideal para envases alimentarios, ya que alarga la vida útil de esos productos. También se puede utilizar en envases para cremas cosméticas. Trabajamos además para que vuelva como fertilizante al suelo. Podemos ofrecer este bioplástico en diferentes formatos y grosor, incluso en pellet», cuenta Maribel Suárez, cofundadora de Alperpack.Un reciente contrato con la Universidad de Córdoba permitirá llevar este nuevo material al mercado. La idea es que también pueda incorporarse a las máquinas de envasado existentes, sin tener que cambiarlas, y que se comercialice a un precio muy competitivo. Algo muy posible, ya que «el alperujo, nuestra materia prima, es gratuito», dice Suárez.Desde hace más de siete años, los tres fundadores de la startup catalana Benviro están trabajando en llevar al mercado materiales biodegradables y libres de microplásticos. «Ya tenemos formulaciones que pueden sustituir la mayoría de los plásticos de un solo uso sin renunciar al rendimiento, al diseño ni a la compatibilidad química. Estamos en un momento de muchas homologaciones en paralelo, y en cuanto estas pruebas se transformen en pedidos, veremos un verdadero cambio de paradigma. En uno o dos años», calcula Noelia Márquez.La idea de esta startup catalana es desarrollar un material específico para cada cliente, «con el acabado, densidad y comportamiento que necesita», detalla Márquez. Lo que pueden hacer en un periodo comprendido entre uno a tres meses. «Tenemos materiales listos para ser comercializados, que ya cumplen con los estándares técnicos de sectores exigentes como la cosmética, el packaging y el textil. Y lo más importante: podemos suministrarlos en cantidad sin problema. Proveemos material y somos un socio que acompaña a las marcas en todo el proceso de desarrollo, desde la formulación hasta la validación final del producto», apunta Márquez. Una nueva generación de materiales plásticos con menos impacto en el medio ambiente que viene pisando fuerte hacia un futuro más sostenible.

