El tráfico de Málaga se atasca sin soluciones a corto plazo
SOURCE:El Pais|BY:Nacho Sánchez
La expulsión de la población de la capital hacia el área metropolitana aumenta las retenciones en sus accesos mientras los municipios del litoral exigen soluciones al Gobierno
Al despertar cada mañana, Isabel Ruiz abre Google Maps. Señala su casa en Rincón de la Victoria como punto de salida y la Universidad de Málaga, donde trabaja, como destino. El trayecto de la herramienta por la autovía A-7 suele estar plagado de color naranja y rojo, reflejo de circulación densa o incluso detenida. “Cada día hay atascos por algo diferente: una avería, un accidente, la lluvia”, indica la profesora de Relaciones Públicas. “A veces debo salir con más de una hora de antelación para un trayecto de 20 minutos”, subraya. Su calvario es el mismo que el de miles de personas que se desplazan a diario hasta la capital malagueña desde el área metropolitana. La expulsión de la población desde la ciudad a su entorno, la falta de nuevas infraestructuras y un escaso desarrollo del transporte público están en la base de un problema de movilidad que sufren miles de personas a diario: según el Plan de Infraestructuras del Transporte y la Movilidad de Andalucía (Pitma) de la Junta de Andalucía, el 85% de los desplazamientos entre municipios malagueños se hace en vehículo privado.
A principios del siglo XXI, en la etapa previa a la crisis financiera que estalló en 2008, Málaga recibió una lluvia de millones en forma de obras públicas. Las carreteras se llevaron gran parte del premio. Entre 2010 y 2011 se inauguraron la llamada hiperronda —que rodea la ciudad hasta Torremolinos con tramos de hasta cinco carriles— y la ampliación de parte de la ronda este a tres carriles, que generaron fluidez en la circunvalación. También la apertura de la autopista A-46 de Las Pedrizas, que alivió la llegada de vehículos desde el interior porque pueden viajar —previo pago del peaje— hacia la Costa del Sol sin pasar por la capital. “Con las nuevas infraestructuras todo mejoró”, señala el arquitecto Antonio Vargas, especialista en movilidad, que apunta algunas excepciones como los accesos a la universidad o al Parque Tecnológico, convertidos en embudos porque miles y miles de trabajadores y estudiantes tienen los mismos horarios de entrada y salida cada día.
El problema, sin embargo, fue volviendo poco a poco porque desde aquellos años ningún gobierno —ni el de Mariano Rajoy ni el de Pedro Sánchez— ha apostado por grandes nuevas carreteras en el entorno de una capital que ha cambiado radicalmente en la última década. Los atascos diarios en las rondas de son, desde hace varios años, uno de los grandes temas de conversación locales. La situación se ha agravado desde la pandemia por distintos motivos.
Uno de los principales es el aumento de población. El número de habitantes de la capital ha crecido un 3,5% en el último lustro hasta rozar los 600.000. Muchos de los nuevos vecinos son trabajadores extranjeros o de otras zonas del país, que han llegado al rebufo del gran momento que vive la ciudad. Otro gran factor, según la arquitecta urbanista Susana García Bujalance, es la ausencia de nueva vivienda para asumir dicha demanda, al que se ha sumado la explosión de los pisos turísticos, que son ya más de 13.000 en la ciudad.
Expulsión de la población
“El precio de los pisos ha subido y los ocupan personas con más poder adquisitivo. Así que el resto, incluidos los vecinos de siempre, tienen que irse a vivir al extrarradio. Eso sí, la gente se va fuera, pero el trabajo sigue en la ciudad y, como consecuencia, el tráfico es mucho peor”, subraya García Bujalance, que también es investigadora. Un informe de la compañía TomTom revela que los malagueños tardan, de media, 20 minutos en realizar 10 kilómetros alrededor de la capital y que pierden 45 horas al año en atascos.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que las localidades del entorno multiplican hasta por seis el crecimiento de la capital: Alhaurín de la Torre ha aumentado un 9,4% su población, Cártama otro 9,7%, Almogía un 12,5%, Rincón de la Victoria un 7,5% y Casabermeja hasta el 16% más, tendencia que también siguen otras localidades algo más alejadas como Coín, con un 17,2% más de residentes desde 2020. “El cambio se ha producido en tan poco tiempo que todo ha colapsado”, insiste García Bujalance.
Su tesis la confirman también los datos de un estudio de movilidad del Ministerio de Transportes. Recogidos por Julián Molina, matemático de la Universidad de Málaga, destacan que unas 175.000 personas del área metropolitana se desplazan a la capital a diario para trabajar. Son trayectos con un “enorme coste medioambiental”, como indica Molina, pero también tienen coste económico y personal para quienes hacen ese trayecto.
