Madonna caldea el ambiente: así es la sexual campaña que protagoniza para el perfume The One de Dolce&Gabbana
La artista, de 67 años, rompe con la regla no escrita de un sector entregado a la utopía de la eterna juventud que prioriza a protagonistas jóvenes. Especialmente si es para hablar de sexo
No es nada habitual que la industria del perfume escoja a una mujer de 67 años como imagen. Y mucho menos que la coloque en una escena con alta carga sexual. Pero es justo lo que ha hecho la firma italiana Dolce&Gabbana con Madonna, protagonista de su nueva campaña para la fragancia The One junto al actor cubano Alberto Guerra, de 43 años. “El anuncio es innegablemente sensual”, cuenta por correo electrónico el diseñador Domenico Dolce, “un sueño, un juego de contrastes rico en sugerencias, tensión emocional y anticipación”. La pareja recoge el testigo de Scarlett Johansson y Matthew McConaughey, embajadores del perfume desde 2013, y de los sucesores de estos, Emilia Clarke y Kit Harington, que fueron imagen de la franquicia en 2017.
La apuesta por el nuevo dúo y el vídeo del anuncio, dirigido por Mert Alas, son toda una reivindicación, en un panorama global en el que el sexo está desapareciendo de los contenidos culturales (pese a estar muy presente en un porno cada vez más violento). “Siempre hemos contado esta historia, adaptándola al contexto y al momento histórico y cultural. Los tiempos cambian, al igual que la sensibilidad con la que miramos el mundo, pero nuestros valores y nuestra narrativa permanecen inalterados”, prosigue el creativo. Su vocabulario siempre ha estado ligado al imaginario del sexo, como el de la propia Madonna, a la que están unidos desde hace años por una gran amistad.
“Nuestra historia con ella es una amistad que dura décadas”, rememora Stefano Gabbana, “la conocimos a finales de los ochenta. Ella ya era una estrella consolidada y nosotros, dos jóvenes diseñadores al comienzo de nuestras carreras. Ella estaba en Turín para la gira mundial de Blond Ambition y Domenico y yo fuimos a verla porque éramos grandes fans. Recuerdo que nos dijimos, ‘imagina si algún día llevara algo nuestro’. Poco después llegó a nuestra mesa un ejemplar del con una foto suya en una fiesta en París. Llevaba un Dolce&Gabbana. Todavía lo recuerdo, una falda de punto, un sujetador y un cárdigan de malla. Nos quedamos atónitos. Enseguida nos pusimos en contacto con su oficina de prensa y así empezó nuestra relación. Primero profesional, luego personal. Desde el principio lo que nos unió fue la pasión, el deseo de romper con las reglas y de dar voz a nuestras personalidades. En nuestra primera reunión fuimos a cenar a un restaurante italiano, Silvano, en Nueva York. Hablamos durante horas, nos quedamos a tomar algo y al día siguiente quedamos en vernos de nuevo. Incluso después de todos estos años, ella es la única mujer que todavía me intimida porque sigue siendo, y siempre será, mi ídolo”.