“Papelitos” impregnados de drogas desconocidas ponen en alerta a las prisiones de Botafuegos y Puerto III
Cuatro reclusos fallecieron en 2025 después de fumar tiras con sustancias tóxicas, según datos del sindicato Acaip
El recuento de las ocho de la mañana en el módulo 4 de la prisión de Botafuegos, en Algeciras, del pasado 11 de septiembre acabó mal. Poco antes de empezar, un interno avisó a los funcionarios de que su compañero de celda no se movía. De nada sirvió la atención médica, el preso de 34 años yacía muerto en su cama. Poco después, el recluso que dio la alerta aseguraba que, la noche anterior, habían fumado tiras de supuestos parches de fentanilo envueltas en tabaco de liar. La muerte, denunciada por el sindicato Acaip, es la cuarta de 2025 que esta entidad imputa a la peligrosa moda de los “papelitos” impregnados con tóxicos desconocidos, que también ya ha llegado a la cercana prisión de Puerto III, según ha alertado el sindicato CSIF hace escasos días. Por ahora, Instituciones Penitenciarias se limita a asegurar que toda sustancia prohibida se analiza y que, en función de ello, se toman las medidas correspondientes.
Bajo el nombre de papelito o papelillo, como ya popularmente lo conocen los internos, se oculta la peligrosa tendencia creciente del “consumo de papeles tóxicos sintéticos”, como explica José Luis Alcaraz, funcionario de la prisión de Botafuegos y sindicalista de Acaip en este centro. El nombre técnico da pistas de lo poco que se conoce sobre la composición de esas tiras de dos centímetros de longitud por dos milímetros de grosor que se llegan a vender entre cinco y ocho euros la unidad. Por ahora, los funcionarios algecireños y portuenses tienen claro que son folios, a veces manuscritos o con dibujos que entran en la correspondencia dirigida a los presos, sumergidos o impregnados con diversos y desconocidos tóxicos. Son incoloros, inodoros y, lo que es más preocupante, habitualmente no reaccionan a los reactivos de drogas con los que cuenta Instituciones Penitenciarias.
“No tenemos forma de detectarlo: pueden tener pinturas, lejía, abrillantador de llantas, ketamina, cannabinoides sintéticos... Les da un colocón de 15 o 20 minutos que los deja como si fuese fentanilo, aunque no tenemos constancia de que lo sea. En el recuento de presos se salvan vidas, he visto a internos cianóticos”, resume un funcionario de Puerto III que pide anonimato. Los primeros casos comenzaron a verse en esa cárcel a finales de 2024 y en Botafuegos hace dos años. “No se ha comentado porque era minúsculo, pero esto ya ha comenzado a salirse del tiesto”, apunta Alcaraz. En la prisión portuense hablan de consumos esporádicos, de picos de entrada en determinados módulos. “Cuando entra, ves en un módulo como, poco a poco, van cayendo a la enfermería. No saben lo que han tomado, así que les ponen naloxona [un medicamento que revierte las sobredosis de opioides] y, si no reacciona, llamas a la UVI”, apunta otra fuente sindical de Puerto III.
