El presidente de Italia lanza un dardo a Putin: «Es repugnante negar la paz»
Cuando Sergio Mattarella calificó de «repugnante» la actitud de quienes niegan la paz porque se creen más fuertes, el destinatario se entendió sin necesidad de nombres propios. Sin citarlo, el presidente italiano lanzó un dardo a Vladímir Putin y, con él, a todos los líderes que pretenden sustituir el derecho por la fuerza. El arranque de su discurso de fin de año convirtió el tradicional mensaje institucional en una acusación moral contra la guerra y en una advertencia a las democracias europeas: la violencia y la retórica del dominio no solo destruyen países, también corroen la convivencia desde dentro.En su undécimo mensaje de fin de año como jefe del Estado, Mattarella recurrió a un tono más duro de lo habitual en su lenguaje medido. «Frente a las casas devastadas por los bombardeos en las ciudades ucranianas, frente a los recién nacidos que mueren de frío en Gaza, el deseo de paz es cada vez más alto y resulta cada vez más incomprensible y repugnante el rechazo de quien la niega porque se siente más fuerte», dijo. La frase, por su contundencia, funcionó como columna vertebral del discurso: no era solo un lamento humanitario, sino un juicio político y ético sobre quienes alargan los conflictos desde la superioridad militar.Mattarella advirtió, en términos que se leen también como mensaje a la clase política, contra el clima de agresividad verbal que intoxica el debate público: «Si cada circunstancia se convierte en pretexto para violentos enfrentamientos verbales, para acusaciones recíprocas donde no cuenta el fundamento sino solo la fuerza polémica, no se expresa una mentalidad de paz, no se construyen sus bases». En la frase late una preocupación europea: la polarización no empieza en el campo de batalla, sino en la palabra que convierte al adversario en enemigo.Noticia Relacionada estandar Si El presupuesto de Meloni blinda el envío de armas a Kiev para todo 2026 Ángel Gómez Fuentes Meloni saca adelante un presupuesto que contempla una reserva militar de 10.000 efectivos80 Aniversario de la República italianaEl discurso, de unos quince minutos, estuvo vertebrado por el próximo 80º aniversario de la República italiana, que se celebrará el 2 de junio de 2026. La escenografía subrayaba el marco histórico: la Constitución, presente como recordatorio de reglas compartidas, y el símbolo del referéndum de 1946, cuando Italia eligió la República y las mujeres votaron por primera vez en un momento fundacional. Mattarella quiso que esa memoria actuara como vacuna: ninguna conquista democrática es definitiva.«La República somos nosotros, cada uno de nosotros», insistió, apelando a la responsabilidad individual en un tiempo de fatiga cívica. A partir de ahí, el presidente recorrió la historia republicana como si pasara páginas de un álbum familiar, pero sin nostalgia complaciente. Evocó transformaciones concretas: el voto femenino, la reforma agraria, los planes de vivienda, el Estatuto de los Trabajadores, el servicio sanitario universal, el sistema de pensiones. «La Italia republicana es una historia de éxito en el mundo de la que podemos y debemos estar orgullosos», afirmó, aunque sin esconder las tareas pendientes: la igualdad plena entre mujeres y hombres, el problema de acceso a la vivienda para las parejas jóvenes y la persistencia de viejas y nuevas pobrezas.Mattarella hizo un llamamiento a los jóvenes: «No os resignéis. Sed exigentes. Valientes. Elegid vuestro futuro»El tramo más emotivo llegó con su apelación directa a los jóvenes. Mattarella mencionó que a veces se les juzga sin conocerlos y se les describe como desconfiados o distantes. Su respuesta fue un llamamiento a la dignidad cívica: «No os resignéis. Sed exigentes. Valientes. Elegid vuestro futuro. Sentíos responsables como la generación que hace ochenta años construyó la Italia moderna». La idea, más que generacional, fue política: la democracia necesita inconformismo, no apatía. También hubo espacio para la memoria amarga. Mattarella evocó el terrorismo de los años de plomo y las matanzas mafiosas para recordar que el Estado resistió cuando se mantuvo la unidad de las fuerzas políticas y sociales. Citó a Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, símbolos de la lucha por la legalidad, como recordatorio de que la democracia tiene costes y exige coraje civil.Las reacciones políticas, esta vez, acompañaron sin matices. La primera ministra Giorgia Meloni telefoneó a Mattarella para expresar el aprecio del Gobierno, destacando el valor del 80º aniversario y el «acicate» dirigido a los jóvenes, a quienes describió como motor del cambio. Subrayó además la voluntad de Italia de trabajar para que la paz vuelva a Ucrania y a Oriente Próximo. Desde la oposición, la secretaria del Partido Democrático, Elly Schlein, agradeció al presidente haber unido pasado, presente y futuro, poniendo el foco en la defensa de las conquistas sociales y en el compromiso con la paz y con los pueblos golpeados por los conflictos. A las puertas de los 80 años de la República, Mattarella dejó una consigna incómoda y, precisamente por eso, útil: la paz no se declama, se construye; la democracia no se presume, se cuida.

