Europa tiene poco margen de maniobra para responder a las amenazas de Trump de tomar Groenlandia
SOURCE:El Pais|BY:María Sahuquillo
Los europeos pueden incrementar su presencia en la isla ártica, elevar la diplomacia e incluso imponer sanciones económicas. La respuesta militar es inviable
Donald Trump ha puesto Groenlandia bajo su mira. Y Europa tiene escaso margen de maniobra para evitar que se haga con ella. Los grandes países de la UE, encabezados por Francia y Alemania, analizan mecanismos para responder a las amenazas del presidente estadounidense y disuadirle de tomar la enorme isla ártica —un territorio autónomo dependiente de Dinamarca, país miembro de la Unión y, como EE UU, de la OTAN—, según afirmó este miércoles el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot. Pero sus acciones son todavía muy gaseosas. Entre los mecanismos disponibles, los europeos pueden aumentar su presencia en el ártico y apuntalar una estrategia que dé más importancia a la región, lanzar operaciones de diplomacia e incluso preparar un paquete de sanciones. Pero analistas y expertos creen que es difícil que eso diluya, a corto plazo, la codicia de Trump.
El desafío es que, en realidad, el argumento de fondo del jefe de la Casa Blanca está adulterado. Asegura que necesita Groenlandia para proteger su “seguridad nacional”. La isla está cubierta por la OTAN y con los acuerdos y tratados bilaterales entre EE UU y Dinamarca ya podría elevar mucho su presencia militar allí. Washington tenía 17 instalaciones militares en la isla. Las fue retirando tras el fin de la Guerra Fría y actualmente solo tiene una. Además, Copenhague y la propia Groenlandia se han mostrado dispuestos a elevar esa presencia. También a abrir nuevos canales de negocios.
“Cualquier medida de seguridad que Estados Unidos desee emprender ya está cubierta por los tratados existentes”, señala Mujtaba Rahman, director para Europa de Eurasia Group. “Por eso se sospecha que los objetivos son en realidad más siniestros. Se trata de bienes raíces, de territorio, de la expansión de Estados Unidos”, remarca.
Trump ya manifestó en su primer mandato que quería adquirir la isla. Algo que Dinamarca descartó tajantemente. Ahora, en su segundo mandato, ha elevado el tono. Y la mira. Europa afronta las nuevas amenazas con las mismas herramientas que la han llevado a la situación de debilidad. La Comisión Europea ha lanzado una consulta pública para actualizar su política para el Ártico “para hacer frente a los desafíos y oportunidades en evolución”. Y ha dado hasta marzo para mandar consideraciones a los Estados miembros, comunidades indígenas y locales, la industria, la sociedad civil y la academia.
Mientras, la Casa Blanca ha asegurado que no descarta el uso de la fuerza para tomar la isla (de 55.000 habitantes), muy rica en tierras raras y con una ubicación estratégica, en el Ártico, una región que con la crisis climática y el deshielo se ha convertido en mucho más deseable por la apertura de nuevas rutas marítimas y por su acceso al Atlántico Norte, tanto para el comercio como por cuestiones de seguridad.
“Si EE UU utilizara su fuerza militar para intervenir en Groenlandia, el margen de maniobra de Europa sería reducido. Prácticamente, se consideraría un hecho consumado”, reconoce Anna Wieslander, directora para el norte de Europa del laboratorio de ideas Atlantic Council. Sería una agresión de un aliado de la Alianza Atlántica —su líder, además, el más poderoso— a otro aliado; algo inédito e impensable hasta hace poco. Hoy, ya es posible.
Como medidas disuasorias, los europeos podrían aumentar su presencia militar en la isla. Por ejemplo, explica Jamie Shea, ex alto cargo de la OTAN hasta 2018, desplegar más buques de guerra europeos en Groenlandia, como ha hecho Francia, realizar maniobras militares conjuntas europeas de manera regular allí, establecer bases aéreas para aviones de combate europeos rotatorias.
También, ayudar a Dinamarca a combatir la influencia de las redes sociales y la diplomacia pública de Estados Unidos con contramensajes sólidos, buscar incorporar más a Groenlandia en los fondos regionales de la UE, el mercado único.
