La captura de los petroleros y los 'agujeros' en la Convención del Mar
"La Convención permite el abordaje, por cualquier buque de guerra de cualquier país, a los buques sospechosos de piratería o tráfico de esclavos —lo que no es el caso del Marinera—, pero también a los buques sin pabellón o que lleven una bandera falsa"
Después de tres semanas de seguimiento a través del Atlántico, fuerzas militares de los EE.UU. han logrado finalmente abordar en aguas internacionales al sur de Islandia al petrolero Marinera, de bandera rusa. La tripulación del buque se ha resistido a la captura de la única forma en que pueden hacerlo: desobedeciendo las órdenes de parar las máquinas y tender las escalas. Esto ha obligado a que fueran las unidades de operaciones especiales norteamericanas —que tienen equipos preparados para el abordaje no colaborativo— las protagonista del asalto, en lugar de la Guardia Costera de los EE.UU.
Durante las últimas dos semanas, Moscú se ha limitado a realizar gestiones diplomáticas para tratar de que Washington renunciara al abordaje. Solo después de la captura, el Ministerio de Transportes ruso ha publicado una nota de protesta en la que asegura que el petrolero ha sido abordado “más allá de las aguas territoriales de cualquier estado” y que, de acuerdo con la vigente Convención de las Naciones sobre el Derecho del Mar, que defiende como un bien de todos la libertad de navegación en aguas internacionales, “nadie puede usar la fuerza contra buques debidamente registrados en la jurisdicción de otros estados”.
¿Tiene razón el Gobierno ruso? Sí en la letra, pero no en el espíritu de la ley. La Convención permite el abordaje, por cualquier buque de guerra de cualquier país, a los buques sospechosos de piratería o tráfico de esclavos —lo que no es el caso del Marinera—, pero también a los buques sin pabellón o que lleven una bandera falsa. El pasado 21 de diciembre, cuando comenzó la persecución entonces ilegal de la Marina norteamericana —ilegal porque Washington se apoya en un régimen sancionador unilateral que, justificado o no, no puede aplicarse a buques de otras banderas en aguas internacionales— el mismo petrolero navegaba con bandera de Guyana y el nombre de Bella 1. ¿Sospechoso? Parece obvio que Rusia ha aprovechado su pabellón para tratar de dar amparo al buque durante una persecución en caliente. Alguna razón habría para ello.
Parece obvio que Rusia ha aprovechado su pabellón para tratar de dar amparo al buque durante una persecución en caliente. Alguna razón habría para ello
La captura del petrolero, bajo cualquier nombre o cualquier bandera que haya podido utilizar para camuflarse, nos hace ver los agujeros que existen en el articulado de la Convención. El texto, que para más inri nunca ha sido ratificado por los EE.UU., presupone la buena fe de las naciones que, por un precio o por razones políticas como ha ocurrido en el caso del , abanderan a buques mercantes sospechosos de tráficos ilícitos del tipo que sean. Tal ingenuidad no ayuda demasiado a que pueda tener éxito cualquier régimen sancionador, ya sea establecido por la ONU —las sanciones a Irán por su programa nuclear son los polvos de los que vienen todos los lodos que afloran estos días en torno a Venezuela— o unilateral. El caso de los es un buen ejemplo de la dificultad de controlar la identidad de los petroleros que cambian de nombre y bandera a su conveniencia.