Las islas de los muchachos perdidos
Canarias tiene el récord de menores migrantes desaparecidos, con más de 500 en la actualidad, y algunos viajan a la península sin permiso oficial por avión y barco
Dos muchachos están escondidos en la sala de máquinas de un barco que va a salir de Canarias rumbo a Nueva York. O eso creen ellos. Son migrantes y llegaron a las islas españolas en cayuco tiempo atrás, la comunidad autónoma ejerce su tutela. Les han dicho que tienen que esperar en su escondrijo hasta que desde el barco se vea mar y nada más que mar. Solo entonces pueden salir y los protegerán, porque son menores de edad, hasta llegar al destino. Pero el temor puede con ellos y antes de que la nave zarpe abandonan la aventura. Afuera los esperan los responsables del centro de acogida canario que los andaban buscando. Así lo relata una de aquellas trabajadoras del centro. Ocurrió en plena pandemia, pero no es un caso aislado, ni mucho menos, las huidas de estos chavales se dan regularmente en todas las comunidades, pero en Canarias la cosa tiene miga, porque para salir hay que viajar en barco o avión y un menor no puede hacer eso sin permiso. Por si fuera poco, en las islas se da el mayor número de desaparecidos, con 577 muchachos el año pasado, que ahora andan por los 500, dice el Gobierno isleño. Claro que también es donde más menores arriban. Algo está fallando, o muchas cosas a la vez.
Las cifras oficiales del Centro Nacional de Personas Desaparecidas (CNDES) del Ministerio del Interior para 2024 recogen 2.228 menores en toda España que llevaban fugados menos de un año y que aún no habían cumplido la mayoría de edad, y otros 172 “ausentados” con más de un año en paradero desconocido, periodo en el que habían alcanzado los 18 años. Salen en busca de aventura o de trabajo, para reencontrarse con familiares, algunos; hartos de malos tratos, otros; o engañados con algún futuro que nunca será. Muchos ya tienen planificado el salto a la Península antes de llegar a las islas.
La consejera de Bienestar Social de Canarias, Candelaria Delgado, reconoce que en su comunidad, donde hay 4.070 menores migrantes tutelados, existen alrededor de “500 casos abiertos” por desaparición. En realidad, nadie sabe muy bien las cifras exactas, porque hay denuncias que se abren y no se cierran cuando los fugitivos vuelven a sus centros, porque algunos alcanzan la mayoría de edad sin que se sepa dónde paran y se les saca de las listas, o se les encuentra en Francia y no se actualiza el caso, o porque a veces hay duplicidades entre la Policía y la Guardia Civil, según relatan algunos trabajadores de los centros, y vete a saber cuánta casuística más. “Muchos no tienen papeles y hay mucha dejadez, no se los busca como se buscaría a un menor tutelado si es español. Estas huidas están muy normalizadas y se hace poco o nada”, se queja la misma trabajadora de aquel centro canario que rescató a los polizones. No da su nombre por salvaguardar su trabajo, ni ella ni casi nadie en estos asuntos delicados. ¿Pero puede haber chicas enterradas en una cuneta sin que se sepa o adolescentes explotados? “Literal”, concluye.
El 13 de noviembre, la Policía Nacional emitió una nota desde Lanzarote para informar de la desarticulación y detención de 11 personas de una red de tráfico de menores migrantes que estaban siendo trasladados a Francia. Entre los delitos, se les imputaba pornografía infantil. La Operación Tritón había comenzado un año antes, cuando se denunció la desaparición de 13 menores en Lanzarote y uno en Gran Canarias. Siguiendo las pistas, en mayo los agentes interceptaron la salida de otros tres menores tutelados por la comunidad autónoma y sin autorización para viajar en el aeropuerto de Lanzarote. Y desarmaron la trama. En este caso, como en tantos otros, las mafias estaban detrás. Proporcionaban alojamiento en España para los chicos antes de preparar su salida a Francia. Lo que antes ocurriera en Marruecos y después en Francia todavía está pendiente de esclarecerse.
A pesar de que este caso ya se había hecho público, fuentes del Ministerio del Interior descartan que los menores salgan de las islas en avión “porque hay altas capacidades de control” en los aeropuertos y los que salen por esa vía lo hacen de forma legal, aseguran. Los datos son contradictorios con el relato de la fiscalía de Extranjería de Canarias, donde su titular, Teseida García, reconoce el tráfico por vía aérea: “Se compran y venden pasaportes falsos, porque algunos muchachos que llegan a España con ellos los entregan a las mafias a cambio de un trayecto en cayuco más barato, por ejemplo”. Explica también que ha habido detenidos tratando de esconder en el baño de un aeropuerto canario una bolsa con 15 pasaportes falsos y afirma que no siempre hay un control suficiente en los embarques: “Algunos llevan fotocopias de DNI en color y plastificadas y los dejan pasar. Llenan los vuelos rápidamente, y es ahí donde deben reforzar el control”, explicó a este periódico a finales de noviembre en su oficina.
