Seis vinos blancos frizzantes, la opción más económica y festiva para el roscón
Tienen un toque ligeramente dulce, lo que lo convierte en una bebida para todos los públicos y estilos de consumo
Los vinos frizzantes, a medio camino entre el vino tranquilo y el espumoso natural, son una opción económica, fresca y festiva para acompañar el tradicional roscón de reyes. Su perfil afrutado y su toque ligeramente dulce complementan a la perfección los sabores del roscón (frutas escarchadas, almendra y masa brioche), mientras que su baja graduación alcohólica y ligera y sutil efervescencia los hacen accesibles para todo el mundo.
Aunque los vinos con carbónico natural tienen varios siglos de historia, su popularidad actual se debe, en gran medida, a la influencia de los vinos italianos como los moscatos y spumanti. Plinio el Viejo, en su obra Naturalis Historia, ya mencionaba la existencia de vinos burbujeantes y refrescantes, especialmente blancos, que gozaban de gran aceptación entre las clases populares por su carácter festivo y su capacidad para aliviar el calor. Durante siglos, muchos vinos jóvenes se embotellaban antes de que la fermentación alcohólica hubiera concluido por completo. El frío invernal detenía la actividad de las levaduras y, con la llegada de la primavera, estas se reactivaban dentro de la botella, generando una ligera presión natural y suaves burbujas.
Este fenómeno dio lugar a estilos tradicionales, conocidos como vin pétillant en Francia, perlwein o spritzig en Alemania, y vinos de aguja en España. En el siglo pasado, el desarrollo de la enología y los avances tecnológicos en la elaboración permitieron un control más preciso de la fermentación, relegando estos vinos a un papel secundario frente al auge de los grandes espumosos elaborados por el método tradicional. Felizmente, nuestros tradicionales vinos de aguja, primero al socaire de la expansión internacional del popularísimo y económico lambrusco, convertido en los años 80 en un fenómeno global, y más recientemente gracias a la influencia de estilos italianos modernos y prestigiosos como el Prosecco frizzante o el Moscato d’Asti, han sabido reinventarse y mejorar notablemente su calidad.
En los últimos años, este tipo de vino, ligero, fresco, chispeante y tenuemente dulzón, ha ganado no solo en calidad, sino también en diversidad y presencia en el mercado, alejándose de la imagen de vinos simples para convertirse en una opción bien elaborada y atractiva. La mayoría son rosados y blancos, elaborados con variedades como albariño, verdejo, moscatel o tempranillo, en distintas zonas vitivinícolas y mediante métodos diversos. Muchos de ellos, además, se inscriben en las tendencias ecologistas y veganas, resaltando su carácter natural y la ventaja salutífera de su baja graduación alcohólica, que oscila entre los 5 y 10%. Otro aliciente es que no requieren gruesas botellas debido a la baja presión interna (entre 1 y 2,5 bares a 20 °C, frente a los más de 3 bares exigidos para un cava), ni el clásico corcho de hongo con bozal de alambre. Su cierre más habitual es el tapón de rosca o corcho cilíndrico estándar.





