Martín García García, el pianista que persigue a la música con videojuegos
Hay quien posee habilidad para los videojuegos y hay otros que tienen manos para el piano. Y luego existen algunos, solo unos pocos bendecidos con un don (casi) del cielo, que cuentan con la capacidad de responder a ambas, y con nota. Ese es Martín García García (Gijón, 1996), el joven pianista que obtuvo el primer puesto en el Cleveland International Piano Competition y el tercero en el Concurso Internacional de Piano Fryderyk Chopin . El primer español en lograrlo. «No recuerdo nada por la intensidad. Hay tanta tensión y estás metido en una vorágine de tu propia rutina de mañana a tarde. No ves a nadie, hay mucha gente involucrada en el concurso, pero no ves a nadie, estás tú a lo tuyo, contigo mismo y todos los días son una repetición continua de mucho estrés. Y una vez que uno sale del escenario también. Si uno empieza a ser consciente de dónde está no llega al final . Hay que estar metido en ti mismo y esa tensión hace que no recuerdes nada. Yo, por lo menos, no recuerdo nada. Recuerdo las fotos, eso sí, pero…», confiesa a ABC mientras mira la imagen que tiene entre sus manos en la que aparece tocando en la gran final.Noticia Relacionada reportaje Si Jan Lisiecki, el prodigio que dibuja emociones sobre el piano Clara Molla Pagán El pianista canadiense visitó Madrid junto a la Fundación Scherzo y ABC recorrió el Museo Thyssen y visitó la tienda de pianos Hinves junto a él para hablar sobre su carrera, los retos a los que se enfrenta y las complejidades de su profesiónEl artista acoge a este periódico en la casa de sus padres en Madrid. La ciudad lo recibe también con su concierto extraordinario con Ibermúsica el próximo 3 de febrero en el Auditorio Nacional, y más tarde como solista junto a la BBC National Orchestra of Wales en abril . Su casa es el lugar donde empezó todo. Muchos músicos heredan el gusto por la música al ver a sus padres tocar. En el caso de Martín no fue así. «Fue algo tan simple como que quería copiar a mi hermano, que tiene siete años más que yo. Él luego no se dedicó a la música, pero le encanta. Hoy en día es prácticamente casi más melómano que yo. Por ese amor por la música quise imitarlo». Estos dos hermanos tuvieron la suerte de dar , por casualidad, con Natalia Mazoun e Ilyá Goldfarb, que vinieron a España con los Virtuosos de Moscú en los 90, huyendo del régimen. ¿Por casualidad? «Son posiblemente los mejores profesores de España. Que yo me los haya encontrado en Asturias es una cosa que sigo sin poner en perspectiva. No sé muy bien cómo pasó, pero pasó », confiesa.La templanza de Martín García García al piano desde joven asombra. Dejaba anonadados a los chicos que iban a 'El conciertazo', aquel programa presentado por Fernando Argenta, uno de los mayores divulgadores de la música clásica en España. Aquel formato que generó pequeños melómanos al son de 'Viva la música clásica' y que fue un escaparate de pequeños artistas que ya despuntaban, como García. «La idea de que el solista tenga la mitad de su formación en un escenario es algo que no es tan obvio hoy en día en el mundo y mis profesores siempre intentaron ponerme en uno. Eso me dio quizás esa templanza o esa manera de ver el concierto como algo normal, cuando no es algo normal . Aquí estoy muy tranquilo, muy apaciguado por dentro, haciendo mis cosas sin prestar mucha atención a nadie. No le prestaba mucha atención, la verdad», dice mientras mira otra de las fotografías en las que aparece de pequeño, con Pascual Osa a la batuta y delante de un público infantil que mira asombrado.Arriba, Martín García García durante el Concurso Chopin. Izquierda, el pianista junto a sus maestros Natalia Mazoun e Ilyá Goldfarb. Derecha, Martín García García en su casa ABC/ José Ramón LadraDe una casualidad pasó a otra tras entrar a la Escuela Superior de Música Reina Sofía y caer en manos de la maestra y pianista Galina Eguiazarova. «Esa mujer es probablemente la persona más importante con la cual me encontré en mi vida», dice señalándola en otra imagen. «Estuve con ella como profesora, pero maestra. Maestra con la primera M grande. Una guía, semana tras semana. La veía más a ella que a mis padres. Ella me guio por el mundo artístico y por el mundo personal. Me hizo crecer profesional y personalmente, como humano», confiesa seguro.La vida de Martín García García aparenta ser un conjunto de casualidades que en realidad revelan una certeza: la música. «Nunca tuve el momento en el cual no pensara que yo estaba destinado a la música. Hay muchas cosas que influencian la carrera profesional, incluida la suerte también. Muchas cosas. Pero desde muy temprano estaba en ese mundo y no pensé que tenía que salir de él. Sí que tenía cosas en mi cabeza que quería hacer, a lo mejor ser piloto de aviones hasta bien mayor. Pero la música me comía». Su habilidad, que le ha llevado al podio del concurso más importante de piano del mundo, como es el Chopin, a ser todo un fenómeno en Japón, donde hace extensas giras , es gracias a horas y horas de trabajo. Y, quién sabe, si también gracias a los videojuegos. La otra afición de Martín García García.