El pequeño mesón de Cantabria donde todavía se come como antes: precios humildes y un tradicional cocido montañés
Allí manda la comida casera, abundante y sabrosa, preparada como se hacía antes.
Siguiendo el curso del Besaya, a pocos kilómetros de Reinosa, y atravesando un paisaje de valles y bosques —a menudo cubiertos de nieve en invierno—, se llega a Pesquera, uno de los municipios cántabros más pequeños de la región, con apenas 72 habitantes.
Entre los tesoros históricos de este pueblecito destaca una famosa calzada romana en un excelente estado de conservación, que en tiempos de la Antigua Roma unía Segisamo (la actual Sasamón, en Burgos) con Portus Blendium (Suances, Cantabria). Hoy, más allá de la historia y la tranquilidad que respira Pesquera, uno de sus secretos mejor guardados es el Mesón Ventorrillo, un lugar donde la cocina casera y la tradición siguen viviéndose como se hacía antaño.
El Ventorrillo es un reflejo palpable de la pasión por la gastronomía de su dueño, Eusebio, que lleva al frente del mesón desde hace 23 años. Tras años de estudiar hostelería y acumular experiencia en el sector, en 2002, él y su mujer se toparon con aquel pequeño mesón en venta. Fue un flechazo: aquel lugar parecía esperarles a ellos. Muy pronto comenzó una historia marcada por la dedicación, el amor por la cocina tradicional cántabra y el deseo de mantener viva una experiencia que hoy sigue conquistando a quienes cruzan la puerta del Ventorrillo.
Mesón el Ventorrillo: un menú tradicional
Este pequeño restaurante familiar parece detenido en el tiempo. Allí manda la comida casera, abundante y sabrosa, preparada como se hacía antes, en un ambiente acogedor que recibe por igual a vecinos, curiosos y viajeros que buscan llevarse a casa un pedacito de la auténtica Cantabria.
El calor de la estufa de leña impregna todo el salón y da la bienvenida al Ventorrillo nada más cruzar la puerta. Del techo de la barra cuelgan embutidos de todas clases y en las vitrinas reposan varios tipos de queso.
El restaurante ofrece todo tipo de guisos tradicionales, desde el cocido montañés hasta la sopa de cocido o las alubias con chorizo, preparados con paciencia y sin artificios, y también platos de carne como churrasco, cachopo o entrecot, que completan una propuesta contundente y casera.
Allí, más que elegir a carta, los comensales disfrutan de un menú con varias opciones y precio cerrado, que incluye bebida y postre, con dulces igualmente caseros como natillas, arroz con leche o alguno de los ricos quesos de la vitrina.
Los propios visitantes parecen resumir mejor que nadie la experiencia en el Ventorrillo. Como apunta uno de ellos, "no busques ni sofisticación ni cocina de diseño. Aquí se come, y se come bien; comida tradicional hecha a la manera de siempre".