“Todas estas medidas complican la planificación en Washington. Sin ser abiertamente conflictivas con Estados Unidos dividen a los asesores de Trump y llevan a muchos de ellos a enfatizar los riesgos en lugar de las oportunidades y beneficios de una intervención militar ilegal de Estados Unidos”, apunta Shea, también investigador del centro de pensamiento Friends of Europe. Y por encima de todo, remarca, los europeos tienen que aparecer en los medios estadounidenses para demoler todos los “pseudoargumentos” de Trump sobre por qué Estados Unidos necesita adquirir Groenlandia.
“No hay ningún Maduro groenlandés que comercie con drogas y ametralladoras ni falsifique resultados electorales”, dice Shea. “Los europeos deben subrayar que las preocupaciones de Trump sobre la seguridad de la OTAN en el Alto Norte pueden abordarse a través de la Alianza. Trump aboga por una solución en busca de un problema”, comenta el experto.
También hay que usar la diplomacia activa, señala Anna Wieslander. Emitir mensajes contundentes a Trump de que existen otras maneras de lograr avances económicos y de seguridad; y, en paralelo, tratar de conseguir el apoyo del Congreso de EE UU. En esa línea, los grandes países europeos han emitido una declaración de respaldo a Groenlandia y Dinamarca. “Groenlandia pertenece a su pueblo. Corresponde a Dinamarca y Groenlandia, y solo a ellos, decidir sobre los asuntos que conciernen a Dinamarca y Groenlandia”, dice el texto firmado por Francia, Alemania, Reino Unido, España, Italia y Polonia, junto al país nórdico y al que se han adherido otros países de Europa y Canadá.
Si el magnate republicano lanza la intervención con la que ha amenazado, Europa, con escasos mecanismos militares para enfrentarlo, podría imponer sanciones económicas a Estados Unidos. De hecho, voces como la de Wieslander y Shea proponen ir preparando un paquete de represalias para activarlo en caso de que Washington lance la incursión. “Hay pocas palancas militares, pero muchas medidas económicas y Europa debe estar preparada para utilizarlas. No debe parecer débil”, zanja Shea.
Varias fuentes de las instituciones comunitarias, que han mantenido un perfil muy bajo siguiendo su política de tratar de no molestar a Trump, señalan que las sanciones tendrían un alto coste para los europeos. Y supondrían abrir otra grieta en una situación todavía de riesgo: el viejo continente no solo depende del paraguas de seguridad de EE UU, sino también de otros elementos que componen la vida diaria de la ciudadanía, como la tecnología.
La pregunta clave para aventurar una reacción y prepararse es qué tipo de intervención estadounidense habrá. Mujtaba Rajman cree que es muy improbable que haya tropas sobre el terreno. “Es posible una invasión con dólares, un intento de influenciar y comprar a políticos locales y a segmentos del electorado afines; también el argumento de que Estados Unidos está allí para liberar a los groenlandeses”, señala el experto.
Ian Lesser, director de la oficina de Bruselas del German Marshall Fund, cree que es posible que Estados Unidos aumente la presión sobre Groenlandia para asegurar oportunidades de inversión preferenciales, tal vez alguna expansión adicional de las instalaciones militares estadounidenses que ya existen. “Cuando [Trump] habla de seguridad nacional se refiere tanto a la seguridad en el sentido convencional como a la económica”, explica por teléfono.
“Al igual que en Venezuela, los instrumentos utilizados fueron militares, pero en realidad los intereses de los que habla son principalmente económicos. Se trata de los recursos energéticos de Venezuela, su desarrollo y la inversión, y en un sentido más amplio, una especie de protección de la hegemonía estadounidense en Occidente”, añade Lesser.
Pocos dudan ya de que Trump vaya a intentar algo grande en la isla, de hecho, varias fuentes de inteligencia señalan que las operaciones de influencia ya han empezado en la isla ártica. La cuestión es cómo se resolverá. “Lo más probable es que los europeos presionen a Copenhague para llegar a un acuerdo amistoso con los estadounidenses, porque así es como se soluciona el problema”, vaticina Rajman.