El temor a las filtraciones obligó a las autoridades ecuatorianas y españolas a apuntalar en cuestión de dos horas el arresto del delincuente más buscado del país andino
Era una cuestión de Estado. El miedo a alguna filtración que echase por tierra el trabajo policial hizo que los últimos pasos se activaran apenas dos horas antes de su arresto. La detención de Wilmer Geovanny Chavarría Barré, alias Pipo, el delincuente más buscado de Ecuador, fue posible gracias a una investigación llevada casi en completo secreto, salvo para un puñado de personas. Hasta que el pasado 16 de noviembre el narcotraficante subió al avión que le llevó desde Marruecos hasta España no se activaron todos los procedimientos. Apenas 120 minutos que culminaron un trabajo que permitió confirmar que Chavarría había resucitado tras fingir su muerte por covid en 2021. Desde ese año residía, invisible para las autoridades, entre Dubái y Málaga, donde gracias a una identidad falsa consiguió en 2024 un permiso de residencia. Tras ser puesto a disposición de la Audiencia Nacional, permanece en prisión a la espera de ser extraditado a su país, una decisión en manos del Consejo de Ministros.
A sus 39 años se le considera uno de los mayores criminales de Ecuador. Además del tráfico de cocaína, la policía le vincula a 400 asesinatos en cárceles ecuatorianas y varios atentados en Guayaquil con coches bomba y drones activados desde centros penitenciarios. Tras pasar ocho años en prisión —de 2011 a 2019— ejercía como duro líder de la sanguinaria banda de Los Lobos, grupo criminal que quiso emanciparse en 2020 de quienes mandaban entonces en territorio ecuatoriano, Los Choneros. La organización consiguió su objetivo gracias a una alianza con el Cartel Jalisco Nueva Generación y disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). También a una espiral de violencia que dejó cientos de fallecidos en prisiones ecuatorianas durante los siguientes años.
Pero, para entonces, él había muerto. O eso parecía. Había aprovechado el colapso institucional provocado por la pandemia para fingir su fallecimiento por covid. La muerte quedó inscrita en el registro por sus familiares el 23 de febrero de 2021, el mismo día en que varios motines simultáneos en distintas cárceles de Ecuador provocaron 79 muertes. Obtuvo así una vida extra, una oportunidad de desaparecer mientras continuaba su actividad y, de paso, esquivaba la condena de 16 años de prisión que pesaba sobre él por robo y asesinato. Nadie vio sus restos, pero no se necesitaron muchas más pruebas que un acta de defunción en un Estado desbordado que, en plena crisis sanitaria, llegó incluso a extraviar cuerpos en hospitales públicos.
A los agentes policiales de Ecuador, la ausencia del cadáver les generó dudas, que crecían a medida que se reunían nuevos indicios de que Pipo podría seguir vivo, obtenidos gracias al seguimiento a otros delincuentes. Entre ellos, a su socio Leandro Norero, quien montó y financió todo el andamiaje para falsear la muerte de Chavarría. Tenía experiencia: ya había hecho lo mismo con su propio fallecimiento.
Norero fue detenido en una mansión de Samborondón (Ecuador) en 2022 con seis millones de dólares en efectivo, una decena de lingotes de oro y joyas. Meses después fue asesinado en la cárcel de Cotopaxi, en el centro del país, en una emboscada que, según las investigaciones, fue ordenada por el propio Pipo desde el exterior cuando vio que su amigo podía convertirse en un rival duro dentro de la organización.
La colaboración de un informante, que facilitó los chats de comunicación entre los criminales, fue clave para entender que Chavarría seguía vivo. Según el ministro del Interior ecuatoriano, John Reimberg, esa segunda vida comenzó fuera de Ecuador. Obtuvo primero una nueva identidad en Venezuela y luego un pasaporte colombiano bajo el nombre de Danilo Ramón Fernández Calderón. Con ese documento viajó en 2022 a España, desde donde “dirigía un amplio esquema de narcotráfico y delictivo en Países Bajos, Italia, Alemania, México y Colombia”, según Reimberg. Fuentes policiales revelan que gracias al nacimiento de su hijo, en 2024 obtuvo el permiso de residencia en territorio español por arraigo familiar por un periodo de cinco años.
