Kourou, el corazón amazónico desde donde Europa viaja al espacio
Un autobús circula por una carretera que cruza la selva a las afueras de Kourou, en la Guayana Francesa. Un trozo de Francia en medio de un bosque tropical en la Amazonía. Pasa sobre anchos y marrones ríos, hay lianas por todas partes colgando de árboles tropicales, altos y bajos, una humedad asfixiante. De repente, el vehículo frena. «¡FijAos, un capibara !», dice Renata, la guía, mientras los periodistas se agolpan frente a las ventanas para mirar el espectáculo. El mayor roedor del mundo pasa tranquilo y se pierde entre la frondosa vegetación, ajeno a la expectación que ha causado. «Muchas veces tenemos que parar para dejar pasar a toda una familia de pecaríes o armadillos, aunque aquí también hay jaguares, perezosos, varias especies de monos…», explica a un pequeño grupo que está allí no para dar cuenta de toda aquella biodiversidad; sino para cubrir el lanzamiento de un enorme cohete que se elevará por los cielos en cuestión de horas y que ahora aguarda entre la selva. Porque aquí, en medio de la jungla, se ubica el puerto espacial europeo desde donde despegan los cohetes que se construyen en nuestro continente, al otro lado del Atlántico. De hecho, contrastan sobre la vegetación las blancas instalaciones del Centro Espacial Guayanés (CSG) que salpican un vasto territorio que abarca unos 700 kilómetros cuadrados -más amplio que el área metropolitana de Madrid-. El grupo se acerca a una de aquellas altas torres, donde aguarda el flamante Ariane 6, el recién estrenado lanzador de la Agencia Espacial Europea (ESA) que mide 56 metros de altura y realizó su viaje inaugural apenas hace un año. El cohete llega por partes, construidas en diferentes puntos de Europa, a bordo de un gran buque, el CanopéeNo obstante, llegó 'troceado' a Kourou, transportado en un enorme barco llamado 'Canopée'. La gigantesca embarcación realizó distintas paradas en Europa para recoger todos los componentes que en cuestión de días se juntaron y ahora aguardan resguardados bajo la plataforma, conformando el cohete. El de esta tarde será su primer y último viaje al espacio ya que, de momento, este modelo no es reutilizable.«La etapa superior se fabrica en Alemania; la etapa principal en Francia; algunos componentes también desde España ; los propulsores los hacemos aquí. Todo eso hay que ponerlo junto, ensamblarlo con todas las conexiones eléctricas necesarias y las verificaciones pertinentes», explica Rodrigo Ávila de Luis, responsable de Seguridad de Vuelo en el Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES), la agencia espacial francesa y que es propietaria del CSG, si bien las instalaciones son administradas en conjunto con la ESA y Arianespace (la empresa que comercializa y opera los cohetes Ariane y Vega). Este joven ingeniero aeroespacial madrileño, que cambia fluidamente del español al francés o al inglés, es quien monitoriza los últimos momentos del lanzamiento. Sobre todo, si algo sale mal.Cohetes y jaguares En la foto principal, la plataforma de lanzamiento del Ariane 6 ya retirada, a unas horas del lanzamiento. Abajo a la izquierda, imágenes de jaguares en el CSG tomadas por las cámaras de control del recinto, que monitorizan la vida salvaje de los alrededores; a la derecha, la cofia del Ariane 6 en el que viajó el Sentinel-1D antes de ser ensamblando en el cohete ESA/CNES/Arianespace/ArianeGroupAños de preparativosPero hasta ese momento aún quedan horas de intensos preparativos y de revisiones del trabajo previo, en el que se ha tenido muy en cuenta la preciada carga que llevará el Ariane 6 al espacio. En este caso, el único pasajero es el delicado Sentinel-1D , un satélite polivalente que observará la Tierra para desde el deshielo de los polos hasta ayudar en tareas de rescate en caso de una catástrofe natural. «Es un instrumento muy sensible que, si recibe una señal por encima de cierto valor, puede resultar dañado, por lo que hay que trazar un plan previo», explica por su parte Salvador Mercader Pellicer, ingeniero de antenas de la Agencia Espacial Europea (ESA). Es decir, aunque el Ariane 6 tarde apenas media hora en poner el satélite en su ubicación, los preparativos hasta ese momento se extienden no solo días, sino meses e incluso años.Noticia Relacionada reportaje Si De catástrofes a barcos pirata: Sentinel-1D, el ojo espacial que todo lo ve Patricia BioscaBien lo sabe Ana García, jefa de Ingeniería del satélite Sentinel-1D, quien lleva una década trabajando en los nuevos 'ojos' de la ESA, que ahora están encerrados en el interior del lanzador. «En el momento que ves cómo se cierra el satélite dentro de la cofia es muy especial, porque ves que muchos años de tu vida se quedan ahí y lo dejas a la suerte de un cohete que no has fabricado tú», relata. «Siempre te queda el miedo de que aquello estalle, de que haya algún problema y el satélite no pueda llegar a la órbita que está definida».La cuenta atrásEl tiempo pasa frenético en las diferentes salas de control del CSG. Varios equipos con cientos de personas controlan los parámetros que van arrojando los sensores de la plataforma de lanzamiento, del cohete, de los satélites meteorológicos… En las pantallas se pueden ver barras verdes y rojas, indicadores que cuentan el minuto a minuto