Mari Katayama, el cuerpo como un lienzo
Una publicación reúne la obra realizada a lo largo de seis años por la artista japonesa. Composiciones en las cuales hace uso de su cuerpo y de materiales cotidianos para crear imágenes que invitan a reflexionar sobre la mirada propia mirada y la de los demás
Existen dos lemas imprescindibles para Mari Katayama (Saitama, Japón, 1987). El primero es que siempre sea ella quien apriete el obturador; si lo hiciera otra persona, esta se convertiría en la autora de las abigarradas puestas en escena, en las cuales la joven emplea su cuerpo como una escultura viva y expresa su propia vulnerabilidad. “Es fácil privar a alguien de su existencia”, asegura la artista. El segundo consiste en utilizar materiales cotidianos y elementos naturales para componer los objetos, meticulosamente cosidos o bordados, incrustados con encajes, cristales, cabellos, o conchas que junto a sus prótesis hechas a mano, componen los impactantes autorretratos que la han lanzado a la fama mundial.
Synthesis reúne seis años de trabajo de la aclamada artista japonesa. Realizados entre 2019 y 2025, consolidan a Katayama como una artista en pleno momento de expansión creativa y en una posición de plena autoridad sobre su imagen y su relato. Cada imagen invita a sumergirse en un universo donde el cuerpo, la memoria y la naturaleza se entrelazan en composiciones que son a la vez traviesas y profundamente reflexivas; íntimas y monumentales.
En el otoño de 2018, cuando le acababan de confirmar su participación en la Bienal de Venecia. Katayama encontró una vivienda en la montañosa provincia de Gunma, en la isla de Honshu, donde transcurrió su infancia. “Se convirtió en mi primer estudio privado”, asegura. Fue allí donde, en un periodo de seis años marcado por el nacimiento de su hija, produjo las nueve series fotográficas que se incluyen en el monográfico. Su casa y estudio pasaron a representar ese espacio de realización personal y creativa, donde su ser y su obra se encuentran.

Resulta difícil hablar de la obra de Katayama sin referirse a su biografía. Nació con un raro trastorno congénito que afecta los huesos de la espinilla, y, en su caso, la mano. A los nueve años decidió amputarse las piernas, pasó un año aprendiendo a caminar con prótesis. Esta experiencias junto a sus vivencias como mujer son la raíz de su creatividad. Así, se representa a sí mimas para expresar sus deseos. Sin embargo, su obra no trata de su cuerpo, sino de nuestras metas y nuestros anhelos, sin importar cómo seamos. Habla de la experiencia de existir donde pocos logran ser auténticamente ellos mismos.
La artista creció viendo obras de arte japonesas, junto a su abuelo, pintor que la estimulaba con sus visitas a los museos. De ahí que asegure que nunca pudo imaginar que los “oscuros” objetos que realizaba pudiesen llegar a ser considerados arte. Sostiene que la relación entre el fotógrafo, el fotografiado y el espectador no es siempre igualitaria, y persigue un arte que sí lo sea.