Cuando en 2025 la Unidad de Lucha Contra el Crimen Organizado (ULCO) de la Policía Nacional ecuatoriana consiguió demostrar que el certificado de defunción del delincuente era un fraude, preguntó a España si Chavarría estaba allí bajo su identidad ficticia. “Comprobamos que tenía el permiso de residencia y que su familia estaba en Málaga”, relatan fuentes de la Policía Nacional, que envió a un equipo de especialistas en la búsqueda de fugitivos hasta la ciudad andaluza. Allí, en una calle sin particularidades en una zona humilde junto al estado de fútbol de La Rosaleda, viven su suegra y sus cuñados. Tienen negocios y hacen una vida sencilla, discreta y sin lujos. “Pero a él nunca lo vimos”, añade un agente, quien subraya que las indagaciones permitieron conocer que Chavarría residía principalmente en Emiratos Árabes Unidos con su mujer y su hijo y que en España solo pasaba distintas temporadas cortas a lo largo del año.
“No quedaba más que tirar de paciencia”, insiste el policía. Había que esperar a que Chavarría viajase a España, de nuevo, para visitar a su familia. La principal oportunidad parecía Navidad, pero llegó antes de lo esperado. Su nombre falso apareció en la lista de un vuelo del 16 de noviembre que lo llevó primero desde Dubái hasta el aeropuerto internacional Mohammed V, al sur de Casablanca, la ciudad más grande de Marruecos. Y desde allí hasta Málaga. “La información se manejó al más alto nivel, porque se sabía que Chavarría tenía mucha influencia en la estructura del Estado en Ecuador y, si se enteraba que le seguíamos la pista, lo perdíamos. Fue clave para que todo saliera bien”, insisten fuentes policiales, donde destacan que hasta el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, estudió viajar a España para presenciar la detención. No lo hizo, pero sí su ministro del Interior, Reimberg, acompañado de la cúpula policial ecuatoriana.
Retoques estéticos y huellas dactilares borradas
Cuando Chavarría se subió al avión en Marruecos, ya daba igual que algún contacto del delincuente lo avisara; no tenía escapatoria. Ecuador inició con rapidez los trámites para demostrar que la partida de defunción de Chavarría era falsa y, así, devolverlo a la vida. Era el paso previo necesario para tramitar una notificación roja de Interpol, dirigida a las autoridades de todo el mundo para localizar y detener provisionalmente a una persona, que el organismo expidió con carácter de urgencia.
Al aterrizar en España, los agentes del control de pasaporte que abordaron al delincuente, comprobaron que la identidad que figuraba en su pasaporte era falsa y lo prendieron por falsedad documental. Los agentes que lo abordaron se cercioraron también de que había cambiado su aspecto, con retoques estéticos en la cara y antiguos tatuajes tapados por otros nuevos. También se había borrado la huella de dos de sus dedos, pero las del resto coincidían con su ficha policial y las que incluía la orden de Interpol, que llegó en menos de 24 horas.
La noticia del arresto no tardó en cruzar el Atlántico. Pocos minutos después de la detención, los informativos de Ecuador difundían la detención. “Los unos lo dieron por muerto; nosotros lo buscamos en su mismísimo infierno”, escribía Noboa en la red X, en un tuit en el que señalaba que, desde su escondite, el delincuente “ordenaba asesinatos en Ecuador, controlaba las operaciones de minería ilegal y movía rutas de droga junto al Cartel Jalisco Nueva Generación”.
Chavarría pasó a disposición de la Audiencia Nacional, que lo envió a prisión. Ahora se espera que se cumpla el proceso de extradición a su país, algo que suele llevar tiempo y requiere la intervención del Ministerio de Justicia, y la autorización del Consejo de Ministros, que aún no tiene fecha para ello.
La Fiscalía de Ecuador ha empezado a adelantar trabajo. Ha solicitado ya que, en cuanto llegue al país, se reactiven las investigaciones contra él y se haga efectiva su condena pendiente, que había quedado archivada por su supuesta muerte.