Qué esperar del oro y la plata en 2026 tras un año de máximos históricos
SOURCE:El Pais|BY:Caio Mattos
La mayoría de los analistas son optimistas con estos metales preciosos, aunque anticipan unas subidas más moderadas
El oro y la plata nunca habían brillado tanto como ahora, tras haber superado sus máximos históricos al cierre de 2025. El metal amarillo ha llegado a cotizar por encima de 4.500 dólares (unos 3.825 euros al cambio) y la plata, a unos 80 dólares (68 euros). En una racha cada vez más acelerada desde 2023, el oro generó el año pasado una rentabilidad del 70%, su mayor subida en casi medio siglo y un rendimiento muy por encima del logrado por las Bolsas en EE UU y Europa. La plata, que no se había enloquecido tanto desde los años ochenta, fue aún más lejos: se ha disparado un 150% en 2025. Y los expertos consideran que la tendencia alcista de los dos metales continuará en 2026, aunque a un ritmo mucho más moderado.
En el caso del oro, JP Morgan, uno de los bancos de inversión más optimistas con su evolución, anticipa una subida gradual del precio medio de la onza hasta superar los 5.000 dólares en el último trimestre, o una revalorización cercana al 10% en el conjunto del año. “Mantenemos una elevada convicción de que la demanda de oro en 2026 contará previsiblemente con suficiente potencia como para seguir empujando los precios”, defienden los estrategas de la entidad estadounidense.
En la misma línea, Société Générale ve el precio medio del metal amarillo en los 5.000 dólares al final del ejercicio, mientras Goldman Sachs y Morgan Stanley lo sitúan en los 4.800 dólares.
Los más positivos argumentan que el precio del oro va a seguir al alza por las compras de los bancos centrales, que están diversificando sus reservas en un movimiento generalizado con el que buscan una menor dependencia de los activos en dólares. La guerra de Ucrania fue un punto de inflexión: la congelación de las reservas rusas en dólares en el extranjero puso en guardia a muchos bancos centrales y aceleró la búsqueda de otro tipo de activos, como el oro, que pudieran estar más seguros en caso de sanciones y crisis geopolíticas. Además, frente al del oro, el dólar se ha depreciado en 2025 casi el 14% contra el euro, reflejo en gran medida de la desconfianza hacia el billete verde.
El metal dorado también se alimenta de los temores de los inversores, reivindicando su papel como activo refugio. En ese sentido, 2026 arranca con la inquietud sobre una burbuja de la IA, un repunte de la inflación y el crecimiento de la deuda pública. Ante un horizonte de más bajadas de tipos en EE UU —los futuros apuntan que al menos habrá dos recortes en el año en que Jerome Powell dejará la presidencia del banco central más influyente del mundo—, los rendimientos de los bonos soberanos no apuntan tampoco a ser competencia para el metal precioso como destino de inversión.
“Todos estos factores beneficiarán al oro. Prevemos que sus precios alcanzarán nuevos máximos históricos en 2026”, afirman los estrategas de ING. La demanda ha alcanzado niveles sin precedentes: los bancos centrales están adquiriendo el metal precioso a un ritmo que supera entre 1,5 y 2 veces el promedio de la última década. Por su parte, los inversores particulares se han sumado a este furor a través de los fondos cotizados (ETF) y, por primera vez desde 2022, las compras por medio de esos vehículos de inversión superan incluso a las de las propias entidades monetarias.
Sin embargo, no todos ven al oro tan reluciente. Entre los más pesimistas, Citi rebajó a principios de diciembre su recomendación a mantener o vender y estima que el metal amarillo caerá hasta los 3.700 dólares la onza al final del año, lo que supondría una pérdida de hasta el 20%. “Nuestro escenario base contempla un descenso gradual a lo largo del año, con una moderación de los temores ligados a los aranceles en torno al crecimiento y la inflación”, afirmaron los analistas del banco en la revisión de su precio para el metal. Su escenario de un entorno económico más favorable que desinfle el rally del oro se ve respaldado por los últimos datos de la economía estadounidense, conocidos hace menos de un mes, que apuntan a una aceleración de la actividad económica y a una ralentización de los precios.