del estado del lanzador, la carga de combustible (que tarda varias horas en completarse), la velocidad del viento o la humedad, factores que influyen de lleno en que el cohete despegue. O no. «A dos minutos del despegue ya no se puede posponer el lanzamiento y el cohete sale sí o sí» Rodrigo Ávila de Luis Responsable de Seguridad de Vuelo en el CNESAlrededor de 20 minutos antes de la hora programada de lanzamiento, el equipo al completo lleva a cabo el 'Go/No Go' (Adelante/No listo), la comprobación final de todos los sistemas para continuar con los preparativos hasta el momento del despegue y donde el responsable de cada parte da su visto bueno. En el caso de que tan solo uno de ellos diga el temido 'No Go', el vuelo se cancela. Esta vez, todos están de acuerdo y dan luz verde al proceso.El siguiente paso crítico se da seis minutos antes del T-0: ese es el momento en el que la cuenta atrás se vuelve automática; los ordenadores toman el control y paralizan el lanzamiento en el caso de que algún indicador cambie. Si esto ocurre, los ingenieros deben buscar a contrarreloj la causa y valorar si se puede reparar en el momento, posponiendo la cuenta atrás, o es necesario cancelar el lanzamiento. Para el tercer vuelo del Ariane 6, todo sale según lo planeado. Sigue la cuenta atrás.Si algo sale mal«A dos minutos del despegue ya no se puede posponer el lanzamiento y el cohete sale sí o sí», explica Ávila de Luis, quien es uno de las pocas personas con acceso a la llamada 'sala del botón rojo'. Desde ahí se monitoriza el estado del cohete y se «neutraliza» -para simplificar: se hace explotar- en caso de que algo vaya mal. «Si eso ocurre, se produce una fragmentación que genera una zona de riesgo, donde efectivamente caen partes del cohete. No obstante, nosotros nos aseguramos de que esa zona sea siempre el mar y lugares donde no hay población». Leyenda de los alrededores del CSG, junto a la localidad de Kourou y al Océano Atlántico ESA/ABCLa ubicación del CSG tiene, de hecho, mucho que ver en la seguridad: al estar localizado junto al mar, se puede lanzar en múltiples trayectorias (un medio arco de más de 180 grados). «Tenemos una abertura total de todas las posibilidades de inclinación de órbitas porque estamos abiertos al Océano Atlántico», dice el responsable del CNES. «Además, estamos muy cerca del ecuador, lo que nos permite ganar velocidad con menos combustible y llevar más carga».Vista aérea de la zona de lanzamiento del CSG. En la imagen se puede observar la selva alrededor de las plataformas y, al fondo a la izquierda, el Océano Atlántico esa/cnes/arianegroup/arianespaceEl momento de la verdad«Tres, dos, uno… ¡ Despegue !», anuncia con una puntualidad británica pero en francés Jean-Frédéric Alasa , director de lanzamiento del CNES. Es el único que no contiene la respiración porque este ingeniero espacial guayanés (la tradición manda que preferentemente sea un local el encargado de comandar el despegue de los cohetes que salen desde aquí) es el último responsable del vuelo. Esta tarde, y como acostumbran los Ariane, no hay sobresaltos más allá de la impresionante imagen de ver despegar un cohete (algo que últimamente en el espacio no suele abundar en beneficio de ' equivócate mucho y aprende rápido ' que predican las emergentes empresas espaciales).Momento del lanzamiento del Ariane 6 con el Sentinel-1D ESA/CNES/ArianeGroup/arianspaceEl Ariane 6 enciende sus dos propulsores P120C junto al motor principal, el poderoso Vulcan. A ocho kilómetros, desde el punto de observación Toucan, un centenar de personas, incluidos el grupo de periodistas que se sorprendieron con el capibara, es testigo de algo aún más sorprendente: cómo alza el vuelo el gigante europeo de 56 metros con su preciada carga a bordo. Unos segundos después llega hasta ellos el ruido ensordecedor que acompaña al lanzamiento, y que da cuenta de la potencia del vehículo. A los dos minutos, la etapa principal se separa ante la vista de todos los presentes, que lanzan al unísono una exclamación. «La trayectoria es nominal», se escucha a Alasa en la retransmisión desde el centro de control. Noticia Relacionada Centro Nacional de Estudios Espaciales estandar No Jean-Frederic Alasa, responsable de la cuenta atrás del despegue de cohetes: «Soy como un director de orquesta» Patricia Biosca El ingeniero aeroespacial guayanés lleva dos años y medio siendo el director de lanzamiento del CNES en las instalaciones del puerto espacial europeo en Kourou, en la Guayana Francesa. «Es muy emocionante»Poco después, el cohete se pierde en el cielo, dejando su estela errática pintada sobre el azul. Aún no hay celebración, porque el viaje continúa. Ahora se sigue a través de las pantallas, donde se muestran los datos de telemetría (altura, velocidad e itinerario esperado y real). La respiración se contiene hasta que la cofia se abre media hora después, dejando a Sentinel-1D en su nuevo hogar en el espacio, a casi 800 kilómetros de altura. Ahora sí, el júbilo invade el centro de control, con aplausos, abrazos y caras de alivio. Y mientras el Ariane 6 se desintegra cayendo de nuevo hacia la Tierra, allá abajo la selva sigue su curso imperturbable: quizá otro capibara cruce la carretera sin saber que, a pocos kilómetros, la humanidad acaba de volver a hacer historia.
