Mbappé, incógnita e ilusión de una final desigualada en Arabia
A las 00.26 horas de la madrugada del viernes al sábado, tras volar en un avión privado en el que finalmente no estaba Florentino Pérez, que aterrizó en Yeda ayer a media tarde, Mbappé entraba por la puerta del Hilton Jeddah , estratégicamente ubicado en Corniche, el espectacular paseo marítimo que bordea el mar Rojo: «Salam Alaikoum, Saudi Arabia», escribió el francés en su cuenta de X para anunciar su llegada al país.El francés es la gran esperanza para la final de la Supercopa, que esta noche en Yeda (20.00 horas, Movistar+) decide el primer título de la temporada. Será el cuarto clásico consecutivo en tierras saudíes, el segundo en el Alinma Stadium, donde hace justo doce meses el equipo blanco se llevó un 5-2 que dejó a Ancelott i muy tocado a ojos del club. Está avisado Xabi, aunque el tolosarra le reste importancia, con la boca pequeña, a lo que suceda hoy: «Solo es un partido, pero es verdad que lo que pase puede tener impacto para el resto de la temporada».Noticia Relacionada final de la supercopa de españa estandar No Xabi no será «kamikaze» con Mbbapé, el «mejor delantero del momento» para Flick Rubén Cañizares Alonso no desvela si el francés jugará de inicio y si será infiltrado, o no. Flick elogia al francés, pero también saca pecho sobre el balance en los clásicos: «Solo hemos perdido uno»Una temporada en la que el Madrid camina por el alambre. 78 días han pasado desde el clásico de Liga (2-1) en el Bernabéu, uno de los mejores partidos del equipo blanco esta temporada, que cerró la herida de los cuatro clásicos de la pasada temporada, pero abrió otra mayor que ha condicionado estos tres últimos meses. Desde entonces, el Madrid ha ido hacia abajo y el Barça justo lo contrario. Los problemas y los enfados de Flick cruzaron el puente aéreo y se instalaron en la capital, hasta el punto de ver a Xabi al filo del despido. Pero no solo eso: del +5 del Madrid tras ese 2-1 en el Bernabéu ante el Barça, al -4 de hoy: «A los madridista que no creen les diría que echen un poco la vista atrás, que recuerden partidos y títulos que no daban un duro por nosotros y hemos hecho maravillas».Pero no es solo una cuestión de números. También de fútbol. Este Barça no es el de la temporada pasada, pero incluso así sigue siendo mejor equipo que el Madrid. Es una evidencia que nadie puede negar y que tiene influencia en la final. Al menos, a priori, donde la confianza y las sensaciones son bien diferentes: «El Madrid es un club de un muy alto nivel, pero tenemos que pensar en nosotros mismos. Tengo muy buen feeling», dijo ayer Flick.Piropeó el germano a Mbappé, calificándolo como el mejor delantero del momento. Zanahoria, pero también palo, recordando el positivo historial de sus duelos contra el Madrid, en todos ellos con Kylian: «¿Sabes cuántos clásicos hemos jugado en este último año y medio? ¿Y sabes cuántos hemos ganado?», le preguntaba irónicamente a un periodista saudí. «Solo hemos perdido uno de cinco», añadía sonriente.El francés se entrenó ayer con el grupo, horas después de que Xabi dijera que no «harían el kamikaze» con él y que se asumirá un «riesgo controlado». No es partidario el francés de infiltrarse, y menos en año de Mundial, y no suele ser la rodilla una zona adecuada para hacerlo, pero no hubo un no rotundo a ningún escenario alrededor del galo. Por si acaso, Xabi se acordó de Vinicius : «Históricamente, ha sido decisivo en finales, y mañana se juega una. Y, además, contra el Barça. Le necesitamos sí o sí».Sí jugará seguro Lamine, que fue suplente ante el Athletic por unas molestias estomacales. Ocupará el lugar de Roony, y el resto serán los mismos que aplastaron a los de Valverde el miércoles: «El último clásico lo ganaron ellos y nos dolió el cómo», comentó Eric García, que hará pareja con Cubarsí.Un clásico que ya empezó a disputarse anoche con la cena oficial. Como sucedió la pasada temporada, de nuevo Florentino esquivó el sarao y la foto con Laporta y Louzán. En su lugar acudieron José Ángel, Butragueño y Pirri. Hoy será imposible que no se junten ambos presidentes, pero las cartas están marcadas. En los despachos, y ya veremos si en el campo.

