Guía para levantar adecuadamente a los perros según su tamaño
Un perro que siente que puede caerse que se encuentra inestable se resistirá y se retorcerá más, con el consiguiente riesgo para ambos.
Hay gestos cotidianos que parecen fáciles hasta que se hace evidente que no lo eran. Sucede con la forma de levantar a un perro, una maniobra que la mayoría de personas resuelve de manera intuitiva pero que, si se analiza con algo de calma, implica mucho más que ‘cogerlo en brazos’. El cuerpo del animal funciona como una estructura en la que cada apoyo transmite estabilidad, y retirar de repente el contacto con el suelo sin un reparto uniforme del peso les genera inseguridad, miedo y, en casos concretos, dolor. Ocurre sobre todo con animales mayores, con dolencias musculoesqueléticas o con los más pequeños, que dependen enteramente del modo en que sus cuidadores les sostienen.
La cuestión no se limita al bienestar del perro. Quien lo levanta también está asumiendo una carga física que, si se realiza con la postura inadecuada, puede acabar en un tirón lumbar o una caída. La clave está en anticipar el movimiento, preparar la base corporal y sostener al perro de manera que sienta que no se va a caer. Un perro que percibe seguridad es un perro que reduce su tendencia a retorcerse, escabullirse o intentar saltar al suelo antes de tiempo.
Y en la práctica diaria todo esto se complica, bien porque se trate de un cachorro que no sabe aún manejar la altura, de un perro de raza toy que se escurriría entre manos inexpertas, de un animal de tamaño medio que debe subir al coche al que tiene miedo, o un perro de talla grande al que hay que trasladar tras una cirugía o una lesión. Por eso esta guía, enriquecida con técnicas de manipulación corporal básicas y criterios veterinarios, busca ofrecer orientaciones que sirvan hoy y dentro de diez años, independientemente de la moda del momento o de la proliferación de vídeos virales que trivializan la maniobra.
Cómo levantar correctamente a los perros pequeños
Los perros de tamaño pequeño generan la ilusión de que ‘no pasa nada’ si se levantan con rapidez o con un solo brazo, como quien recoge un peluche del suelo. Sin embargo, al carecer de masa corporal suficiente para estabilizarse solos, cualquier elevación brusca o mal distribuida puede resultarles incómoda o incluso intimidatoria. Y ese primer instante, ese momento en el que dejan de sentir el suelo, es determinante para que colaboren y no entren en pánico.
El punto de partida consiste en colocarse a su altura. Flexionar las rodillas, mantener los pies separados y descender hasta situarse lo más cerca al nivel del animal reduce la sensación de invasión y protege la zona lumbar de quien lo levanta. Desde esa postura, se coloca una mano bajo el pecho, justo detrás de las extremidades delanteras, y la otra mano bajo los cuartos traseros. Ambas manos trabajan como un soporte continuo que distribuye el peso y mantiene la espalda del perro en línea. Cuando ya está asegurado el punto de apoyo anterior y posterior, se eleva el cuerpo utilizando la fuerza de nuestras piernas y manteniendo al perro para evitar movimientos bruscos.