El viaje ancestral de los últimos nómadas persas
Desde tiempos inmemoriales, la comunidad bajtiari de Irán migra desde las llanuras inferiores hasta los pastos situados a 2.500 metros en los montes Zagros, al oeste del país. En compañía de sus familias y del ganado que les procura el sustento, los bajtiaris se ponen en marcha y hacen frente a una peligrosa travesía. Un rito antiguo pero amenazado por los nuevos tiempos.
Desde tiempos inmemoriales, la comunidad bajtiari de Irán migra desde las llanuras inferiores hasta los pastos situados a 2.500 metros en los montes Zagros, al oeste del país. En compañía de sus familias y del ganado que les procura el sustento, los bajtiaris se ponen en marcha y hacen frente a una peligrosa travesía. Un rito antiguo pero amenazado por los nuevos tiempos.

Claudio Sieber
En lo alto de las montañas Zagros de Irán, puñados de familias bajtiaris siguen migrando estacionalmente a pie con sus rebaños, trazando rutas excavadas en los campos de nieve. Algunos de estos caminos se han utilizado durante siglos, conectando los pastos de invierno en las tierras bajas con las zonas de pastoreo de verano a más de 2.500 metros de altura. El viaje, conocido como el Kooch, es a la vez subsistencia y herencia. En un país marcado por las sanciones, la escasez de agua y la creciente urbanización, este modo de vida sobrevive bajo una presión creciente.
La migración ya no se rige únicamente por las estaciones, sino por la disminución de las tierras de pastoreo, los proyectos de presas, las precipitaciones irregulares y la constante atracción de las ciudades. Lo que una vez fue la columna vertebral de la sociedad persa —cuando las tribus nómadas y seminómadas constituían una parte significativa de la población— se ha vuelto cada vez más raro. Hoy en día, solo una pequeña fracción de las familias bajtiaris aún completan la migración completamente a pie. Aquí, el movimiento lo dicta todo. Aquí, en la larga marcha de los últimos pastores nómadas de Irán, no hay separación entre trabajo, familia y supervivencia. Para ellos, la migración nunca ha sido un gesto romántico. Es trabajo, riesgo y negociación constante con el paisaje.
Estas gentes se resisten a una vida sedentaria, pero a medida que menos familias continúan con el Kooch, las preguntas surgen: ¿Qué queda de una cultura construida sobre el movimiento cuando el movimiento mismo se vuelve imposible? ¿Qué sucede cuando las rutas ancestrales desaparecen bajo carreteras, presas y fronteras? Los bajtiaris no están desapareciendo, pero se están transformando. Cada viaje es un acto de persistencia. Por ahora, las montañas aún recuerdan sus huellas.











