“Leía libros más cortos para llegar al objetivo”: cuando el ocio se convierte en una obligación
SOURCE:El Pais|BY:Juanjo Villalba
Algunas personas abandonan aplicaciones como Goodreads, Letterboxd o Strava cansadas de medirlo todo. Y es que lo que puede empezar como una motivación para leer más, ver más películas o hacer más ejercicio, se convierte para muchos en una fuente de ansiedad autoimpuesta
Hace unos meses, me descubrí evitando leer un libro porque era demasiado grueso. No porque no me apeteciera (de hecho, llevaba tiempo queriendo leerlo y todavía espera en una estantería de mi casa), sino porque temía que me impidiera alcanzar mi objetivo de leer 45 libros durante 2025. Una meta que había establecido yo mismo en la aplicación Goodreads. Ese pensamiento, tan absurdo como revelador, fue el primer síntoma de que algo se había torcido. Me di cuenta de que quizá ya no leía por placer (o por trabajo), sino para alcanzar un número.
Y parece ser que no soy el único. “Mi obsesión con Goodreads ha estado a punto de arruinar mi amor por la lectura”, confiesa Isabel, de 33 años. “Empecé usando la plataforma para anotar qué libros había leído y descubrir nuevas recomendaciones, lo cual era genial. Pero luego me enganché al Reading Challenge anual y todo cambió. Dejé de elegir libros que realmente me interesaban y leía libros más cortos para llegar al objetivo. Novelas breves, cómics o incluso poesía”, explica.
Lo que había comenzado como una herramienta de motivación se había transformado con el tiempo en una tarea y una fuente de frustración. Silvia Martínez, doctora en Comunicación y directora del Máster Universitario Social Media de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), lo explica así: “Las de incorporan una datificación de nuestras actividades que permiten medirlas o cuantificarlas. Para algunas personas puede ser un elemento de motivación, pero en otros casos lleva a una presión extra por cumplir ciertos objetivos marcados”.
No solo ocurre con los libros, en el caso de las películas está Letterboxd o Filmaffinity, para los kilómetros recorridos existen Strava o la aplicación de actividad física instalada en nuestro smartphone. Habitica controla hábitos y productividad; Moodpress, nuestra salud mental y estado de ánimo; Monefy, los gastos; FatSecret, las calorías consumidas; Sleep Cycle, nuestro sueño; TV Time, las series que vemos… La lista es interminable y las consecuencias de su uso, similares: todas ellas tienden a sustituir el disfrute original por un examen constante. “Estamos rodeados de datos. Todo se puede medir”, asegura Martínez. El problema es que esta medición se convierte, casi de manera natural, en agobio y presión.
Cuando la motivación se convierte en obligación
La psicóloga Sylvie Pérez, también profesora en la UOC, apunta que el problema empieza cuando confundimos motivación con reto. “Por ejemplo, si me motiva nadar, pero lo convierto en el reto de ir dos veces por semana a la piscina. Cuando no lo cumplo siento que estoy fallando a mi propio compromiso”. Ese desplazamiento de la motivación al compromiso es sutil, pero decisivo. Lo que era una fuente de placer pasa a vivirse como una tarea. “Pensamos: ‘Si voy apuntando todos los libros que lea, leeré más’ o ‘Si cuento los pasos que doy, caminaré más’. Pero, al final, te olvidas del placer de caminar o de estar más en forma y lo sustituyes por el placer de contar los pasos y llegar al objetivo marcado”, añade Pérez.
Marta, de 31 años, también vivió una de estas experiencias: “Empecé usando una app de meditación que registraba mis sesiones diarias, y al principio me encantaba ver mi racha de días consecutivos”, recuerda. “Pero luego se convirtió en una obsesión: si me saltaba un día, sentía una ansiedad horrible, como si hubiera echado a perder todo mi progreso”. Irónicamente, la aplicación que debía ayudarla a relajarse terminó generándole más estrés.
Testimonios como el suyo se ven respaldados por los escasos datos públicos que existen sobre las tasas de desinstalación de algunas de estas aplicaciones. Según un informe de la consultora de aplicaciones AppsFlyer, un 56,8% de los usuarios desinstala las aplicaciones de salud y bienestar durante los primeros 30 días tras la instalación. Una cifra que alcanza un 55,7% en el caso de las apps de libros y un 43,5% en las de productividad.
Compararse hasta en el descanso
La visibilidad pública de estas plataformas, el hecho de que tus amigos y seguidores vean tus progresos, lleva a la comparación con ellos. Lo que alimenta aún más la presión. “En algunos casos, el hecho de que tus progresos sean públicos puede contribuir a recibir consejos útiles y recomendaciones de la comunidad, pero, en otros, los logros se comparten por una necesidad de reconocimiento social”, señala Martínez. “Eso puede llevar a comparaciones que resultan negativas o contraproducentes”.
David, de 27 años, lo resume con una claridad dolorosa: “Letterboxd afectó mucho a mi forma de ver películas. Empecé a ver algunas pensando en qué iba a escribir sobre ellas y cómo sonarían mis opiniones para mis amigos cinéfilos”. La plataforma, que muchos usan como un diario cinematográfico, se convirtió para él en un escaparate donde cada puntuación contaba. “Tenía listas interminables de pelis que ‘tenía que ver’ y me sentía culpable por cada noche que pasaba sin ver, por ejemplo, La pasión de Juana de Arco, una película muda de 1928”.
“Estos sentimientos de culpa aparecen cuando uno se plantea unas expectativas que no puede cumplir. Si estas son realistas, no pasa nada. Pero cuando se asocia el valor personal al rendimiento o a la productividad, la frustración está asegurada”, explica Pérez. También identifica en este patrón una mezcla de perfeccionismo y autoexigencia. “Las personas más vulnerables son las que tienden a compararse con los demás o asocian su valor al rendimiento. Acaban reduciendo la espontaneidad del disfrute. Cuando el ocio se convierte en una obligación, pierde todo el sentido”, señala.
Martínez apunta, por su parte, que este agotamiento está ligado a una cultura que glorifica la optimización. “Todo parece tener que ser eficiente, incluso el ocio. Pero el descanso, la lectura o el cine no tienen por qué producir nada. Tienen valor en sí mismos”.
Desaprender a medir
En el caso de Isabel, dejar de utilizar Goodreads fue casi un acto de resistencia. Al principio, sintió un vacío extraño: no poder marcar un libro como “leído” en la aplicación le hacía sentir como que lo había leído menos. Pero poco a poco ese vacío se transformó en alivio. Ahora lee sin pensar en objetivos y ya no mira lo que le falta para terminar con ansiedad, sino con emoción.
Para huir de estas sensaciones, Pérez recomienda precisamente ese tipo de flexibilidad con uno mismo. “Es necesario volver a disfrutar de las cosas que hacemos por sí mismas y no de la cuantificación por los logros alcanzados con ellas”. Para reducir esa ansiedad autoimpuesta, la psicóloga recomienda pequeños gestos como silenciar las notificaciones o evitar aplicaciones que nos sitúen en rankings y comparaciones con otros usuarios. “No es que las apps sean malas en sí, sino que no tenemos que permitir que se conviertan en jueces de nuestra vida”, resume.