El tango de Laprovittola acaba con la supremacía del Madrid
Un tango de Laprovittola , dulce, sedoso e incluso sensual en un deporte tan físico como el baloncesto, acabó por desquiciar al Madrid, que vio cortada su racha de nueve victorias consecutivas en los clásicos. Los blancos tuvieron motivos para pensar en la victoria, como la genial actuación de Hezonja , 27 puntos nada menos para el croata, o varias rachas ofensivas a la carrera que parecieron mermar al rival por completo. Sin embargo, el argentino emergió en la segunda parte, en la que anotó 17 puntos por abrasión pero con una elegancia sobrecogedora, para darle al Barça, de una vez por todas, un motivo por el que sonreír en casa del eterno rival. El Barça de Pascual , que volvió a dirigir un clásico una década después, parece tener más de una vida y Laprovittola, una magia inagotable. Real Madrid 100 - 105 Barcelona Jornada 14 de la Liga Endesa Real Madrid Campazzo (15), Llull (9), Abalde (5), Hezonja (27), Tavares (10); Lyles (9), Maledon (5), Deck (7), Garuba (3), Feliz (10). Barcelona Satoransky (16), Punter (19), Cale (6), Norris (7), Willy (8); Juani Marcos (3), Fall (6), Laprovittola (19), Shengelia (8), Parra (13). Parciales 24-28; 20-20 (44-48); 31-29 (75-77); 25-28 (100-105). Los árbitros Carlos Peruga, Carlos Cortés y Alberto Sánchez Sixto. Descalificaron a Norris por acumular cinco faltas personales. La ecuación inicial del Madrid fue definida por la intimidación de Tavares y el anárquico talento de Hezonja en ataque, crucial la muñeca del croata si los locales querían corromper a una de las mejores defensas del campeonato. Suyos fueron los primeros siete puntos de su equipo, heroísmo que el Barça conseguía minimizar gracias al sorprendente hacer de Norris, invisible con Peñarroya pero protagonista en las últimas semanas con Pascual. Campazzo y Punter se enzarzaban a base de triples, también Satoransky, el 'cohete de Praga', se mostraba letal desde la larga distancia. Entre tanto, no dudó Pascual en soltarle una bronca monumental a Willy por su inoperancia en el poste. Lo cierto es que el Madrid parecía dominar la escena pero, su eterno rival, con seriedad y a base de picotazos desde todas las posiciones, conseguía mantenerse a rebufo. Punter lanzaba a sus compañeros con talento y estos respondían, bien en ataque los azulgranas, sobre todo Fall bajo el aro, aunque les faltaba afinar su defensa, la seña de identidad de este grupo. Mientras, era la intensidad y la fe lo que les permitía mandar en el marcador. En el otro bando, era Lyles el más entonado, muy capaz el canadiense de castigar desde la media distancia gracias a los desajustes rivales. También se lucían Garuba y Feliz, desfibriladores oficiales de los locales, pues cada vez que entraban a cancha, era como si un huracán arrasase el Movistar Arena. Noticia Relacionada baloncesto / entrevista estandar Si Djordjevic: «La grandeza del Real Madrid no se puede describir, allí viví un momento icónico y glorioso» Julio OcampoAunque la mañana transcurría con cierta tranquilidad, una técnica a Maledon por protestar al cuadro arbitral desató una tormenta en el recinto. Scariolo sudaba de tanto pedir explicaciones a los colegiados y la cantidad de improperios que soltó la grada merengue hacia los azulgranas fue considerable. La rabia de los aficionados, sin embargo, no solo era provocada por la polémica pues el Barça caminaba con rectitud, seguro de sus posibilidades, depredador y no presa. Dos bandejas de Parra y otra de Willy elevaron su ventaja hasta los ocho tantos, la máxima del encuentro, mientras el Madrid no paraba de acumular fallos en el tiro y pérdidas inaceptables. Campazzo se multiplicaba , intentaba ser un esparadrapo infinito, y por momentos lo conseguía. Tras cinco puntos con su firma y provocarle una falta en ataque a Satoransky, la fe volvió a invadir a los locales. Llull también se unió a la fiesta y firmó un gran triple cuando solo faltaban 19 segundos para el descanso. Un nuevo partido acababa de comenzar. Solo tardó 30 segundos de la segunda mitad en repetir el balear, tres puntos que dejaban a los de Scariolo a solo una canasta del liderato. El Madrid parecía renacido, muy fluido en ataque, siempre pillo, en especial Hezonja , cuando se abría una brecha en la falange catalana. Pascual sentó de nuevo a Willy y le volvió a cantar las cuarenta. Tan irregular era su partido que incluso Fall, muy limitado en lo técnico, funcionaba mucho mejor que el madrileño. Mientras el Barça decidía qué quería ser, los merengues cargaban con todo, fluían como la seda ante un rival de lo más confuso. Llull, especialista en un imposible, reventó el aro visitante con un triple apoteósico, a tablero y sobre la bocina. Cuando más peliaguda era la escena, aparecieron Cale y Punter , un triple para cada estadounidense que dieron una bombona de oxígeno esencial para que el Barça no se ahogase en el corazón de la capital. Esfuerzos que, por otra parte, eran insuficientes, como intentar frenar un río con las manos. Un dos más uno de Hezonja , muy celebrada la canasta por el balcánico, evidenció que el Madrid iba a por todo, que tenía gasolina de sobra para arrasar a su rival. Como no hay dos sin tres, el técnico azulgrana arremetió de nuevo contra Willy porque este no salió a pista con la rapidez que demandaba la crítica situación. Lo mejor en clave Barça era que, pese al vendaval y después de dos tiros libres de Laprovittola , el electrónico señalaba un inesperado empate a 72 cuando faltaba poco más de un minuto del tercer acto. El argentino repitió con tres nuevos puntos desde la esquina y Shengelia, con un palmeo imposible, silenció a la eufórica grada local. Los dos gigantes del baloncesto español se citaron en el abismo, en una última carga de caballería para decidir un clásico de lo más intenso. Las balas silbaban sobre las cabezas, puro caos endulzado por Laprovittola, una mariposa entre misiles, imposible de arrebatarle el balón al argentino. Para cortar el despliegue enemigo, Scariolo sacó a pista a sus tres mejores jugadores, Campazzo, Hezonja y Tavares , aunque parecía necesario todo un ejército para detener las genialidades del base sudamericano, que asistía o anotaba en todas las jugadas ante su exequipo. De hecho, un pase suyo supuso un nuevo triple de Satoransky . El Barça vencía por siete, ya podía rozar la machada con la punta de los dedos. Hezonja soltó un nuevo zarpazo que los metió una vez más en el fregado, pero Parra, con un triple a tablero, y Willy con un suave toque, acabaron con un Madrid valeroso pero impreciso.