—¿Qué tienen en común el piano y la Nintendo?—(Risas). La habilidad con las manos. Siempre lo pensé. Es muy sano, todo controlado, obviamente, pero es muy sana la conexión de la actividad con tus dedos, es bueno precisamente separarla mentalmente de esa actividad; estás haciendo algo dentro de un videojuego. Lo mismo ocurre con la música. Tienes una actividad con los dedos y muchos estudiantes, por ejemplo, ven la actividad de los dedos sin ver más allá de qué significa esa actividad de los dedos. Hay bastantes paralelismos. Y luego un buen videojuego es una obra artística. Es fantástico. Hay música, mundos imaginarios, todo un significado dentro de los videojuegos. Hay un mundo fantástico dentro de la Nintendo.—Hablando de actividad, ¿qué es para un músico la voluntad?—Es complicado porque la voluntad va ligada a tu propia responsabilidad, con alguien o con algo que no es tangible. Esa voluntad va ligada a una certeza propia. Esa voluntad es difícil porque ni crece ni disminuye, no importa lo que pase alrededor tuyo. Es fija. Nos hace rompernos la cabeza a muchos artistas porque queremos llegar a algo que sabemos que no podemos llegar ahí. Es un tema complicado. La voluntad del artista es un libro de Schopenhauer, así de gordo.—¿Y el silencio?—El silencio es buena música. Buena música no en el sentido físico de la palabra, de decir que estoy escuchando un buen concierto. Buena música que da sosiego, que da paz. La música no tiene por qué tener paz, pero si la música habla de algo que todo el mundo entiende, si alguien empatiza con algo musical, esa persona consigue paz interior, aunque la música sea turbia o hable de violencia, por ejemplo. Si esa persona entiende esa música de forma cercana, esa persona adquiere algún tipo de silencio, adquiere paz y adquiere la capacidad de cambiar cosas de su vida que quizás no haría de otra manera. Ese silencio es buena música.—¿Qué es lo más satisfactorio de tener las manos sobre el piano?—Lo más satisfactorio, pero no lo más usual, es cuando aparece esa satisfacción, que es quizás una vez cada cinco o seis meses. Es llegar a un ideal con lo que quieres hacer. Llegaste a un ideal, lo tocaste y se te fue de las manos. Ese instante de tocar algo que está fuera de ti. La música es como tratar con otra persona . De repente, intentar agarrar a esa persona, que es la música. A veces ocurre cada cuatro, cinco o seis meses.—¿Y lo más complejo?—Es levantarse cada día queriendo llegar allí sabiendo que no puedes llegar. Sabes que no puedes llegar y es darte palos todos los días. La repetición, la rutina, el trabajo continuo. La continuidad hace de mantra. Ese mantra hace que después de repetirlo 300 millones de veces, llega un momento en que de repente aprehendes el mantra. Hay algo dentro de ti que cambia. Y después vuelves otra vez simplemente a decir el mantra. Lo más difícil y lo más satisfactorio es lo mismo. Solo que el momento en el que llegas al destino, ahí está la satisfacción. Y luego vuelves.Noticia Relacionada BALANCE DE 2025 estandar Si El año del gran debut de Klaus Mäkelä en Madrid Clara Molla Pagán El paso del director finlandés por Madrid, la proyección de María Dueñas y la visita de los pianistas (y hermanos) Jussen marcan el año 2025 de la música clásicaSu rostro se ilumina cada vez que ve una imagen, pero cobra una luz especial en el momento en que tiene sobre sus manos una fotografía con sus padres y hermano. «Creo que no he visto esta imagen… En cuánto tiempo no he visto yo esto… De hecho, esta imagen la digitalizarían hace nada, porque… ¡Qué bueno!», confiesa emocionado. Al verla, varias preguntas se le pasan por la cabeza. « No tengo ni idea de quién soy , cada vez que me veo en fotografías me da la sensación de que soy otra persona distinta. Hasta en cosas muy recientes. Me veo a mí mismo y me veo en tercera persona. Es una sensación extraña. Desde que era pequeño siempre mi vida fue bastante vorágine de trabajo, de estudio, desde que era pequeño metido en la música… No me quiero llamar músico, no me quiero llamar pianista, pero sí alguien que ha vivido toda su vida a través de la música . No tanto de las palabras o de las relaciones, sino de la música en sí. Como un lenguaje. Primero el lenguaje de la música y luego el español», cuenta, riendo.La mirada que desprenden sus ojos al ver a su familia en la foto, así como la cantidad de recuerdos que rodean la casa de sus padres con todos ellos, revela que tantas veces ha sido un faro para él . Un faro en una profesión tantas veces solitaria, de vaivenes, de viajes, de tener un pie en casa y otro en el aeropuerto. «Tienes que aprender a vivir en una burbuja dentro de la burbuja y conectar esa burbuja fuera también. Al final la música es la vida real », dice. Y en sus manos queda la última foto: la de su tierra. Pocas palabras le suscita, más bien solo una. Bueno, dos: ¡Viva Asturias!