El sistema está desbordado en Canarias, reconocen todos los consultados, porque la migración no se atiende con los recursos suficientes, por más que se hagan algunos esfuerzos. Y los menores pueden acabar pagando caro una huida que ellos mismos buscaban. Otra trabajadora de estos centros contó a EL PAÍS que una adolescente se echó un novio por Internet en Francia que le prometió recursos para salir de Canarias y acogerla después en aquel país. “Le advertimos que aquello tenía muy mala pinta. Y mucho peor cuando también se ofreció a sacar con ella a otra amiga del centro. Pero al final se fue, sin su amiga, a quien llamó una vez al llegar y una segunda con un tono ya mustio, como de que algo iba mal. Nunca volvimos a saber de ella”, lamenta.
Los menores tutelados no están en una cárcel, pueden salir y no volver a entrar, pero siempre llevarán a cuestas una vida que amaneció sin piedad y con esa mochila enfrentan sus decisiones. Fuentes policiales aseguran que estas escapadas son tan frecuentes que a veces no se denuncian, porque algunos se van de fiesta tres días y luego vuelven, los educadores están acostumbrados. Pero si no regresan y no se denunció a tiempo, quizá ya es tarde para encontrarlos. Las mismas fuentes dicen no tener constancia, pero sí crecientes “sospechas” de que muchas salidas de las islas se están haciendo por barco desde puertos deportivos o en lugares donde se atraca de forma irregular para no pagar el amarre. Señalan también que se está potenciando el control en los aeropuertos para detectar los pasaportes falsos.
“Las situaciones que se pueden generar [con los menores desaparecidos] son tan dramáticas como la vida misma que pasan estos muchachos desde que salen de sus países”, reconoce la consejera Delgado. Explica que, de esos 500 casos abiertos que menciona, algunos pueden ser chicos encontrados o de los que se sabe que han llegado a Francia, por ejemplo, porque se comunican con sus amigos, y que no se han cerrado en Fiscalía. El trayecto en cayuco ya viene organizado con escala en Canarias en muchas ocasiones, cuenta. Es decir, que algunos de esos menores ya saben que las mafias los buscarán de nuevo en sus centros de acogida para darles el último empujón hasta la Península, que es en realidad donde quieren llegar, bien para reunirse con familiares o amigos o para dar el salto a otros países, como Francia. Se da por lógico, entonces, que no pocos están conchabados con esos coyotes para planificar su fuga, pero cuántos. Y qué pasa con los que un día salieron con voluntad de volver y no volvieron. Quién sabe. O quienes fueron engañados y encontraron un destino indeseado. “Está todo normalizado y hay una enorme dejadez”, repite la trabajadora que logró rescatar a los polizones que soñaban con Nueva York. Y se queja de la ayuda de la policía, “poca o ninguna”, asegura. “Por no hablar de la incomunicación entre la Policía y la Guardia Civil, no se hablan ni p’atrás”, asegura, porque tuvo un caso rocambolesco con ese ingrediente.
Como las huidas son muchas y ella ha trabajado en varios centros con diferentes empleos, prosigue: “Te voy a contar otro caso, no pongas la isla en concreto. “Nos desaparecieron tres chicos de dos centros distintos. Fuimos a la policía portuaria y nos mandaron a la nacional. Era muy raro, porque uno de ellos no tenía un perfil complejo, ni drogas, ni nada. Nos asustamos mucho y de repente nos hace una videollamada desde un barco en el que iban a Sevilla. Tenía 16 años y yo pensé que mentía. ¿A Sevilla? Pero sí, llegaron. Allí lo tuteló la comunidad, aunque ya estaba tutelado en Canarias y existía una denuncia por desaparición. No hubo mucha comunicación entre las autoridades y la poli. Lo acabaron trasladando a Castilla y León y yo venga a insistir en que lo estábamos reclamando desde Canarias, pero nada. Pasó todo un año hasta que volvieron, los tres pasaron el mismo periplo. No se inspeccionó nada”, critica.
Aquello había sido solo una “aventura de jovencitos”, pero como dice la trabajadora: “Yo misma intenté ir en un barco a Fuerteventura cuando tenía 17 años y no tardaron ni cinco minutos en llamar a mi padre”. Algo está fallando. O muchas cosas a la vez.