‘Numancia’: cuando lo solemne es la antítesis de lo trágico
José Luis Alonso de Santos, director de los Teatros del Canal, escenifica una versión propia de esta tragedia de Cervantes en la que se echa de menos una dramaturgia que engarce el pasado con la actualidad
La representación de la Numancia cervantina, de la que se ha estrenado una versión en los Teatros del Canal, casi siempre sirvió de espejo a acontecimientos contemporáneos. En 1809, el general Palafox hizo que se escenificase durante el sitio de Zaragoza para elevar la moral de los resistentes. El montaje dirigido por Jean-Louis Barrault en el París de 1937 trajo a colación el asedio que sufría el Madrid republicano. Meses después, en la capital española, Rafael Alberti estrenó una versión propia en la que llamaba italianos a los romanos, en alusión a los camisas negras que combatían junto a Franco. Alfonso Sastre publicó en 1968 una adaptación donde se refiere a la masacre que EE UU estaba cometiendo en Vietnam y al embargo impuesto sobre Cuba, que prosigue actualmente.
¿Y el montaje escenificado en el Canal por José Luis Alonso de Santos, a qué alude? Es imposible referirse hoy a la Roma expansionista, que aprovechó su superioridad tecnológica para deshacerse de los nativos de Numancia (población cuyo control resultaba estratégico para depredar los recursos naturales peninsulares), sin evocar la ocupación de la franja de Gaza por el Israel actual. Escipión ordenó a sus 60.000 legionarios cavar un foso de nueve kilómetros en torno a la ciudad arévaca y flanquearlo con dos murallas, hasta aislarla por completo. Cervantes nos cuenta cómo los numantinos intentaron todas las vías de escape, sin éxito. Pero aún así, no se entregaron: prefirieron morir de hambre.
La singularidad de esta tragedia frente a todas las anteriores en la historia del teatro occidental es triple. Por un lado, sus protagonistas no son aristócratas, sino el pueblo llano y sus delegados. Por otro, la acción transcurre sin intervención sobrenatural alguna, luego es una obra profundamente humana. Y, finalmente, las víctimas no son tales por haber cometido algún delito (la hybris griega) sino porque sus circunstancias se imponen a su voluntad. El caso es que en esta nueva escenificación no hay guiños que permitan establecer vínculos entre algún acontecimiento actual y la versión cervantina de lo sucedido en el año 133 a. C. Siendo trágica la lucha por la libertad planteada aquí por el autor del en esta ocasión no conmueve, por falta de una labor dramatúrgica y de puesta en escena orientada a encuadrar la acción en un sistema de referencias renovado. También se echa en falta una orquestación minuciosa del movimiento coral de los 19 actores. La entrada postrera de los numantinos, lenta, solemne, sin tensión, es un ejemplo de esa carencia.