“Es terrorífico que los restos de mis familiares hayan terminado en un vertedero, pero hemos recuperado su historia”
Un reportaje de EL PAÍS permitió localizar a los familiares de Los Garbanzos, un matrimonio fusilado en 1936, pero la fosa ha desaparecido
El pasado octubre, EL PAÍS publicó un reportaje que recogía los 16 años de investigación de Santiago Macías, presidente de la asociación Semillas de Memoria, sobre una pareja de fusilados en 1936 de los que, en un principio, solo conocía el mote, Los Garbanzos. Eran todas las señas que pudo darle Martina Fernández, la anciana que, antes de los tiros, oyó a los verdugos dirigirse así a sus víctimas: un hombre y una mujer, y que en 2009 llevó a Macías hasta el lugar donde se cometió el crimen. Martina le explicó que los vecinos de Fresnedo, cercano a Cubillos del Sil (León, 1.700 habitantes), que enterraron los cadáveres no los conocían. No eran de allí. Cuando parecía que ya no había más rastro del que tirar, un hombre que no quiso identificarse donó al investigador las notas que había empezado en la Transición con información que había ido recabando sobre la represión franquista en El Bierzo. En uno de los papeles, titulado Represaliados Ponferrada, mencionaba: “Julio y Leocadia, apodada ella La Garbanza”. Macías consultó entonces el padrón de Ponferrada del año 1935. En la calle Eladia Baylina, número 1, encontró a Julio Fernández y Leocadia Martín, de 39 y 37 años. En el padrón de 1940, el siguiente que se hizo, ya no aparecían. Con esa información y el permiso de las autoridades para abrir la fosa, este periódico publicó los datos de la investigación y el croquis del lugar para tratar de localizar a algún familiar de las víctimas. ”Yo soy suscriptora de EL PAÍS", relata Julia Gómez, “estaba leyendo el reportaje como si fuera una historia ajena y, de repente, al ver los apellidos, se me encendió una luz: eran ellos”.

La familia no los estaba buscando porque no creía posible encontrarlos. “Cuando me enteré de que un hombre llevaba 16 años investigando sobre ellos, aluciné”, relata Julia. “EL PAÍS nos dio ese regalo. Se lo comenté a tres primos, nos emocionamos muchísimo... Julio era mi tío abuelo. Mi abuela paterna, su hermana, murió cuando yo tenía cinco años. Otra de sus hermanas, Epifania, que vivió hasta 1999, lloraba cada vez que lo recordaba. Siempre contaba que, cuando fueron a buscarle a su casa, su mujer, mi tía abuela Leocadia, dijo: ‘Yo voy con mi marido. Mátennos a los dos’. Yo me llamo así por él”. Julio y su sobrina nieta nacieron el mismo día, un 12 de abril, con 62 años de diferencia.
La familia de Julio Fernández y el investigador intercambiaron información para completar el puzle. Los primeros, aportando datos sobre la vida de Los Garbanzos; el segundo, sobre las circunstancias de su muerte. Después de 16 años indagando sobre las víctimas de aquel crimen olvidado, Macías, que se había obsesionado con aquel matrimonio borrado de la tierra, apartado del mundo, por fin pudo ponerles cara gracias a una fotografía que le envió su sobrina nieta. Julio tiene los ojos almendrados, un corte de pelo moderno para la época, las orejas algo de soplillo. Leocadia ofrece una mirada más triste, lleva un moño de medio lado, con las ondas típicas de los años veinte. Él lleva un pañuelo al cuello; ella, una estola de piel. Es invierno. Fueron asesinados lejos de sus respectivos pueblos, La Hiniesta y San Martín de Valderaduey, en el verano de 1936.