“Si una (gran) parte de esas personas pudieran volver a vivir en Málaga, ¿Tendríamos un problema de movilidad?”, se preguntaba en un hilo en X donde analizaba la cuestión. “No solo tenemos que invertir en mejorar las infraestructuras de transporte para un tráfico cada vez mayor desde la zona metropolitana, también tenemos que invertir en mejorar las condiciones para acceder a una vivienda en Málaga capital”, resumía.
La planificación urbanística de la Costa del Sol más cercana a la ciudad no ayuda: multitud de complejos residenciales repartidos por el territorio sin apenas conexión entre ellos y solo una vía de escape, la autovía. Tampoco lo ponen fácil el poco suelo libre y la escasa coordinación entre los municipios para abordar medidas conjuntas.
“Sabotear” el tráfico
Sí se han puesto de acuerdo para protestar. Todas las ciudades de la costa están gobernadas por el Partido Popular, que lleva más de un año con una clara estrategia de desgaste para culpar una y otra vez al gobierno de Pedro Sánchez de la escasa inversión en movilidad. Piden alargar aún más el tercer carril en la ronda este o la liberalización del peaje de la autopista AP-7, pero también el impulso definitivo del tren litoral, entre otras muchas medidas.
Este último otoño han intensificado el hostigamiento porque los atascos se han vuelto casi permanentes cada día. Su insistencia se ha plasmado en titulares continuos en la prensa local, logrando el objetivo de los populares. En octubre, el coordinador general del PP en Málaga, Cristóbal Ortega, acusó al Ministerio de Transportes de “sabotear” el tráfico local. En noviembre, el partido reactivaba una recogida de firmas. “La movilización ciudadana es fundamental”, decía entonces Francis Salado, presidente de la Diputación Provincial —que hace unos meses presentó un estudio de mejora de las salidas de la autovía para reducir la congestión— y alcalde de Rincón de la Victoria, uno de los municipios más afectados. “Tenemos que poner sobre la mesa medidas reales y efectivas que tengan un impacto inmediato, como los carriles reversibles, la reordenación de los accesos, el proyecto del tercer carril y, por supuesto, una unidad de respuesta rápida ante los alcances y averías para evitar retenciones kilométricas”, decía la presidenta del PP en la provincia, Patricia Navarro.
“Durante mucho tiempo, Málaga se preocupó del desarrollo y no de que hubiera un buen transporte”, replicó el ministro de Transportes, Óscar Puente, esta Navidad en una entrevista en La Opinión de Málaga. Recordaba que no hay soluciones milagrosas y que el Gobierno mejora ya varias conexiones de la A-7, además de mostrarse muy optimista con el tren litoral, cuyo estudio de viabilidad fue contratado en verano, trabajo que también analiza la mejora del Cercanías hasta Fuengirola.
Antes, y durante meses, ha sido el subdelegado del Gobierno, Javier Salas, el encargado de responder a cada bombardeo de críticas. “La sobreactuación y la demagogia del PP no tiene límites”, decía Salas hace unas semanas, cuando remarcaba que el Ejecutivo ya trabaja en la ampliación de la A-7 tanto en la zona oriental como occidental. Y recordaba que los populares critican la situación en dicha carretera, pero olvidan lo que ocurre en el tramo de autovía de la A-357, que depende de la Junta de Andalucía, donde los atascos son ya también habituales.
Su equipo, que subraya que la llegada del AVE o la ampliación del aeropuerto se realizó con gobierno socialistas, también recuerda que Málaga no cuenta con aparcamientos disuasorios en sus entradas —el Plan de Movilidad Urbana Sostenible de Málaga, aprobado en 2021, preveía 10 con 5.500 plazas, pero ninguno está hecho— y señalan las escasas líneas de autobuses que unen los municipios metropolitanos a través del Consorcio de Transporte Metropolitano del Área de Málaga. “La solución no es inmediata”, señalan desde la Plataforma Infraestructuras Málaga, que defiende la promoción del transporte público. “Los gestores públicos deberían haber tomado cartas hace mucho tiempo”, insisten.
“Sin transporte público de calidad no puedes pedir a la gente que no se suba a su coche”, añade García Bujalance, que cree que el Gobierno debe seguir trabajando en la mejora del Cercanías y desarrollar de una vez el tren litoral. “Porque ampliar carreteras no servirá: si haces más carriles, llegarán más coches y volverán los atascos”, indica la experta. “Es un problema complejo de resolver que hay que mirar desde distintas ópticas, pero las administraciones sólo actúan cuando el clamor, como ahora, es ensordecedor”.