La plata, punto y aparte
Las mismas causas que explican la evolución del oro ayudan a entender la de la plata, aunque el futuro del metal blanco resulta más difícil de anticipar. “Con el oro manteniendo su avance, prevemos que la plata también suba, incluso aunque empiecen a aparecer grietas en la demanda industrial”, afirman los estrategas de JP Morgan, con una expectativa de un avance gradual del 15% a lo largo del año. Morgan Stanley y BNP Paribas son otras de las entidades que ven un recorrido por encima del 10% para la plata.
Más de la mitad de la oferta de la plata se destina a la industria, donde destaca por su elevada conductividad eléctrica. Así, el precio del metal se ha visto beneficiado por el alza en la producción de paneles solares y baterías para coches eléctricos en plena transición energética (la demanda industrial ha superado la producción minera en los últimos cuatro años). También han disparado la demanda los compromisos de construcción de centros de datos, la infraestructura clave en la carrera por el desarrollo de la IA.
Como hay poca plata disponible en el mercado, su precio es más volátil y, por tanto, menos atractivo como activo refugio. Además, carece de la demanda estructural de los bancos centrales, que actúa como ancla de precios del oro. En este sentido, Bank of America anticipa una subida del 20% durante los tres primeros trimestres y un descenso de casi un 10% en los últimos tres meses del año.
“Queda por ver si la plata podrá mantener todas sus ganancias dado el impulso reciente, que en nuestra opinión indica un sobrecalentamiento”, alertan los analistas de Commerzbank. El banco alemán prevé que el metal blanco apenas avance un 3% a lo largo del año. Citi aparece de nuevo entre los más pesimistas y adelanta una pérdida de valor del 5%. La economía no es una ciencia tan exacta como la química.
Opciones de inversión
No hace falta comprar un lingote para beneficiarse de la bonanza del oro y de la plata. Hay diversas maneras de exponerse a esos metales sin poner ni un solo pie fuera de casa. Entre los vehículos de inversión más prácticos están los ETF. Son cestas de acciones y otros activos que replican la evolución de un índice, una industria o un bien, en este caso los metales, y puede comprarse en Bolsa como cualquier título. La participación en algunos de los ETF más populares vinculados al oro se puede comprar por menos de 90 dólares (75 euros), unas 50 veces más barato que la onza de ese metal.
Los ETF vinculados al oro más rentables en 2025 generaron unos retornos de casi el 60%, según la plataforma Just ETF. Los de la plata, del 75%. La revalorización de esos fondos nunca será igual a la de la onza, porque, entre otros factores, descuentan las comisiones de gestión y los costes operativos, como el almacenamiento del metal o el contrato de seguros. Hay que pagar para no tener que guardar los bienes debajo del colchón.
Otra manera de apostar por la fiebre de los metales es a través de las compañías mineras. La mayor del mundo, Newmont, duplicó su valor bursátil en 2025, mientras la empresa de extracción de oro a cielo abierto más grande del mundo, Barrick Mining, casi triplicó el suyo. Otra gigante del sector, Fresnillo, avanzó más de cinco veces. En la Bolsa de Hong Kong, la minera china Zijin Gold captó 3.200 millones de dólares (2.720 millones de euros) a finales de septiembre, en el mayor debut bursátil del mundo aquel trimestre. Al igual que con los metales físicos, tampoco hace falta comprar acciones directamente, los ETF más rentables en 2025 rindieron por encima del 100%. El ETF Vaneck Gold Miners, una de las principales referencias en los fondos cotizados de oro y que replica a mineras de todo el mundo, se revalorizó en 2025 más del 150%.
Después de años en los que sus cotizaciones iban a la zaga del oro, las mineras se beneficiaron en 2025 no solamente por la racha alcista de la onza sino también por la mejora de sus balances. “El inusual desempeño superior refleja una orientación disciplinada, operaciones estables y fusiones y adquisiciones prudentes que elevaron el flujo de caja y la confianza”, afirman los estrategas de Bloomberg Intelligence en sus perspectivas para el sector minero en 2026.
Los analistas de la firma esperan que las mineras sigan en alza en el primer semestre del año, aunque el reto surgiría a partir de la segunda mitad con la perspectiva de aumento en los gastos operativos. “Con la debilidad del dólar, una inflación persistente y la incertidumbre en materia de política económica, igualar en 2026 el comportamiento superior registrado en 2025 podría resultar complicado”. Es decir, un futuro quizás no tan brillante y cegador —con ganancias de hasta tres dígitos—, aunque no necesariamente a la baja.