¿Por qué nuestros gobernantes no se parecen a la gente con la que compartimos ascensor?
Si cada cuatro años votamos, pero solo podemos elegir entre quienes han sobrevivido a un filtro muy estricto de favoritismos y alianzas, ¿estamos realmente eligiendo algo?
En la comunidad en la que vivo hay una mujer cuyo novio presuntamente estafó 300.000 euros a Hacienda haciendo negocios en plena pandemia, y cuyo hermano se llevó otro tanto importando mascarillas desde China. No hablo de mi comunidad de vecinos, ya sabéis, ese tipo de cosas nunca le pasan a tu vecina, sino a esos que salen en la tele diciendo que son nuestros representantes, paradójicamente. Cuando muchos vemos a Mazón, a Miguel Ángel Rodríguez o a Ayuso, siempre pensamos lo mismo, ¿de dónde ha salido esta gente?, ¿cómo han llegado ahí? Si el objetivo de la democracia es sentirnos representados por los que nos gobiernan, algo estamos haciendo mal, porque no se parecen en nada a nosotros.
Algunos dicen que nuestros representantes no se parecen en nada a nosotros porque el poder corrompe, pero hay algo aún más profundo que suele pasar desapercibido, y es que para llegar arriba hace falta pasar por un filtro que selecciona a un tipo de personalidad muy concreta, y que deja fuera a todos los demás, algo que no solo ocurre en la derecha, sino en todo el rango político. Fui consciente de este proceso de expulsión natural recientemente, en el partido que mejor representa mis ideas, Más Madrid. Hace unos años me afilié y empecé a ir a las reuniones mensuales, porque quería ver cómo podía aportar mi granito de arena. Por desgracia, la hora a la que se hacían las reuniones coincidía con el horario de dormir de mis hijos, así que de forma natural la propia dinámica del grupo me expulsó, sin que nadie se diera cuenta ni lo hiciera adrede. Además de los horarios, el no conocer a la gente y ver que ellos sí tenían ya buenos lazos, me hizo sentir fuera de lugar desde el principio. Al final dejé de ir, y con el tiempo se hizo cada vez más extraño volver. Fue así como entendí que en los partidos se tienden a crear unas dinámicas que expulsan la heterogeneidad que hay en la calle, generando un tipo de personalidad y pensamiento muy homogéneo, casi sin darse cuenta.
Con el tiempo he ido aprendiendo que este era solo el primero de muchos filtros que los partidos aplican sin darse cuenta a los miembros que los componen. Una vez has logrado adentrarte en la dinámica del grupo, viene el segundo filtro, mucho más agresivo; conseguir llegar arriba. Y no siempre es el más empático, ni el más sensato el que llega arriba, sino el que mejor aguanta el barro. El que no se rompe ante las críticas continuas y los ataques personales. El que teje alianzas y acumula favores. Para eso no solo hace falta tener mucho tiempo y energía, también hay que ser ambicioso y competitivo. Esas no deberían ser las cualidades principales de , pero es así. De forma natural y sin que nadie lo haya montado así, los partidos se han convertido en máquinas de selección de un tipo humano muy concreto, que tiene muy poco que ver con la mayoría de la gente.