Por unos presupuestos para una España comprometida con el mundo
SOURCE:El Pais|BY:Javier Ruiz Gaitán
El país destina el 0,25% de su Renta Nacional Bruta a la Ayuda Oficial al Desarrollo, mientras que la media europea ronda el 0,5%
Mientras se elaboran y negocian unos difíciles presupuestos generales del Estado para 2026, España tiene ante sí una decisión que trasciende la contabilidad pública y la confrontación partidista. No se trata solo de repartir partidas, sino de expresar con hechos cuál es nuestra responsabilidad y nuestro papel en el mundo. Como cada año, los presupuestos nos dicen no solo qué país somos, sino también cómo queremos ser. Hoy esa respuesta solo puede pasar por el compromiso con la paz, los derechos humanos, la ayuda humanitaria y la cooperación internacional.
Desde la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo pedimos que los próximos presupuestos hagan realidad los compromisos que España ha asumido, tanto en su Ley de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global, en su postura de cara a la IV Conferencia Internacional de Financiación para el Desarrollo reflejada en el reciente Plan Sevilla, como en otros acuerdos europeos e internacionales. Sin duda, no partimos de cero: durante los últimos años, los grupos parlamentarios, el Gobierno y los principales actores sociales han impulsado de forma dialogada reformas importantes en el sistema de cooperación. Pero esa voluntad debe ahora traducirse en cifras y volcarse en un porcentaje concreto: dedicar al menos en 2026 el 0,4% de la Renta Nacional Bruta para Ayuda Oficial al Desarrollo, un paso intermedio para avanzar en el compromiso del 0,7% en 2030 incluido en nuestra Ley de Cooperación y reiterado en Sevilla a nivel estatal y global. Las intenciones expresadas en leyes, discursos y acuerdos se agradecen, pero .
El 2030 se acerca y el objetivo histórico del 0,7 % —con el que el propio ejecutivo y los principales partidos políticos se han comprometido— se volverá inalcanzable si no empezamos desde el próximo presupuesto a dar pasos hacia esa meta
El esfuerzo en cooperación no puede seguir siendo una promesa que se aplaza. España destina hoy el 0,25% de su Renta Nacional Bruta a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), mientras que lamedia europea ronda el 0,5%. El 2030 se acerca y el objetivo histórico del 0,7% —con el que el propio Ejecutivo y los principales partidos políticos se han comprometido— se volverá inalcanzable si no empezamos desde el próximo presupuesto a dar pasos hacia esa meta. Ese 0,4% que proponemos ahora debe ser el inicio de una curva ascendente de cara a llegar a esa meta.
Los retos globales que tenemos ya enfrente —la emergencia climática, las crisis humanitarias, las desigualdades, los desplazamientos forzosos— exigen respuestas sostenidas y coordinadas. Cada euro destinado a la cooperación contribuye a prevenir conflictos, fortalecer instituciones, reducir desigualdades, salvar vidas. No es gasto: es inversión en un futuro común. Muchos de los problemas globales que padecemos y la dimensión alcanzada son consecuencia de años de incumplimientos.
De hecho, un reciente informe publicado por CONCORD, la red europea de ONG de desarrollo, señala con claridad la deriva preocupante de la cooperación europea. Muchos Estados miembros están recortando fondos en cooperación, priorizando, en cambio, intereses económicos, gastos militares y medidas encaminadas a buscar una (falsa) seguridad. A esta tendencia el documento lo llama “miopía”, y con razón: es la ceguera de mirar solo hacia dentro mientras el mundo se desmorona fuera.
Frente a una visión de la cooperación como elemento prescindible y como mera herramienta geoestratégica cortoplacista, España tiene la oportunidad de marcar la diferencia y el rumbo dentro de la UE, demostrando que la cooperación no es una moneda de cambio ni una concesión caritativa, sino un pilar de su acción exterior y de su compromiso con los derechos humanos, la paz entre países y un mundo inclusivo, justo y sostenible.
Para ello, es necesario que los próximos presupuestos consoliden el proceso iniciado en los últimos años, dotando de recursos suficientes a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y a todo el sistema público de cooperación, fortaleciendo las capacidades técnicas y humanas, y garantizando que cada euro invertido tenga un impacto real, verificable, transformador y duradero.
Muchos Estados miembros están recortando fondos en cooperación, priorizando en cambio intereses económicos, gastos militares y medidas encaminadas a buscar una (falsa) seguridad
El contexto internacional no ayuda: ahora mismo hay 59 conflictos abiertos en todo el mundo. Nos enfrentamos simultáneamente a las guerras en Ucrania y Sudán, las atrocidades perpetradas en Gaza, las crisis alimentarias en el Sahel junto a la llegada al poder de líderes reaccionarios que tratan de restringir el espacio cívico en sus países. Pero precisamente cuando se dispara la violencia, las desigualdades globales se agravan, los ecosistemas colapsan y millones de personas pierden sus medios de vida; recortar la ayuda —como están decidiendo muchos gobiernos— es una decisión tan injusta como peligrosa para uno mismo.
Por eso insistimos en que los presupuestos generales del Estado deben reflejar, con hechos, la responsabilidad que España quiere ejercer en el mundo. Un país que aspire a ser respetado y creíble en el escenario internacional no puede mantener una política de cooperación con un presupuesto insuficiente. Si de verdad creemos en una España comprometida con la justicia global, la paz y los derechos humanos, los números —ese primer 0,4% como primer paso para el repetido e histórico 0,7%— deben confirmarlo.
No pedimos imposibles. Pedimos coherencia, y que los presupuestos sean el reflejo de los compromisos de país con los derechos humanos, asumidos en espacios multilaterales como Naciones Unidas, y reiterados en discursos, acuerdos y normativas ya aprobadas. Si queremos un país que esté a la altura de los desafíos actuales, este es el momento de decidirlo. Porque el futuro —el nuestro y el de quienes más lo necesitan— se escribe también en las páginas del próximo presupuesto.