El sesgo de disponibilidad y la infructuosa ilusión de ganar un premio de lotería
La emoción, el miedo a quedarse fuera y la tradición llevan a millones de personas a participar en una esperanza con mínimas opciones de cumplirse
Imagine que está a punto de jugar a la lotería. No conoce las probabilidades reales, pero recuerda perfectamente la historia de aquel bar donde tocó el año pasado. Esa imagen que se viene a su cabeza es tan real y palpable que se convence. “¿Y si ahora me toca a mí?”, piensa. Es casi seguro que los millones de personas en el país que han comprado un boleto atraviesan la misma fantasía: esperar que un número cambie sus vidas. La realidad es que la posibilidad de llevarse un premio es mínima
Se trata de un truco del cerebro, exageramos algo solo porque lo recordamos con facilidad: eso es exactamente el sesgo de disponibilidad. Esta tendencia a pensar, percibir o decidir de una manera es bien conocida en el estudio de la mente. Enrique Echeburúa, catedrático emérito de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco, asegura que es común que la gente pueda sobreestimar la probabilidad de ganar. Los medios resaltan y cubren la euforia de los afortunados. “Son historias muy visibles, mientras que los millones de no ganadores apenas se mencionan”, señala.
La imagen de gente descorchando una botella de champán frente a las cámaras se repite cada año. Es una circunstancia temporal donde la memoria, emoción y la inquietud de perderse algo se combinan para que millones participen. Pero este fenómeno psicológico no solo sucede con un sorteo. Otro ejemplo de esto es que muchas personas sienten más temor al volar en avión que al conducir un coche, a pesar de que la tasa global de accidentes fue de 1,13 por millón de despegues en 2024. Esto sucede porque los accidentes aéreos, por su magnitud, reciben una gran visibilidad en los medios de comunicación.
“Al final, la lotería es un ritual social que refleja un profundo sentimiento de pertenencia”, señala Echeburúa. En los lugares de trabajo es común que se adquiera un número y se repartan participaciones abiertas a quien quiera sumarse. También ocurre que una persona compre varios décimos y los distribuya entre sus hijos o hermanos.
El tiempo es limitado y los sesgos permiten tomar elecciones rápidas —muchas veces no racionales— en entornos complejos. El problema es que lo que recordamos con facilidad no siempre refleja la realidad estadística. Así, los eventos recientes o visualmente llamativos suelen ocupar un lugar privilegiado en la memoria.
La ilusión compartida
Una revisión sistemática de la Universidad de Manchester (Reino Unido) indica, entre otros aspectos, que la heurística (o atajo mental) de disponibilidad es una aliada habitual del en una sociedad donde el . Las loterías de Navidad (el Gordo y el próximo Niño) son un caso claro sobre cómo funciona esta disciplina, pues el reto no consiste en mostrar las cosas tal como son, sino en comprender cómo los consumidores las interpretan.