Estopa y Chenoa: correctos, cada uno en su mundo en unas campanadas que no pasarán a la historia
La despedida del año de RTVE ha estado dirigida a una generación que creció con los tres y con La Oreja de Van Gogh
No me había recuperado aún de la canción de pop evangélico que se marcó La Oreja de Van Gogh para celebrar la vuelta de Amaia Montero, ni del estilismo elegido (todos dijimos en casa y creo que en la de más gente, “parece un edredón”), cuando conecté con Antena 3 y apareció Cristina Pedroche con una nueva indumentaria más imposible que nunca que ocultaba el vestido, que es lo único que le importa a la gente de esa conexión. La noche promete, pensé. Entonces puse TVE y vi a Chenoa, muy linda, sola en el balcón de la puerta del Sol del Madrid, sin los otros presentadores, con su soltura habitual y dije, venga, que no está todo perdido. Antes un poco de contexto, va.
Para animar a todos los exhaustos del efecto vestidocristinapedroche, entre los que me incluyo (12 nocheviejas seguidas con modelos cada vez más estrafalarios), TVE lleva varios años, con este 2025 incluido, sacudiéndonos con apuestas poco tópicas. Como Mediaset ha tirado la toalla, dándose por vencida tal noche como esta, digamos que el duelo está claro. O el instante preciso en el que Cristina se quita la capa o lo que sea que tape la indumentaria insólita, ante la mirada asombrada del otro, (reconoced que no le prestáis atención alguna a Alberto Chicote), o la cadena pública, sean quienes sean los elegidos.
Tras la baja lógica y bien argumentada de Andreu Buenafuente y Silvia Abril a principios de diciembre, había que darse prisa para encontrar sustitutos a la altura. Me consta que no ha sido fácil, porque, aunque parezca que a todos los artistas les hace muuucha ilusión presentar las campanadas, no es verdad: algunos dicen que ni pensarlo. Así que empecemos diciendo que aceptar el envite, (o el marronazo, que es como yo lo calificaría) sabiendo que no eras la primera opción, y que te van a mirar con lupa y luego escribir sobre la jugada gente como yo, por ejemplo, que no sabría ni cómo llegar al balcón, ya me parece encomiable.