La geopolítica convierte a 2026 en un año peligroso para los inversores
Tras varios años de rentabilidades elevadas, correcciones breves y una percepción generalizada de que los mercados “siempre acaban recuperándose”, el principal riesgo ya no es un shock económico clásico.
Tras varios años de rentabilidades elevadas, correcciones breves y una percepción generalizada de que los mercados “siempre acaban recuperándose”, el principal riesgo ya no es un shock económico clásico.
El 2026 no será, previsiblemente, un mal año para los mercados financieros. Todo apunta a que la economía mundial seguirá creciendo a un ritmo moderado, la inflación permanecerá relativamente contenida y los beneficios empresariales continuarán aumentando en las principales economías desarrolladas. No hay señales claras de recesión global, ni de colapso financiero, ni de una burbuja generalizada a punto de estallar.
Y, sin embargo, 2026 se perfila como un año peligroso para muchos inversores. No tanto por lo que vaya a ocurrir en los mercados, sino por el contexto político y geopolítico que empieza a condicionar de forma creciente las decisiones económicas.
Tras varios años de rentabilidades elevadas, correcciones breves y una percepción generalizada de que los mercados “siempre acaban recuperándose”, el principal riesgo ya no es un shock económico clásico. El riesgo es que la política, el populismo fiscal y la rivalidad geopolítica pasen a desempeñar un papel central en la formación de precios, en la asignación de capital y en la percepción del riesgo.
El ejercicio arranca con varios focos de tensión activos y sin resolver que forman parte del paisaje económico desde el primer día del año. La guerra en Ucrania, iniciada en 2022, seguirá marcando la agenda de seguridad europea y condicionando el gasto público, la política energética y las decisiones industriales. El conflicto en Oriente Medio continuará influyendo sobre el equilibrio energético global, mientras que crisis prolongadas en Sudán y Myanmar seguirán afectando a materias primas, flujos comerciales y estabilidad regional.
En Asia-Pacífico, la situación en Taiwán permanecerá como uno de los principales puntos de fricción estratégica entre Estados Unidos y China. Las tensiones en el estrecho, junto con el endurecimiento de los controles tecnológicos y comerciales, seguirán pesando sobre la industria de semiconductores y las cadenas globales de suministro durante todo 2026. No se trata de un riesgo nuevo, pero sí de uno cada vez más integrado en las decisiones empresariales y de inversión.
Este entorno geopolítico convive, además, con un crecimiento económico que se mantiene, pero que descansa sobre bases cada vez más políticas. Diversos informes de gestoras y bancos internacionales c, un nivel similar al de 2025. Sin embargo, esa expansión se apoyará en una combinación de inversión masiva en inteligencia artificial, aumento del gasto en seguridad nacional y políticas fiscales crecientemente expansivas.