Los pudientes comían bueyes y los esclavos, burros: Noheda descifra la dieta de la Hispania romana
Una investigación trata de reconstruir la alimentación de los pobladores de esta villa romana a partir de los restos encontrados en un basurero y en una necrópolis
Los últimos hallazgos en la villa romana de Noheda, en la localidad conquense de Villar de Domingo García, están ayudando a reconstruir la dieta de ricos y pobres en la Hispania romana de hace 1.600 años. Un grupo de investigadores, con el director del yacimiento Miguel Ángel Valero a la cabeza, ha empezado a descifrar la alimentación de las familias más pudientes —las que residían en la pars urbana— y la de los esclavos o trabajadores que habitaban la pars rustica de este enorme complejo agropecuario, que ocupó unas diez hectáreas y del que apenas se ha excavado un 5%. Universidades de todo el país e instituciones como el CSIC analizan miles de desechos orgánicos encontrados en las diferentes campañas de excavación. Un trabajo de precisión que incluye también los restos óseos de nueve individuos inhumados en una pequeña necrópolis levantada en la época de declive de la villa, entre los escombros del enorme salón cruciforme descubierto en 2021 y cuyo uso, aún hoy, sigue siendo un misterio para los investigadores.
Que el pasado de Noheda empezara a desenterrarse ya entrado el siglo XXI ha permitido emplear un compendio de técnicas “hipernovedosas” en la arqueología, explica Valero, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Castilla-La Mancha. La palinología —que analiza los pólenes—, la carpología —centrada en los frutos y semillas— o el estudio del colágeno encontrado en los enterramientos, están sirviendo para sacar a la luz la alimentación y el modus vivendi de los habitantes de esta villa, conocida mundialmente por albergar en su sala triabsidada el mosaico figurativo más grande del Imperio romano descubierto hasta la fecha. Los investigadores analizan los 14.000 fragmentos relacionados con la alimentación y los guisos que elaboraban sus moradores, entre ellos los huesos de los animales que cazaban, criaban o que devoraban después de haberles servido para otros menesteres y que los arqueólogos han localizado en un vertedero situado junto a la zona más lujosa de la villa o diseminados por otros puntos del enclave.

El objetivo es conocer la dieta de los domini o terratenientes de la villa y de los recolectores que trabajaban en esta enorme hacienda rural, descubierta de forma fortuita durante unos trabajos agrícolas en los años 80. El material a analizar abarca , el siglo IV, y su declive, a partir del siglo V. Los primeros resultados de la investigación han descubierto que las familias pudientes ingerían pescado, aves, ovejas y cabras jóvenes asadas, y bebían vino sirio trasladado en ánforas, mientras que bueyes, cabras y ovejas utilizados para tracción o lana, y desechados tras largos periodos de trabajo, constituían la ingesta de los estratos más bajos, que regaban sus comidas con vino bobal. En el proyecto también participan alumnos de la Universidad de Mayores José Saramago de Cuenca que han sido carniceros y que, subraya Valero, están “ayudando a identificar los cortes que los pobladores de Noheda hacían en la carne en función de cómo iban a cocinarla”.
