Europa 2035: ¿un puñado de dictaduras colonizadas y sometidas a amos extranjeros?
Lograr la necesaria unión democrática en el Viejo Continente no es una cuestión de falta de fondos, experiencia, manos o cerebros. Lo que falta es voluntad política
¿Se acuerdan del futuro? Ese era el destino hacia el que nos encaminábamos, cada vez más cerca de la famosa ciudad sobre la colina. Desde 1945 y, todavía más, tras la caída de la Unión Soviética, el futuro fue la promesa de crecimiento económico y justicia social sin fin, de desarrollo global y derechos humanos, de un mundo cada vez más democrático y liberal, basado en el comercio pacífico. “El futuro está asegurado, es el pasado lo que se ha vuelto impredecible”, decía un viejo chiste soviético.
Cómo pueden cambiar las cosas. Hoy, el futuro se ha convertido en una amenaza: crisis climática, guerra en Europa, crisis energética, democracias que se desmoronan, la operación militar en Venezuela, colonización digital, sociedades envejecidas. Sentir alarma por los cambios se ha vuelto una experiencia normal. Múltiples factores como el dióxido de carbono, la inteligencia artificial, la inmigración y las redes sociales están transformando las condiciones de vida en Europa a una velocidad sin precedentes.
El futuro ya no es prometedor —piensan millones de votantes—; no parece probable que vayamos a ser más ricos, que nos jubilemos antes ni vivamos más seguros. Los cambios van a ser casi sin duda para empeorar, así que lo mejor a lo que podemos aspirar es a que el presente no se acabe nunca. Los políticos que prometen eso están defendiendo el argumento central del miedo social.
Otros son más radicales y prometen llevar rápidamente a Europa de vuelta a un pasado que nunca existió, a las familias felices, la grandeza histórica, la verdadera masculinidad, la Verdad y el Imperio. Sí, la vanguardia política actual es tan reaccionaria como la que había a principios de la década de 1930. “El futuro de Europa ha dejado de ser un proyecto político”, dice el politólogo búlgaro Ivan Krastev.
¿Cómo se ha quedado Europa sin futuro? A partir de 1945, el continente se tomó unas vacaciones de la historia. Dejó el trabajo pesado en manos de Estados Unidos y se concentró en promover el crecimiento económico y la educación, la democracia, la cultura, los derechos humanos y la construcción de unos Estados sociales fuertes. De esa forma surgieron unas sociedades que eran y siguen siendo la envidia del mundo. Pero, en muchos casos, eso hizo que los europeos se convencieran, sin razón, de que esta situación paradisiaca, no se sabe cómo, se había logrado gracias a unas virtudes exclusivamente europeas, de que la paz y la riqueza eran consecuencia de la Ilustración, no de las armas nucleares estadounidenses y la voluntad de Europa de desempeñar un papel secundario frente a sus poderosos primos imperialistas del otro lado del Atlántico.