Este año va a ser
Gravita por las primeras horas del año el ancestral propósito de enmienda, iré al gimnasio, dejaré de beber, veré menos la tele, ahorraré, amortizaré la hipoteca, blablablá. La resaca de la Nochevieja nos retrasa la voluntad de reforma al menos hasta el atracón del mediodía, el triste empacho de las sobras. Y siempre promulgamos la aspiración de comer sano mientras estrujamos un mantecado. Pero nos consuela fantasear con que este año va a ser. Este sí. Este es el bueno. Algunos incluso nos desgalgamos sobre la idea de que en 2026 veremos caer a Pedro Sánchez. No logramos ponernos a dieta y aspiramos nada menos a que el presidente convoque elecciones. Por eso el día de Año Nuevo es tan hermoso. Hay en él un embrujo fascinante que nos arrastra al optimismo feroz, al cambio de ciclo definitivo, al comienzo de nuestra nueva vida. Ahí está el error. ¿Dónde está escrito que lo nuevo es mejor? Todo se desvanece en la segunda hoja del almanaque, o como mucho el día del regreso de las vacaciones presidenciales, el de la primera sesión parlamentaria con el espíritu pervertido de fray Luis de León, decíamos ayer ... Pero hoy es hoy y debemos permitirnos la fabulación quijotesca antes de que el matasuegras se marchite, taciturno y ensalivado, y la rutina nos arrolle con su avasalladora melopea de la ultraderecha, que se pasea de madrugada bajo una sábana por el pasillo, bu, bu, que viene. Hoy tenemos la oportunidad de soñar con una España unida, sin corruptos ni preceptores machirulos del feminismo, sin familiares investigados ni instituciones públicas abatidas por el omnipotente, sin diputados en la cárcel ni desconocidos en las secretarías de organización, con presupuestos, con pluralidad, con sentido común, con ética y con vergüenza. Mañana volverá Puigdemont, cantará Aldama, Koldo pondrá a la venta otro disco duro, habrá otro vis a vis de Ábalos y la línea roja de la financiación ilegal se repintará de verde. Pero hoy no, hoy debemos encender las velas de 2026 con la ilusión de las urnas. Este año va a ser. Este sí.En el último trago de Chinchón o de Cazalla, de Machaquito o del Mono daremos un jipío hacia la utopía del adelanto electoral porque el fuego del aguardiente atravesando nuestro pecho nos impulsará a gritar que es imposible seguir así, que esto no hay quien lo aguante, que esta vez va a caer, que los socios no van a poder sostenerlo más y que la UCO le va a estrechar el paso hasta que ya no tenga otra salida. Pero mañana comprobaremos otra vez que la chistera de La Moncloa es como el bolso de Mary Poppins, que de ahí pueden salir subidas de sueldo a los funcionarios sin presupuestos aprobados, el cupo catalán sin acuerdo sobre la financiación, la constitucionalidad de la amnistía y la inconstitucionalidad de la condena al fiscal general, los tertulianos lacayos de TVE y el cuentakilómetros a cero del Peugeot.¿Y lo hermoso que es comerse los restos de huevo hilado pensando que este año va a ser?