Empleos que no dan para vivir
Las lectoras y los lectores escriben sobre la precariedad laboral, las dificultades para que ser atendidos en el Instituto de la Seguridad Social, el difícil bienestar en EE UU y la importancia de formar el pensamiento
Cada vez que se habla del récord de dimisiones se insinúa que los trabajadores, especialmente los jóvenes, somos poco comprometidos. La realidad es que muchos empleos no permiten vivir. Salarios mínimos en grandes ciudades, horas extra sin pagar y un discurso repetido: “Si te esfuerzas, llegará el ascenso”. Años después, sigues cobrando lo mismo o ganas 50 euros más al mes como un gran logro. Cuando decides irte, el relato es rápido: los jóvenes no quieren trabajar. Pero con esos sueldos apenas se paga lo básico. No hay estabilidad, ni ahorro, ni futuro. Solo aguantar. Y aguantar no es sinónimo de compromiso. No queremos aceptar cualquier cosa a cualquier precio. Para eso nos hemos formado, pagado estudios, hecho años de prácticas y contratos basura que se han normalizado. Quizá el problema no sea que la gente dimita, sino que demasiados empleos no merecen que alguien se quede.
Nerea Díaz-Maroto. La Puebla de Almoradiel (Toledo)
Cita imposible en el INSS
La cita con el Instituto Nacional de la Seguridad Social es un imposible. Ellos lo saben, pero no ponen remedio a esa masiva frustración. Nos hacen perder el tiempo a sabiendas de que no conseguiremos la cita. Ya sea por teléfono, en la página web o de la aplicación del móvil. Habrá un momento en que te dejarán derrotado, impotente, frustrado y sólo te quedará el último recurso de escribir estas letras hasta que un responsable del Instituto se sonroje.
Koldo Aldai. Artaza (Navarra)
EE UU tiene que aprender
A mis 22 años tengo claro que el poder no convierte a ningún país en un modelo. Estados Unidos lo demuestra. Allí se permite que personas mueran en la calle sin atención médica; la posesión de armas causa tragedias recurrentes en colegios; el color de piel puede llevarte a una deportación; el derecho internacional y las libertades se olvidan cuando estorban. Todo, en un Estado sin un verdadero sistema de bienestar, ese que debería ser la prioridad de un gobierno que se diga democrático. La salud, la protección social o la seguridad no pueden depender de la cuenta bancaria. No hay nada que envidiar en ese modelo. Quizá sea EE UU quien deba aprender de otros países que, con muchos menos recursos, han entendido que el bienestar colectivo no es un lujo, sino un deber.
Miguel Villar Rodríguez. Ciudad