Las otras 'Matalascañas' de la costa andaluza en regresión: las playas que pueden desaparecer por el avance del mar
El mar ha dado un tremendo mordisco a la costa onubense, y en su dentellada ha arrancado el paseo marítimo y parte de la vida de almonteños y veraneantes de Matalascañas. Pero hace ya tiempo que el océano devora las playas andaluzas a 'bocaítos'. Los estudios reflejan que en la vertiente atlántica (Huelva y Cádiz) se pierden de media unos tres metros por año , y los modelos predictivos proyectan una pérdida de entre 5 y 25 metros de playa seca (de arena) en el litoral andaluz de aquí al año 2050. En los casos más extremos, se producirían retrocesos permanentes de hasta 65 metros a finales de este siglo y desaparecerían del mapa 33 playas. Matalascañas ha encendido la alarma, es la imagen visible que pone rostro a las advertencias de la comunidad científica; no obstante, hay muchas 'Matalascañas' salpicadas por una comunidad que alberga más 800 kilómetros de litoral.La región sufre, en su privilegiada ubicación de primera línea, el fenómeno de la regresión de la costa, como así definen los expertos ese avance del agua que la hace retroceder. S ucede en todo el litoral pero con circunstancias muy diferentes, de ahí que la fórmula para atajar la problemática sea diversa y en algunos casos pueda parecer contradictoria.El Estrecho de Gibraltar marca la diferencia entre la orilla atlántica y la mediterránea. La primera alberga grandes extensiones de arena: la pérdida es mayor pero existe un amplio margen para su regeneración, salvo (he aquí la cuestión polémica y espinosa) en aquellos núcleos urbanos construidos sobre superficie dunar. La segunda, desde la costa del sol hasta la almeriense, registra menor pérdida de sedimentos pero cuenta con muchísimas urbanizaciones que impiden una actuación natural y certera. La erosión es más peligrosa, la playa es más vulnerable, y las únicas respuestas son el aporte artificial de arena y la construcción de espigones; lo que van desviando el problema tanto en el tiempo como en el espacio.Las playas andaluzas en peligroEl Portil, Isla Cristina, Mazagón y Almonte en Huelva son casos paradigmáticos en esta encrucijada. Pero hay decenas de Matalascañas. Las playas de Sanlúcar y Chipiona quedan más expuestas tras las actuaciones antrópicas en el Guadalquivir; una parte de Valdelagrana en El Puerto de Santa María perdió hasta 400 metros de arena y se regenera Santa Catalina cada primavera; Santa María del Mar (Cádiz) requiere de aportes constantes para no desaparecer, y no se olvida la actuación de urgencia en Camposoto (San Fernando) ; los Caños de Meca (Barbate) ha quedado prácticamente borrada desde el último verano pues desde Costas no han querido confrontar con la naturaleza. Manilva, Fuengirola, Marbella, Málaga, Torremolinos... han demandado la acción humana, y en Playa Granada, Motril, ya se ha construido ese espigón tan exigido, mientras Salobreña levanta la mano antes de cada estío. Cuevas de Almanzora, Vera, Garrucha, El Toyo y Balerma (El Ejido) se incluyen perfectamente en este catálogo de playas en peligro. Real.La actuación es obligada y urgente . La Junta de Andalucía, dentro de su Plan Andaluz de Acción por el Clima (PAAC), ha diseñado una estrategia para la adaptación a las nuevas situaciones. Por su parte, la Demarcación de Costas, que depende del Miteco (Ministerio para la Transición Ecológica) y por tanto tiene las principales competencias en materia de conservación, ha apostado en los últimos años por políticas ecologistas orientadas sobre todo a aceptar los 'deseos' de la naturaleza de recuperar (románticamente) el terreno que le pertenece. Y en el centro, la figura humana.El mar es un motor económico que impulsa a Andalucía y la economía azul supone el 11% del PIB de la región, con la implicación de más 35.000 empresasEl mar es un motor económico que impulsa a Andalucía y la economía azul supone el 11% del PIB de la región, con la implicación de más 35.000 empresas. Turismo, pero no sólo turismo. Los polos industriales de Algeciras y Huelva, los puertos que son estratégicos en importación y exportación de materias, son algunos ejemplos de que el conflicto suma muchas capas que multiplican su complejidad. «Tenemos que gestionar con la realidad». El humano y su ecosistema no son enemigos sino un matrimonio de conveniencia.Las solucionesLas administraciones estudian las fórmulas de actuación que serían diversas en función de la zona de intervención. En la comunidad científica empieza a haber un cierto consenso sobre lo inapropiado de los espigones, la solución estrella décadas atrás. Logra retener los sedimentos que impiden la pérdida de arena pero desplaza ese problema a otra playa, a otro lugar. Por eso es habitual ver muchos espigones en cadena, porque uno recoge lo que el otro destroza. Es más, se señala al espigón Juan Carlos I de Huelva, el más largo del país, como uno de los motivos de la 'sequía' arenosa que se produce en el Portil y Matalascañas. Un movimiento similar en la localidad almonteña afectaría irremediablemente al Parque Nacional de Doñana y representaría una amenaza para la joya del ecosistema español. En diversos puntos se ha optado por diques de contención sumergidos que reducen la fuerza del oleaje y son una alternativa más económica y visual... pero sin solventar el mencionado dilema.Otro recurso, rústico, tradicional, histórico, es la reparación de los daños después de la consiguiente borrasca y el aporte de arena de manera artificial. Dragar el fondo y reforzar esas zonas donde se ha producido una pérdida alevosa y que resulta un peligro para las estructuras. Un parche con un notable impacto económico. «Invertir millones de euros anuales no es lo más sostenible económicamente» , reconocen desde la Junta. Es caro y es remedio sólo por un tiempo... pero de momento es la única alternativa en los núcleos urbanos (como Matalascañas) si no se quiere tomar la decisión drástica. Que está ahí, bien presente, más que nunca después de que el secretario de Estado de Medio Ambiente Hugo Morán lo deslizara como única salida para solventar el desaguisado de la urbanización almonteña: el retranqueo.El retranqueo supone la expropiación de viviendas, comercios y diferentes inmuebles, por lo que al gasto económico hay que sumarle el rechazo socialEsta fórmula supone la expropiación de viviendas, comercios y diferentes inmuebles , por lo que al gasto económico hay que sumarle el rechazo social. La inversión, costosa, significaría un ahorro a futuro; sin embargo, las administraciones públicas no quieren asumir un coste político evidente pues nadie quiere perder su propiedad y menos en primera línea de playa. Matalascañas sería la avanzadilla en Andalucía, aunque hay precedentes en España (Platja d'Aro, en Girona) y distintos países de Europa como Francia y Reino Unido.La regeneración propia, la más natural es a la vez la más afectiva, y para ello hay que liberar los espacios dunares, que funcionan como almacén. Por esto aunque vayan cambiando en parte su fisonomía, las playas con grandes dunas (Bolonia, Tarifa...) se adaptan mucho mejor a los cambios. En barrios y pueblos a pie del mar, la opción pasa por el derribo y retranqueo. Y lógicamente, por no seguir levantando inmuebles sobre terrenos que son inundables y quedan a merced de unos temporales que crecerán en estos próximos años especialmente en el mediterráneo.El cambio climático ha acelerado un ciclo de borrascas y tempestades , y los expertos destacan que nos encontramos en la antesala de la tormenta perfecta. De las actuaciones del hoy ya no depende el futuro sino, sencillamente, el presente.

