León XIV: «No se salva el mundo afilando espadas sino intentado comprender a los demás»
La primera ceremonia de León XIV en 2026 ha sido una misa en la basílica de San Pedro que ha concelebrado junto a su ministro de Exteriores para rezar por la paz . En la homilía ha desglosado su propuesta para humanizar las relaciones internacionales , que consiste en que cada hombre y mujer sea «portador de libertad, dispensador de perdón». «El mundo no se salva afilando las espadas, juzgando, oprimiendo o eliminando a los hermanos, sino esforzándose por comprender, perdonar, liberar y acoger a todos, sin cálculos y sin miedo», ha avisado el Papa.Noticia Relacionada estandar Si León XIV: «La Navidad no es una idea que resuelve los problemas, sino una historia de amor que nos cambia» Javier Martínez-BrocalMientras que ha reservado para el ángelus de mediodía menciones más explícitas, en la homilía ha mantenido un tono más espiritual y ha propuesto a los católicos que se detengan a contemplar la escena de la Natividad para «comprender cada vez mejor y tener siempre presente quiénes somos y hacia qué destino maravilloso avanzamos». «Acerquémonos al pesebre, en la fe, como al lugar de la paz «desarmada y desarmante» por excelencia, lugar de la bendición, donde hacer memoria de los prodigios que el Señor ha realizado en la historia de la salvación y en nuestra vida, para luego volver a partir, como los humildes testigos de la gruta, alabando y glorificando a Dios por lo que hemos visto y oído». Ha recordado que en el portal de Belén «Dios se presenta desnudo, indefenso como un recién nacido en la cuna para enseñarnos que el mundo no se salva afilando las espadas, juzgando, oprimiendo o eliminando a los hermanos, sino esforzándose incansablemente por comprender, perdonar, liberar y acoger a todos, sin cálculos y sin miedo». Su idea es que la contemplación de esa escena lleve a decisiones concretas y a «aventurarse en el nuevo año libres y portadores de libertad, perdonados y dispensadores de perdón, confiados en la cercanía y en la bondad del Señor que siempre nos acompaña». «Que este sea nuestro compromiso, nuestro propósito para los meses venideros y para toda nuestra vida cristiana», ha concluido.El Papa ha celebrado la misa junto a su ministro de Exteriores, el arzobispo británico Paul Richard Gallagher, y el cardenal prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, el canadiense Michael Czerny. En una las primeras filas han seguido la ceremonia los «Sternsinger» o «Cantores de la estrella» , un grupo de niños vestidos de Reyes Magos que suelen acudir a esta primera misa del año en el Vaticano. Siguen una tradición que se remonta al siglo XVI: proceden de Alemania, Austria y Suiza y en torno a la Epifanía recorren las calles cantando villancicos para recoger limosnas. Este año recaudan fondos para los niños de Bangladés, con la idea de contribuir a que «vayan a la escuela en lugar de trabajar en fábricas».Tras la ceremonia, se ha desplazado hasta la ventana del Palacio Apostólico que asoma a la plaza para rezar el ángelus a mediodía. Allí ha propuesto a unos 25.000 peregrinos rezar «todos juntos por la paz; sobre todo entre las naciones ensangrentadas por conflictos y miseria, pero también en nuestras casas, en las familias heridas por la violencia y el dolor». En su saludo ha dicho que «la paz proviene de Dios, pero es un don confiado a nuestra responsabilidad». «Comencemos desde hoy a construir un año de paz, desarmando nuestros corazones y absteniéndonos de toda violencia», ha solicitado.Mensaje para la Jornada Mundial de la PazComo el 1 de enero la Iglesia católica celebra la Jornada Mundial de la Paz, es tradicional que los Papas firmen un mensaje especial dirigido a los jefes de Estado y de gobierno. El primero firmado por León XIV lleva por título unas palabras del discurso que pronunció nada más ser: «La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante».En el texto, que se difundió el pasado 18 de diciembre, avisa de que «cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla. Pareciera que faltan las ideas justas, las frases sopesadas, la capacidad de decir que la paz está cerca», añade. Alerta de que en esta situación, los ciudadanos «llegan a considerar una culpa el hecho de que no se nos prepare lo suficiente para la guerra, para reaccionar a los ataques, para responder a las agresiones». «No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros. En efecto, la fuerza disuasiva del poder y, en particular, de la disuasión nuclear, encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza», añade. También denuncia que «en vez de una cultura de la memoria, que preserve la conciencia madurada en el siglo XX y no olvide a sus millones de víctimas , se promueven campañas de comunicación y programas educativos, en escuelas y universidades, así como en los medios de comunicación, que difunden la percepción de amenazas y transmiten una noción meramente armada de defensa y de seguridad». «Es necesario denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección», concluye. Por contraste, «la bondad es desarmante». «Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá lo que nos conmueve profundamente es precisamente pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos», propone. «Cuidemos la paz sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella», concluye su mensaje.

