La belleza del pinsapo: el abeto de gran altura que se extiende por las sierras de Málaga y Cádiz
Este árbol puede llegar a los 30 metros de alto y suele habitar en las montañas. Sus hojas, aunque son cortas y densas, tienen cierto tacto pinchudo
La península Ibérica es un joyero que cobija auténticas alhajas vegetales, con muchísimas plantas nativas y con más de mil endemismos, que son aquellas especies circunscritas a una región determinada, fuera de la cual no crecen. Por poner un ejemplo del reino animal, más divulgado que el de las plantas, el lince ibérico sería uno de los endemismos que se pueden encontrar en España.
En el terreno arbóreo, varios son los endemismos de los que gozar en la península, como el arce de España (Acer granatense), que se encuentra en las serranías desde Barcelona hasta Málaga. La perla de este selecto grupo de plantas exclusivas de considerado tamaño podría ser el pinsapo (Abies pinsapo), un gran abeto de hasta 30 metros de altura, que habita exclusivamente en montañas gaditanas y malagueñas: principalmente en la Sierra de Grazalema, en Sierra Bermeja y en la Sierra de las Nieves, donde se asienta entre los 1.000 y los 1.800 metros de altitud, lo que lo convierte en todo un amante de los vientos serranos.
Plantas excepcionales como esta suelen enamorar a personas como a Paco Moreno (Ronda, 66 años), policía jubilado y amante de la naturaleza, que desde la década de los ochenta guarda una relación muy especial y cercana con los pinsapos, a cuya conservación ha dedicado cientos de horas. “Recuerdo como antiguamente se cortaban pinsapos de buen tamaño, de dos metros y más, para la decoración navideña, algo que estaba bien visto”, comenta Moreno, a la par que se veía reducida la extensión de los pinsapares, “pero que, gracias al movimiento ecologista, se ha visto cómo su población ha pasado de apenas 20.000 ejemplares a 180.000 en los últimos censos”, lo que constata el éxito de su protección. En esta defensa surgen nombres que apostaron por la conservación de estas especie, como el del médico Julián de Zulueta y Cebrián (1918- 2015), así como el del ecologista Juan Clavero Salvador, quien junto a José Manuel Astillero también publicó una de las biblias sobre esta conífera: (Editorial La Serranía, 2024).

