Las interrupciones en el empleo de las mujeres persisten pese a la equiparación de las bajas paternales con las maternales
Solo las madres que ganan lo mismo que sus parejas se benefician de la mayor implicación de los hombres en el cuidado de los hijos
La baja por paternidad es una prestación que se promueve en política para apoyar el empleo femenino a través de la mayor implicación masculina en los cuidados tempranos de los hijos, ya que las madres sufren una importante penalización laboral por el hecho de llevar el peso de ocuparse de los niños. Un castigo que se refleja en el salario (los ingresos de las mujeres en España se reducen un 11% al año siguiente del parto y un 28% en los 10 años posteriores) y en el empleo (que cae más del 30% tras el nacimiento, descenso que alcanza el 45% una década después, muy por encima de la media europea, donde esta penalización tiende a estabilizarse con los años).
María Sánchez, de 35 años, ha sufrido esas trabas laborales tras la maternidad. Esta autónoma que trabaja en el sector comercial disfrutó de una baja de 17 semanas frente a las seis de su pareja. Asegura que ha tenido que hacer más sacrificios en su carrera profesional, a pesar de que cobra más o menos lo mismo que su marido: “Teníamos que elegir una de las dos y me la he jugado yo”. Sánchez cuenta que durante este periodo de tiempo “ha perdido alguna clienta” porque no ha comprendido su situación y que este permiso ha tenido un impacto “un poco negativo” para su carrera profesional.
En España, el permiso de paternidad, que se igualó al de las madres en 16 semanas en 2021, es uno de los más generosos de Europa. La prestación es más amplia este año, en el que se ha ampliado hasta las 19 semanas para ambos progenitores. Sin embargo, un estudio de los profesores Pedro Manuel Bellón y Danislava Marinova, de la Universidad Autónoma de Barcelona, revela que la ampliación que se produjo de esta baja de cuatro a 16 semanas no ha acortado las interrupciones del empleo de las mujeres: ni conlleva una reincorporación más temprana al trabajo ni mayores tasas de empleo a tiempo completo.
El fenómeno tiene una excepción: el caso de las madres que ganan lo mismo que sus parejas, es decir, en las familias que ya son más igualitarias. “Los permisos de paternidad no facilitan la equidad. Son un acelerador en las parejas que van bien. En el resto de los hogares, no observamos cambios: las desigualdades se perpetúan”, sostiene Marinova. María Sánchez, la autónoma que cogió 17 semanas, comparte esta opinión y añade que estas desigualdades se pueden incrementar si una mujer tiene que tener otra baja por complicaciones después del parto. Para evitarlo, pide mayor apoyo de las administraciones públicas y “que el Gobierno incremente las ayudas económicas”.