La garantía se llama Flick
Los azulgrana vuelven a recuperar la iniciativa después de la derrota liguera en el Bernabéu y ya van cinco victorias a una desde la llegada del alemán
El Barça asumió su condición tanto de favorito como de campeón y derrotó con ganas y alegría a un esforzado Madrid. Vuelven a recuperar la iniciativa los azulgrana después de la derrota liguera en el Bernabéu y ya van cinco victorias a una desde la llegada de Hansi Flick. La jerarquía y la confianza del Barcelona, mejor colectivamente y superior Raphinha a Lamine, pesaron más que la dignidad y competitividad madridista defendida por un excelente Vinicius. Los barcelonistas llegan a las 10 victorias seguidas y los madridistas se quedan con cinco desde el ultimátum recibido por Xabi Alonso antes de enfrentarse al Alavés.
Apareció Lewandowski, ausente de los últimos clásicos, y el Barça formó con la delantera titular de la pasada temporada, la misma sobre la que se edificó el éxito desde la Supercopa ganada al Madrid por 2-5. Los azulgrana son un equipo hecho y liberado, de largo recorrido, que juegan en paz consigo mismos, como si el resultado dependiera exclusivamente de su juego, entregados a la causa de un técnico que ha ganado todas las finales que ha disputado con el Bayern y el Barça: la vida consiste en marcar un gol más que el rival, incluso cuando se trata del Madrid, y la mayoría de sus goles son punto y final a su buen fútbol.
Los madridistas, por el contrario, saben masticar la tensión, por momentos incluso se diría que pelean de manera agonística, como si disputaran una prórroga más que un partido, a menudo igual de ortopédicos y agarrotados que el lenguaje oral y corporal de Xabi Alonso y también lo mismo de resolutivos: gestos abruptos, frases cortas, sin fluidez ni continuidad, muy rígidos y hasta doloridos, tal que estuvieran presos de una rabia contenida, sabedores de que la supervivencia consiste en ganar más que en jugar, en imponer las individualidades, suficiente para medir las alineaciones y los planes, y más frente al Barcelona.
Las jugadas episódicas, extraordinaria la de Vinicius con un caño incluido a Koundé, y oportunista la de Gonzalo, avalaron el plan del Madrid, muy reactivo y defensivo a la espera del efecto Mbappé. El empate fue muy frustrante para el Barcelona, inicialmente tan dominador como poco profundo, después de que el partido se hubiera abierto claramente a su favor con las recuperaciones de Fermín, el gobierno de Pedri y la pegada de Raphinha y Lewandowski. Ni siquiera Joan García pudo corregir la fragilidad defensiva del equipo de Flick. A falta de cambios, el guion del encuentro no variaba: Vinicius contra el Barça.
El Madrid se apoyaba en su físico y en las faltas tácticas para contener a los azulgranas, que se desquiciaban con la actuación del árbitro, al que ya habían señalado por alargar más de la cuenta la primera parte, tiempo que permitió el 2-2. El Barcelona quedó aturdido por el tanto de Gonzalo, perdió el hilo del juego y el control del partido, necesitado de jugadores de refresco como Olmo y Ferran. Ambos habilitaron precisamente el remate de Raphinha que se coló en la portería después de dar en Asencio. El 3-2 llegó justamente cuando quedaba un cuarto de hora por jugar y ya estaba a punto de salir Mbappé.
La falta de esfuerzos colectivos penalizó al Madrid, sometido por las largas posesiones del Barça. Alonso acabó por sustituir un partido más a Vinicius, que se reencontró con el gol después de tres meses, y Flick sustituyó a Raphinha. El cansancio y las lesiones mermaron al Madrid frente a un Barça con más y mejores recursos, disminuido al final por la expulsión de De Jong y arropado por Araujo. El uruguayo acabó por levantar el trofeo en un momento de autoestima y credibilidad azulgrana: la estadística asegura que quien gana la Supercopa sale campeón de Liga.